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José Luis Pantoja Vallejo

Personas y Personalidades

Nuevas aportaciones sobre el Loperano Fray Francisco de la Cruz a cargo del Profesor Francisco de Torres de la Universidad de Chile

Nuevas aportaciones sobre el Loperano Fray Francisco de la Cruz a cargo del Profesor Francisco de Torres de la Universidad de Chile

Profesor  de Lenguaje y Comunicación. Francisco de Torres. Universidad de Chile

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

El origen de los indígenas americanos en la Declaración de Apocalipsi de Fray Francisco de La Cruz 

Por Francisco de Torres B.

Introducción

La tarea evangelizadora que los conquistadores españoles emprendieron en América de mano de las órdenes mendicantes durante el s. XV y XVI, trajo consigo la problematización en torno al valor de las costumbres, las estructuras socio-políticas y, sobre todo, al origen y estatuto social del indígena americano. La formulación y debate sobre estas preguntas no respondería solo a la cotidiana necesidad de entender a ese Otro desconocido, sino que además determinaría la forma en que la conversión del infiel se llevaría a cabo y la manera en que la corona española justificaría o no prácticas como la encomienda y la esclavitud de los indígenas. En este marco, los primeros evangelizadores llegados a México, el clero secular y la corona debatirían sobre la “calidad humana” o la “capacidad racional” de los indígenas, como cualidades que determinarían la posibilidad y necesidad de instalar la fe cristiana en el Nuevo Mundo. El presente texto, pretende revisar parte del aparataje crítico que aborda el debate teológico-étnico y social en torno al origen del indígena americano, su legitimación como humano racional y la forma en que este proceso determinaría las estrategias de evangelización y la guerra justa, implementadas por los conquistadores y las órdenes religiosas en América. Específicamente, analizaremos la influencia que la orden dominica ejerció en la formulación de una política de evangelización y una economía del indio en el Perú del s. XVI. En ese contexto, nos remitiremos a uno de los textos más controversiales dentro de la producción peruana colonial, la Declaración de Apocalipsi de fray Francisco de La Cruz, para quien los indígenas eran los descendientes directos de la tribu perdida de Israel. Declaración, ente muchas otras, que le valió ser condenado a la hoguera el 13 de abril de 1578 por la Inquisición en la Plaza Mayor de Lima, tras casi siete años de presidio, acusado de “haber sido y ser hereje pertinaz, heresiarca, dogmatizador y enseñador de nueva secta y errores[1] además de traidor y sedicioso, fautor de conjuras y alzamientos contra la Patria, el Rey y la Iglesia”, “loco furioso y mamaco, delirante Papa-Anticristo y Rey-Emperador de sacro-imperios demoníacos[2]. Para la revisión del texto lacruciano, Declaración de Apocalipsi, nos remitiremos a tres fuentes primordiales: inicialmente, a las Tradiciones de Ricardo Palma, en donde se menciona por primera vez, aunque muy sucintamente, el proceso de acusación y condena al fraile dominico. Luego, a una muy extensa recopilación documental que José Toribio Medina realiza de los procesos inquisitoriales de la Lima virreinal en su Historia del Tribunal de la Inquisición de Lima (1569-1820), donde podemos encontrar gran parte del auto y el proceso acusatorio que recae sobre De La Cruz. Finalmente, Álvaro Huerga, en su Historia de los Alumbrados en Hispanoamérica, nos permitirá acceder directamente a las declaraciones del propio De la Cruz, gracias a la profusa recopilación de folios y documentos inquisitoriales peruanos que entrega y que constituye la fuente más directa con que contamos de la Declaración del Apocalipsi. A partir de estas fuentes, podremos revisar la concepción que De la Cruz tenía de los indígenas del Perú, sus ideas respecto a la fundación de una nueva Iglesia Católica y la relación que la propuesta del fraile loperano establece con las ideas lascasianas respecto al valor y estatus del indígena y la forma en que debía ser evangelizado. Pretendemos, finalmente, demostrar que la propuesta lacruciana responde, en parte, a principios lascasianos respecto a la concepción humanizada y racional del indio americano, pero que entran en conflicto respecto a la implementación de una política de evangelización pacifista desmilitarizada.

 El debate en torno al origen del Indígena Americano

Si bien no pretendemos realizar una revisión exhaustiva de las diferentes fuentes en las que el origen del indio americano es discutido, creemos necesario reconstruir un panorama general de las problemáticas que este tema generó entre los evangelizadores, el clero secular y la corona española durante el s. XVI. La concepción que del indígena de la Nueva España y del Perú virreinal elaboraron los conquistadores y evangelizadores nos permitirá aproximarnos a un complejo proceso de discusión fenomenológica, étnica y religiosa que durante la conquista y la colonia en América generó posturas encontradas, fundamentalmente por la relevancia que la determinación del estatus humano/racional del indio representaba para las estructuras sociales y la economía española del período. En este sentido, revisaremos las teorías que postulan el origen hebreo de los indios americanos, y cómo esta sirvió de argumento tanto para aquellos que estaban a favor de una evangelización violenta encabezada por los conquistadores, como para quienes defendían la postura contraria de evangelización pacífica a través de la prédica, del mismo modo que nos permitirá entender cómo la encomienda y la guerra justa fue justificada por unos y rechazada por otros. Sin duda, las Sagradas Escrituras fueron la principal fuente de autoridad para establecer un vínculo entre el Nuevo Mundo y su posible origen hebreo. Como revisaremos a continuación, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento parecían entregar pruebas de una ascendencia judía de los pueblos precolombinos. Para Huddliston, “the theory that Indians of America descended from the Hebrews, or more particulary the Ten Lost Tribes of Israel, apparently originated in published from with Joannes Fredericus Lumnius’ De Extremo Dei Iudicio et Indorum vocatione issued at Antwerp in 1567”[3]. Para este autor, “as early as 1511 Pedro Martir de Anglería (1944:29) left open the possibility of a Jewish origin for the natives when  he reported the story that Columbus had identified Española as Ophir. Presumably, if Española were Ophir, Solomon’s sailors might have Leith venid the progenitor of the Indians. […] Anglería later noted (1944:308-309) in the parto of his Décadas printed in 1530, that the Indians of Yucatán practiced circumcision, but he did not postulate a Judaic origin”[4]. Recordemos que Ofir, ciudad bíblica de donde provenían las riquezas del rey Salomón, referida numerosas veces en las Escrituras[5], fue relacionada frecuentemente con el Perú virreinal. Pero al respecto, Joseph de Acosta descarta toda posibilidad de que Ofir sea geográficamente Perú, indicando que se trata de una metáfora Bíblica mal interpretada por los conquistadores e historiadores de su época. Acosta comenta que “Francisco Batablo, hombre en lengua hebrea aventajado, […] decía en los escolios sobre el capítulo nono del tercer libro de Los Reyes, escribe que la Isla Española que halló Cristóbal Colón era el Ofir, de donde Salomón traía cuatrocientos y veinte o cuatrocientos y cincuenta talentos de oro muy fino […] y no faltan autores doctos que afirmen ser Ofir este nuestro Pirú”[6], indicando que la relación lingüística que se esgrimía para vincular  ambas regiones es forzosa y artificial, y que “cuando no se traten de indicios ciertos sino conjeturas ligeras, no obligan a creerse más de lo que a cada uno le parece”[7]. Al mismo tiempo, Acosta niega la posibilidad del origen hebreo de los indígenas americanos, afirmando que muchos autores han acomodado un versículo del capítulo 13 del libro IV de Esdras, diciendo que los indios “fueron de Dios llevados a donde nunca habitó el género humano y que la tierra en que moran es tan apartada que tiene año y medio de camino para ir a ella, y que esta gente es naturalmente pacífica”[8]. El versículo al que Acosta se refiere, es el siguiente: “Son las nueve tribus que fueron llevadas cautivas de sus países en tiempos de Salmanasar (Salmënäsor), rey de Persia, quien las conducía prisioneras a su reino. Estos mismos concibieron el proyecto de abandonar la raza de su pueblo e ir a una tierra que no habitaba ningún hombre; A fin de guardar su ley, que no habían guardado en su país. Penetraron por el estrecho pasaje del Eufrates (Efratis). Entonces el Altísimo hizo un milagro para ellos; detuvo las fuentes del río hasta que hubieron pasado. Su país está a una distancia de un año y medio y su nombre es Azaf. Permanecieron allí hasta los últimos días”[9] La relación entre el pueblo judío y los indígenas americanos también fue desarrollada a partir de las palabras del profeta Oseas, que escribe: “Y dijo Dios: Ponle por nombre Lo-ammi, porque vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré vuestro Dios. Con todo, será el número de los hijos de Israel como la arena del mar, que no se puede medir ni contar. Y en el lugar en donde les fue dicho: Vosotros no sois pueblo mío, les será dicho: Sois hijos del Dios viviente. Y se congregarán los hijos de Judá y de Israel, y nombrarán un solo jefe, y subirán de la tierra”[10]. Esto se refuerza con varias posturas que relacionan algunas costumbres,  toponimias y lexemas propios del los indígenas de la Nueva España y del Perú con vocablos del hebreo. Por ejemplo, “yet in his Apologética historia Las Casas berated the “Doctor [Roldán]” who had postulated a Jewish origin on the basis of a few words and the practice of circumcision”[11]. Lo mismo afirma Gliozzi al indicar que “Il tentativo sembra risalire agli anni intorno al 1540, e si trova esposto in un manuscrito, firmato dal Doctor Roldàn, nel quale ci si propone di demostrare che «gli indios delle Indie, isole e terraferma del mare oceano, che dipendono attualmente della postestà della corona di questi regni di Castiglia, sono ebrei della gente delle dieci tribú di Israele»”[12] basándose en las coincidencias fonéticas entre algunas toponimias bíblicas y otras mexicanas. El mismo Francisco de la Cruz, además de decir que los indígenas peruanos eran “descendientes del pueblo de Israel, añade que le dixo Dios que tienen estos indios muchos vocablos de la lengua hebrea. Y preguntando este confesante a Dios de aquel vocablo que usaron los judíos cuando vieron el maná, que es, según está escrito en la Biblia, man hu? o man haw?, respondió Dios que el vocablo fue propiamente pronunciado este manachú?, sin interrogación admirativa”[13].  Por otra parte parte, Durán, absolutamente convencido de esta teoría indogenética, y reforzando la profecía de Betanzos, dice que “á la demasiada ocasión que esta gente nos da con su bajísimo modo y manera de tratar, y de su conversación tan baja, tan propia á la de los judíos, que podríamos ultimadamente afirmar ser naturalmente judíos y gente hebrea, y creo no incurriría en capital error el que lo afirmase, si considerado su modo de vivir, sus ceremonias, sus ritos y supersticiones, sus agüeros y hipocresías, tan emparentadas y propias de las de los judíos, que en ninguna cosa difieren” (Durán, 1867: p. 1). Durán cita numerosas fuente bíblicas para confirmar “el castigo rigurosísimo que Dios prometió a estos diez tribus por sus grandes maldades, y abominaciones y nefandas idolatrías, apartándose del culto de su verdadero Dios, de quien tantos beneficios auían recibido: por pago de tal ingratitud les promete Dios, en los lugares acotados, un azote y castigo rigurosísimo qual le vemos cumplido en estas miserables gentes”[14]. Del mismo modo, el libro Chronographia (1567) del cosmógrafo francés Gilbert Genebrard, fue sido utilizado frecuentemente para referirse al origen hebreo de los indios americanos, que cita numerosas veces las escrituras para justificar dicha teoría. Entre sus fuentes destacamos la siguiente, pues servirá de fundamento principal para muchos otros autores que apoyan esta teoría de indogénesis hebraica: “Porque los hijos de Israel pecaron contra Jehová su Dios, que los sacó de tierra de Egipto, de bajo la mano de Faraón rey de Egipto, y temieron a dioses ajenos, y anduvieron en los estatutos de las naciones que Jehová había lanzado de delante de los hijos de Israel, y en los estatutos que hicieron los reyes de Israel. Y los hijos de Israel hicieron secretamente cosas no rectas contra Jehová su Dios, edificándose lugares altos en todas sus ciudades, desde las torres de las atalayas hasta las ciudades fortificadas, y levantaron estatuas e imágenes de Asera en todo collado alto, y debajo de todo árbol frondoso, y quemaron allí incienso en todos los lugares altos, a la manera de la naciones que Jehová había traspuesto de delante de ellos, e hicieron cosas muy malas para provocar a ira a Jehová. Y servían a los ídolos, de los cuales Jehová les había dicho: Vosotros no habéis de hacer esto. Jehová amonestó entonces a Israel y a Judá por medio de todos los profetas y de todos los videntes, diciendo: Volveos de vuestros malos caminos, y guardad mis mandamientos y mis ordenanzas, conforme a todas las leyes que yo prescribí a vuestros padres, y que os he enviado por medio de mis siervos los profetas.”[15] Ante este panorama, nos preguntamos por cuáles son las razones para defender o rechazar el origen hebreo de los indígenas americanos. Sin pretender reducir el complejo entramado social que se comenzaba a gestar en América, creemos que esto se debía tanto a razones religiosas como a intereses puramente económicos. Más allá de la validez de su origen hebreo y descendencia de las Tribus de Israel, la calidad humana del indio americano determinaría el provenir de los encomenderos y establecería una nueva forma de relacionarse entre la corona española y los pueblos conquistados. Es decir, ponía en tela de juicio los procesos de evangelización y conquista que hasta entonces los españoles habían llevado a cabo, especialmente en Nueva España y en Perú. De allí que muchos evangelizadores acomodaran estas teorías para justificar la esclavitud y servidumbre de los indios, así como también sirvió a otros para reclamar la libertad natural del indígena, su racionalidad y su capacidad de ser evangelizado por la palabra. En este asunto, toma especial relevancia el caso del padre Betanzos, que con sus profecías apocalípticas auguraba el exterminio de los pueblos prehispánicos, afirmando que debido a sus costumbres idólatras y conductas pecaminosas, serían castigados por Dios. Si bien los especialistas aún no han podido llegar a un consenso respecto al carácter antiindiano de Betanzos, es claro que su propuesta distaba mucho de la revalidación indiana propuesta por Las Casas. Según Assadourian, “nunca, en cualquier documento escrito por Betanzos desde por lo menos 1526 hasta su muerte en 1549, se encontrará la menor relación entre los fundamentos de su “profecía” y aquellos otros con que Las Casas denunciaba la destrucción demográfica de las Indias”[16]. Para Betanzos, la justicia Divina exterminaría a los indígenas por sus propios pecados, mientras que, para Las Casas, como se verá detalladamente más adelante, el exterminio de los indígenas sería llevado a cabo por la propia evangelización de los conquistadores, el sometimiento a la esclavitud y a la servidumbre forzosa. Sobre este tema, el Dominico anónimo indica que “la despoblación total india constituye mayor pena y mayor castigo para los propios españoles en tanto les faltarán todas las “temporales conveniencias”” (Assadourian, 1988: p. 490), aludiendo con ello a la pérdida de las encomiendas y con ello, a la desintegración de la fuerza productiva que sustentaba hasta entonces la conquista. Sin embargo, nos resulta difícil creer, como afirma Assadourian, que “los españoles de la conquista, aunque con harta frecuencia usaban adjetivos malsonantes para calificar a los indios, nunca pusieron en entredicho la naturaleza humana de ellos, sino solo el grado en que lo eran plenamente al cuestionar su capacidad racional”, puesto que era justamente la ausencia de esa cualidad la que justificaba la implementación de las encomiendas y por tanto, el argumento principal a defender en el contexto de este sistema económico. Para ilustrar este punto, Durán Padilla nos relata una escena en la que Betanzos, frente al pontífice, saca unas “imágenes de pluma muy bien labradas” que “admiraban por su composición, pues una a una habían sido asentadas todas aquellas pequeñitas plumas, dejando después una obra tan maravillosa y bien compuesta. Lo que más maravilló al pontífice y a los Cardenales fue una mitra de pluma maravillosamente obrada, que había sido de un sacerdote de los ídolos, y otra hecha de pedrería, de turquesas y esmeraldas. Sacaron también algunos instrumentos con que los idólatras sacrificaban hombres al demonio, y en particular unas navajas de dos filos muy resplandecientes y vistosas, y mucho más agudas y punzantes con extraña sutileza”[17], demostrando fehacientemente con esto que los indígenas sí contaban con prácticas idólatras y que por tanto merecían el castigo divino de ser exterminados. La única forma de evitarlo, era a través de una evangelización violenta, que sometiera a los indígenas a la “tutela” de los españoles y que, a través de las encomiendas, regulara la productividad para la corona. Vemos entonces que, por un lado, los dominicos en México que seguían a Betanzos abogaban por una evangelización que sometiera por la fuerza a los indígenas a la fe cristiana y los sacara de la idolatría que cargaban desde su pasado judío, sin lo cual, serían castigados ejemplarmente por Dios. Por otro lado, vemos al dominico Las Casas alegando por la necesidad de evangelizar pacíficamente a los indígenas, cuyo origen bíblico confirmaba su calidad humana, y aún más, los reconocía como pueble elegido por Dios para continuar la tarea evangelizadora. Así, comenzaban a generarse disputas sobre el modo de evangelizar y sobre las libertades que les correspondían a los indígenas.  Sobre este aspecto, nos llama la atención la carta que el Obispo Garcés le envía a Paulo III, acusando a los cristianos, “cuya codicia es tanta que por poder hartar su sed quieren porfiar que las criaturas racionales hechas a imagen de Dios son bestias y jumentos, no a otro fin de que los que las tienen a cargo, no tengan cuidado de librarlas de su codicia sino que se las dejen usar a su servicio conforme a su antojo”[18]. Con esto, reafirma la postula lascasiana que pretendía otorgar libertad a los indígenas y evangelizarlos pacíficamente por medio de la prédica.  Sin embargo, esta postura no sería desatendida por la corona ni por el papado, pues nos encontramos, por ejemplo, con el Nombramiento de la Segunda Audiencia (1530) para la Nueva España, que vino a rectificar los daños que los primeros conquistadores habían cometido contra los indígenas. Esta prohibía la esclavitud, la servidumbre y la venta de sus hijos. Sin embargo, como afirma Fernández Rodríguez, “algunos comenzaron a advertir que ante esta nueva legislación algunos núcleos indígenas se envalentonaron, rebelándose en contra de la presencia española”[19], lo que se tradujo en un posterior permiso para esclavizar a esos indígenas insurrectos[20], pero manteniendo vigente el mandato de 1530. Ante la posibilidad de esclavizar nuevamente a los indígenas, adquirieron gran valor las Ordenanzas, como la que publica el Virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza, en la que llama a tratar bien a los indios[21]. También nos encontramos con la Sublimis Deus, bula papal que condena la esclavitud, prohíbe la servidumbre y obliga a los conquistadores a entregar a los indígenas los que les es propio. Sin embargo, la bula Sublimis Deus no pretende definir la racionalidad del indígena, sino que, suponiendo que dicha racionalidad le es propia en tanto los indios sí son hombres, declara que los indígenas tienen derecho a su libertad, a disponer de sus posesiones y, a la vez, a abrazar la fe, que debe serles predicada con métodos pacíficos, evitando todo tipo de crueldad. La Sublimis Dei determina que “dichos Indios, y todas las gentes que en el futuro llegasen al conocimiento de los cristianos, aunque vivan fuera de la fe cristiana, pueden usar, poseer y gozar libre y lícitamente de su libertad y del dominio de sus propiedades, que no deben ser reducidos a servidumbre”[22]. Esta breve síntesis de las teorías indogenéticas hebraicas permitirá establecer ciertas diferencias que dentro de la orden dominica se venían desarrollando desde inicios del s. XVI, y que van a ser la base sobre la cual fray Francisco de la Cruz elaborará su particular Declaración del Apocalipsi, en la que los indígenas jugarán un rol primordial, como veremos a continuación.

 El origen indígena en la Declaración de Apocalipsi

 Bien sabido es que las ideas de De la Cruz fueron juzgadas y catalogadas como herejías más por su trasfondo político-social que por su relevancia teológica. Si bien es cierto que el fraile dominico “habla como profeta y como intérprete alumbrado de Dios”[23], su condena se refiere a la profunda restructuración de la iglesia católica y la jerarquización antisecular y anticlerical que en sus declaraciones propone. La tesis fundamental de su doctrina entiende que “Roma está perdida y que de aquí adelante quiere Dios que así como Roma ha sido cabeza de la Iglesia católica hasta agora, así de aquí adelante lo sea Lima”[24] y “que Dios quiere que el dicho fray Francisco realmente y como suenan las palabras sea rey en este tierra y que sea arzobispo de Lima y Papa”[25]. Esta inusual propuesta es la que consta como acusación dentro de los más de 1800 folios que componen su juicio, pero en ninguna parte parece cuestionarse mínimanente la vinculación que De la Cruz establece entre la Tribu perdida de Israel y los indígenas peruanos. Curioso beneficio u omisión que podría explicarse por la extensa tradición de la teoría indogenética que glosamos más arriba, pero que además constituye un dato relevante para comprender la relación que la Inquisición establecía con los discursos mesiánicos y el valor que le asignaba a las concepciones milenaristas encarnadas en América. Las ideas centrales de fray Francisco, que lo llevaron a su encarcelamiento y posterior condena, se pueden sintetizar de la siguiente manera: dixo que la sustancia de todas sus revelaciones que tenia dicho en todo su proceso eran tres: la primera, que la Iglesia había de volver al pueblo de Israel; la segunda, que el pueblo de Israel eran las Indias; la tercera, que esta vuelta de la Iglesia había de ser con destrucción de la iglesia de los gentiles. Y una cuarta accidental o adicional: que esta mudanza de la Iglesia había de ser en estos años presentes en vida de los que agora vivimos Y aun una quinta: que el dicho Fr. Francisco había de ser la primera cabeza desta nueva Iglesia de Israel[26]  agregando que las revelaciones que recibe del ángel Gabriel por medio de la criolla María Pizarro le muestran que “un ángel o ángeles derramaron ciertas brasas de fuego sobre la tierra y la abrasaron hasta las raíces: lo cual significa la entera destrucción que Dios ha de hacer agora en el Europa”[27], y que “el río que salía de la silla del cordero, que dice San Juan, significa la doctrina clara y provechosa que saldrá de esta ciudad [de Lima], que será la silla del Sumo Pontífice para toda la cristiandad”[28], doctrina en la que está permitido “que se casen los clérigos de aquí adelante”[29] y “que le ha dicho Dios que se casen con muchas mujeres aunque sean clérigos”[30]. De este modo, se torna enormemente relevante reconocer el valor que la obra de Fray Francisco de La Cruz le otorga a la reformulación de los principios reguladores de la sociedad Limeña de fines del s. XVI a través de la elaboración de un discurso con matices utópicos y, en algunos aspectos, también apocalípticos que manifiestan una nueva forma de entender la representación y participación del indígena en las estructuras de poder y organización social en el contexto del Virreinato del Perú hacia fines del s. XVI. Para ello, se deberán observar las interpretaciones bíblicas a las que acude De la Cruz en su Declaración del Apocalipsi y que se oponen, de un modo inusualmente transgresor[31], a los parámetros de la agresiva evangelización que venían llevando a cabo desde el s. XV en América. El principal problema que se enfrenta al interiorizarse en la obra de De la Cruz, surge al reconocer la contraposición que establece entre la dominación de la Iglesia Católica europea frente a la posibilidad del surgimiento de una nueva iglesia católica americana, cuyas características particulares (jerarquías, formas de evangelización, reconocimiento del indio, etc.) difieren profundamente y que parecen responder más a una tarea fundacional que a una simple labor reformista[32]. Es importante indicar que los propósitos de De la Cruz no pasan por la eliminación de los dogmas cristianos, sino más bien por el retorno a un cristianismo primitivo que la iglesia católica europea habría perdido. En este sentido, el espacio virreinal peruano se presenta como el lugar en que las profecías escatológicas bíblicas se llevarían a cabo, y por lo tanto como pretexto ideal para la refundación del cristianismo. En este espacio parecen darse las condiciones necesarias para la revitalización de una nueva iglesia católica, más allá de lo delirante que se nos muestren las propuestas de Fray Francisco de la Cruz. La degeneración en la que, según fray Francisco, había caído la iglesia americana, se debía, ante todo, a la aplicación de principios anacrónicos e idolátricos que debían erradicarse de los conquistadores (¡no de los indios!) y ser reemplazados por una nueva iglesia americana. Los indígenas, que habían sido corrompidos por predicadores y misioneros inescrupulosos, se presentaban para el dominico como los verdaderos descendientes de la Tribu perdida de Israel, y por tanto herederos en la conducción de la Iglesia. Esto permitía a De la Cruz proponer no solo un nuevo régimen religioso, sino que además una curiosa concepción milenarista de restauración de la iglesia primitiva, en la que el indígena jugaría un rol fundamental. Sin embargo, como afirma Gareis, “en la Declaración de Apocalipsi se aúna la más clara relajación de costumbres y algo de magia blanca con un profetismo casi delirante. Curioso milenarismo americano que sublima las ambiciones del profeta y las aspiraciones más o menos confesables de los criollos, integrando en ellas la creencia de que los indios son herederos de las tribus perdidas de Israel, pero caídos en un estado infantil y necesitados de la tutela de los españoles.”[33]. Vemos así que Francisco de la Cruz no cuestiona tanto los principios dogmáticos que la iglesia había impuesto en América, sino que arremete contra lo que para él se había convertido en la profanación de esos mismos principios. Fray Francisco acusa a “los clérigos que están en las doctrinas, que con sus malos ejemplos enseñan a los indios a idolatrar, provocándolos a contrataciones y avaricias y haciendo compañías con los caciques y provocándolos a otros vicios que los indios no sabían”[34]. Lo que, en último caso, propone fray Francisco es sobre todo una restructuración social a partir de la refundación de una iglesia católica primitiva representada por los indígenas, y es justamente eso frente a lo cual la Inquisición se ve obligada a intervenir para imponer nuevamente el “orden”. Lo que pone en tensión el aspecto milenarista de De La Cruz es la rigidez de la estructura social promulgada por la Inquisición, que terminaría justamente en la posibilidad de la instauración de un nuevo orden, fundacional en el virreinato peruano. Para Manrique, “la propuesta de Francisco de la Cruz parecía sintetizar las dos fuentes de insubordinación que amenazaban la estabilidad política del momento: españoles rebeldes frente al poder central de la corona”[35], siendo posible de este modo reconocer uno de los principios articuladores de todo discurso escatológico cristiano, según el cual “después de evangelizar a todo el mundo llegaría el fin”[36], y en el que “hay una promesa de compensar a quienes fueron perseguidos y castigar a los que estuvieron encumbrados: una inversión [que] crea tensión con los códigos de dominio de la Iglesia y de la Monarquía al querer hacer transitar sus jurisdicciones desde el centro hacia la periferia y al instalarse ideológicamente en los márgenes o allende los márgenes de dichas codificaciones, desestabilizando el sistema colonial hegemonizado en ambos poderes”[37]. En este sentido, coincidimos con el diagnóstico entregado por Vivanco-Roca, al afirmar que “los códigos de conducta moral y social impuestos monológicamente por el sistema colonial oficial no encuentran respuesta en el transcurrir cotidiano de la Lima virreinal, […] Francisco de la Cruz lo detecta, lo denuncia y quiere modificar la Ley para ajustarla a la realidad y a la lógica de la cultura popular. Busca legalizar el estado de la cuestión, por lo que en su discurso todas las categorías se invierten: lo herético se sublima, lo místico se encarna, lo demoníaco de diviniza, lo popular se oficializa, las jerarquías se truecan, los pecados se dogmatizan, la religiosidad popular se vuelve discurso erudito y la voz del pueblo, mandato divino”[38] en la que Fray Francisco de la Cruz “desempeña la función de crítico y denunciador de la praxis política y religiosa de su propio tiempo, conformándose en este sentido en un opositor ideológico de las prácticas dominantes y, por lo tanto, en un elemento subversivo dentro del contexto sociopolítico oficial en el que su Apocalipsis es narrado”[39]. Retomando la teoría hebraica del origen indiano, nos parece interesante la propuesta de De la Cruz en la que establece un vínculo directo no solo entre los indígenas y las tribus perdidas de Israel, sino que además “declara que la dicha doña Leonor (aunque por agora se rían de esto los que lo leyeren) ha de ser reina de Israel y mujer de este confesante, y es figura del pueblo de Israel, que ha sido adúltero contra Dios, siendo como han sido hasta agora todas las Indias de idólatras: y casarse ha místicamente nuestro señor Jesucristo con el pueblo de Israel, y serále esposa y mujer leal de aquí adelante, después que haya rescebido la fee. Y este confesante dice Dios que ha de ser el sustituto de nuestro señor Jesucristo y casarse con el mismo pueblo de Israel místicamente, siendo rey de Israel y Sumo Pontífice también”[40]. Para De la Cruz la propuesta  de una nueva iglesia se justificaba porque “Dios quería destruir la iglesia de Europa y fundarla en el pueblo de Israel, que eran las Indias, y reprendería los vicios de los cristianos muy abiertamente, de lo cual se seguirían grandes diferencias entre los hombres mayores y menores, y que unos recibirían como cosas de Dios lo que el dicho su hijo [Gabrielico] dijese, y los otros lo pretenderían deshacer”[41], lo que remitía al plano de la eclesiología  en que “el transplante de la Iglesia a Indias constituye una plataforma, reforzada por la fusión, por la identidad israelita de los indios, por las edénicas estructuras”[42]

 De La Cruz y el debate (anti)lascasiano

Un dato interesante nos permitirá abrir este apartado: según consta en las actas del proceso inquisitorial contra De La Cruz, Joseph de Acosta fue uno de los encargados de revisar sus declaraciones, descalificándolas por “heréticas luteranas, otras por cismáticas, otras por sospechosas, malsonantes, escandalosas, impías y blasfemas”[43]. Como hemos visto, Acosta era uno de los que rechazaba la teoría de un origen judío de los indios americanos, incluso antes de que De la Cruz presentara ante el Tribunal su Declaración del Apocalipsi, por lo que es muy probable que la declaración de fray Francisco haya encontrado en Acosta su primer obstáculo, no religioso, sino político. Decimos esto porque la forma en que De la Cruz involucra al indígena en la nueva iglesia americana, es lo suficientemente transgresora como para producir algún escozor incluso en quienes no eran sus adversarios ideológicos. Por ejemplo, dentro de las 14 proposiciones que sintetizan el pensamiento reformista de De La Cruz, la novena indica que “los indios y negros en esta tierra no están obligados a creer el misterio de la Encarnación, y que basta que crean en Dios y que es remunerador”[44]. Del mismo modo, declara que “a toda la comunidad quita la obligación de la confesión sacramental, que las leyes eclesiásticas y censuras y penas se quite, a los hombres de honra que puedan vengar sus injurias y puedan salir en desafío, a los vecinos de la perpetuidad de los indios, a los soldados y los conquistadores, que las conquistas que han hecho en el Perú son lícitas”[45]. Esto resultaba más que suficiente para llevar al dominico a la hoguera, si consideramos que la Inquisición castigó a criollos por mucho menos[46]. Ante estas ideas, sin embargo, han surgido voces de especialistas que consideran que De La Cruz utilizará a los indígenas para sus propios propósitos, anunciándolos como hijos de Israel, insertos en una realidad que se pretendía reconstruir como la organización social precolombina más pura y menos corrupta que la europea[47]. Y si bien es cierto que las revelaciones que recibe fray Francisco directamente de Dios implicarían reformas “populares” en el contexto indígena limeño del s. XVI[48], la verdad es que responden además, como se ha dicho, a una antojadiza manipulación de las Escrituras para instalarse personalmente en el centro del poder eclesiástico. Del mismo modo, Vivanco afirma que “el apocalipsis aguza la imaginación creadora de los habitantes del Perú para concebir salidas alternativas a la ’realidad’. Esto se hace ostensible en la fluidez con la que el imaginario transita desde la historia hacia la ficción y viceversa”[49], lo que de algún modo le otorga validez y respaldo a los argumentos de De la Cruz, o al menos lo tornan menos ininteligibles para los indígenas, sintiéndose con ello aludidos y partícipes del proceso de construcción de la identidad limeña. Ahora, si bien fray Francisco reconoce la dignidad del indígena en este nuevo orden, evidentemente sigue manifestando una postura antilascasiana en la que el indígena debe ser guiado, tutelado, y convertido al cristianismo mediante la conquista no pacífica. Tomando en cuenta lo anterior, Bataillon realiza un contraste entre “la lascasiana perspectiva apocalíptica del paso de la Iglesia a las Indias (con la correspondiente dignificación de los indios, nuevo pueblo de Israel), y la antilascasiana justificación de las conquistas”[50] presente en las declaraciones de Francisco de la Cruz. A lo que se refiere es al convencimiento de la justificada destrucción de la Iglesia europea para dar paso a la nueva iglesia cristiana indiana. En la misma línea, De la Cruz afirma que se equivocaban los dominicos lascasianos que se oponían a la evangelización mediante la conquista, pues consideraba a los indígenas como unos hombres simples a quienes había que “tratar como niños, facilitarles el tránsito de la idolatría a la religión”[51]. Es decir, representaban el cristianismo primitivo que Dios había puesto en América para construir con ellos una nueva iglesia indiana, pero cuya conversión debía realizarse militarmente, opuesto abiertamente al «no conquistarás» lascasiano. Como reseña Medina - y posteriormente Bataillon -, para el padre Acosta, un testigo presencial de la muerte de fray Francisco, las propuestas de la Declaración de Apocalipsi eran “un caso de megalomanía en que la audiencia del profeta , confiado de su interpretación de la Biblia, se levanta a la sinceridad del mártir […] Los inquisidores no le juzgaron tampoco por demente […], consideraron este asunto como preñado de graves peligros para el Perú, por estar implicados con él religiosos de prestigio que parecían repartirse puestos estratégicos en el virreinato”[52]. Pero más allá de la “locura” de fray Francisco, o de que quisiera justificar con sus declaraciones proféticas “las inmoralidades de los criollos y sus propias debilidades”[53], lo cierto es que su propuesta instala en el Perú virreinal una nueva mirada sobre las estructuras teocráticas que pretende reformar a la iglesia desde un reconocimiento del indígena nunca antes visto hasta ese momento. A estas alturas, entonces, las propuestas de De la Cruz estaban adquiriendo ribetes políticos: “¿acaso no hablaba de «alzarse con la tierra», ayudado por los llamados soldados? ¿Acaso no quería repartirla entre sus principales secuaces? ¿Acaso no estaban situados realmente sus mejores amigos en puntos estratégicos, como eran Quito, Lima, El Cuzco y La Plata, en la provincia de Charcas?”[54]. Una reacción inmediata por parte de la Iglesia era absolutamente predecible, salvo para De la Cruz, que presentaba su mensaje como revelado y, por lo tanto, verdad indiscutible.  Es así como Francisco de La Cruz pasó de ser un prisionero por sortilegio a un condenado por heresiarca, lo que se debió menos a sus deslices carnales y sortilegios ‘demoníacos’ que al carácter reformista de la iglesia y la libre interpretación de las Sagradas Escrituras que en sus declaraciones propone y defiende hasta la muerte[55]. Su juicio no se centró ni en las prácticas exorcistas, ni en sus pecados carnales, ni en herejías milenaristas, sino en la intención de reestructurar las jerarquías eclesiásticas europeas, donde los antiguos vicios no tendrían cabida y llevando así “la idea de la translatio imperiia su máxima expresión”[56]. Las ideas de De la Cruz se asocian fundamentalmente a una perspectiva social que parece estar presente en parte de los discursos utópicos americanos producidos en el s. XVI, en las que “el indígena fue idealizado al punto de considerarlo como “«buen salvaje», con más virtudes que los españoles o, al menos, mejor dispuesto y más abierto a la vida cristiana”[57]. Lo que hacía la Declaración de Apocalipsi radicalmente distinta a las otras utopías americanas era la constatación de que “el horizonte de la Europa cristiana estaba dominado por la demanda de cambio y por la difusa insatisfacción con el gobierno de la Iglesia, al que se pedía desde hacia tiempo un volver a la “forma” primitiva, apostólica”[58]. Del mismo modo, De la Cruz acude a principios reguladores eclesiásticos medievales para justificar sus declaraciones y profecías, instalando “la distinción entre ecclesia specialis y ecclesia generalis: a la primera pertenecen los elegidos, aquellos que han sido elegidos por Dios para difundir la verdad; a la ecclesia generalis pertenecen todos los otros. La distinción corresponde a la de los “elegidos” y los “réprobos” y así se resuelve el problema de la predestinación, doctrina que repugnaba a Postel. Los elegidos son como el corazón y el cerebro que recogen toda la vida y toda la inteligencia para transmitirla a los otros miembros, mientras estos deben solo recibir sin trasmitir (y reciben, evidentemente, una parte menor). Sin embargo, esto no quita que todos tienen la capacidad de acceder a la gracia divina”[59], lo cual se asocia, nuevamente, a la concepción «infantilizada» que De la Cruz tenía de los pueblos indígenas y de sus capacidades para recibir el Evangelio. En este punto nos preguntamos por la real «criollización» - en palabras de Bataillon – de fray Francisco de la Cruz y su propuesta. De esto de penderá el carácter fundacional de su utopía y el nivel de occidentalización de la reforma de la Iglesia. Al respecto creemos, como explican Huerta y Saranyana, que lo que postula Fray francisco en su Declaración de Apocalipsi es más un discurso mesiánico y profético que puramente apocalíptico o milenarista, en la medida que no responde a las influencias del joaquinismo: no se cumple la tercera etapa que los seguidores de Joaquín de Fiore proponen, pues las que las jerarquías y la doctrina misma no son abolidas, sino reformadas. Sus formulaciones responden más bien a un discurso utópico criollo, en donde la Iglesia y sus estructuras de poder son reordenadas y en la que los indígenas tendrían un papel de relevancia. No se trata del fin de la iglesia, sino más bien una proyección de esta a partir su propio reino y papado.

 Conclusiones

 Después de esta revisión y problematización de la obra de fray Francisco de La Cruz, creemos que no es posible clasificar del todo su Declaración de Apocalipsis. No es del todo antilascasiano, contrario a lo afirmado por Bataillon, en lo que respecta a la consideración de los indígenas como humanos racionales, pues él va incluso más allá, afirmando ante el tribunal de la Inquisición limeña, que son los indígenas peruanos los que representan la iglesia primitiva, en tanto se encuentran libres de pecado. Incluso más, asegura que siendo los indígenas descendientes directos de las Tribus de Israel, les cabe rol de actores fundamentales en la reforma cristiana y refundación de una nueva iglesia en América. Esta concesión de humanidad y de pueblo elegido por Dios a los indígenas del Perú virreinal nos parece determinante, pues viene a desestabilizar el entramado político-económico que había venido sustentando el proceso de conquista y evangelización en América durante casi todo el s. XVI. Parece ser, por otro lado, que las ideas lacrucianas entran en conflicto respecto al proceso mismo de la evangelización, en donde la cristianización violenta bajo el alero de una concepción infantil y paternalista del indio se opone a la propuesta lascasiana de conquista pacífica, que reconoce no solo la humanidad, sino además la racionalidad del indio. De la Cruz no llega a esto. Su reforma pasa más bien por la constitución y recuperación de un grupo de feligreses que la Iglesia Católica Europea había dejado en abandono: los indígenas. Fray Francisco utiliza en su favor el discurso apocalíptico de Betanzos que hablaba del exterminio del indígena, y lo transforma, invirtiéndolo, en una exacerbación de la visión humanizada de Las Casas, sin llegar a alcanzar el nivel de reconocimiento que este le otorga a los indígenas, pero que resulta llamativo para el indio que desea integrarse a la sociedad española y adherir a la fe cristiana. No nos cabe duda de que las ideas milenaristas y proféticas que circulaban por Perú durante el s. XV y XVI, llegaron a oídos de De La Cruz luego de haber pasado por un largo proceso de discusión y reelaboración teológica. Por ello, tal vez, podemos observar que muchos de los aspectos que forman parte del de la profecía de Betanzos son reformulados por De La Cruz. Sin embargo, creemos que la influencia que Betanzos ejerció dentro de la orden dominica en el Perú no alcanzó a influenciar el pensamiento lacruciano más allá de una simple reelaboración formal. Por el contrario, vemos en el contenido de las propuestas de fray Francisco una postura claramente antibetanziana en lo que al reconocimiento del indígena se refiere, pero también antilascasiana respecto a la forma de evangelización que considera más adecuada para instalar la fe en el Perú del s. XVI.

Todos los derechos reservados. Francisco de Torres B. © Universidad de Chile, 2012

Bibliografía

 

 

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  • Fernández Rodríguez, Pedro: Los Dominicos en el contexto de la primera evangelización de México 15261550. Ed. San Estéban, Salamanca, 1994.  Cap. 3 – 5 (pp. 52 – 290)

 

  • Gliozzi, Giuliano: Adamo e il Nuovo Mondo. La Nuova Ilatia Editrice, Firenze, 1977.

 

  • Huddleston, Lee Eldridge: Origins of the American Indians: European Concepts, 1492-1729. Institute of Latin American Studies, University of Texas Press, Aunstin and London, 1967.

 

  • Huerga, Álvaro: Historia de los alumbrados. Vol. III: Los alumbrados de Hispanoamérica. Madrid: Fundación Universitaria Española. 1986.

 

  • Joseph de Acosta: Historia natural y moral de las Indias. Edición preparada por Edmundo O’Gorman. Fondo de Cultura Económica, México DF., 2006.

 

  • Medina, José Toribio: Proceso de Fray Francisco de la Cruz. Auto de fe del 13 de abril de 1578, en Historia del tribunal de la Inquisición de Lima (1569-1820). Santiago: Fondo Histórico y Bibliográfico J.T. Medina. 1956.

 

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  • Palma, Ricardo: Anales de la Inquisición de Lima. En Tradiciones Peruanas completas. Ed. Aguilar, Madrid, 1954. pp.  1202 – 1290.

 

  • Santa Biblia. (Versión Reyna Valera. 1960). Versión digitalizada por. Bibles.org.uk

 

  • Sempat Assadourian, Carlos: Hacia la Sublimis Deus: las discordias entres los dominicos indianos y el enfrentamiento del franciscano padre Tastera con el padre  Betanzos. En Historia mexicana, Vol. 47, No. 3 (Jan. – mar., 1998). Pp. 465 – 536.

 

  • Vivanco Roca-Rey, Lucero de: "Un profeta criollo: Francisco de la Cruz y la Declaración del Apocalipsi". Persona y Sociedad. Vol. XX, Nº 2 (agosto 2006), pp. 25-40.

 

  • Zaballa Beascoechea, Ana: “La Declaración del Apocalipsi (Lima 1575) de Francisco de la Cruz”. En Josep Ignasi Saranyana y Ana Zaballa Beascoechea. Joaquín de Fiore y América. Pamplona: Eunate, 77-98. 1995.

 


[1]              Cfr. PALMA: Tradiciones, Palma 1982, IV: pp. 301-302.

[2]              Cfr. ABRIL CASTELLÓ, 1988: pp.

[3]              Huddliston; 1967: p. 34.

[4]              Huddliston; 1967: p. 33.

[5]              Cfr. 1Reyes 9:28; 1Reyes 10:11;  1Reyes 22:48; 1Crónicas 29:4; 2 Crónicas 8:18; Job 22:24; Job 28:16; Salmos 45:9; Isaías 13:12.

[6]              Acosta; 2006: p.45.

[7]              Acosta; 2006: p.45.

[8]              Acosta; 2006: p. 68.

[9]              IV Esdras, XIII, 40 – 46. p. 39

[10]             Oseas 1, 9-11.

[11]             Huddliston, 1967: p. 34.

[12]             Gliozzi, 1977: p. 50.

[13]             Huerga, 1986: p. 382.

[14]             Durán, 1867, p. 3.

[15]            II Reyes, XVII ; 7 – 13. p. 586.

[16]            Assadourian, 1998; p. 488.

[17]            Dávila Padilla, 1625; p. 59 – 60.

[18]             Julián Garcés OP, Carta Latina dirigida a Paulo III (1537?), citada por Assadourian, 1998, p. 474 – 475.

[19]             Fernández, 1994: p. 187.

[20]             Carta de la Emperatriz desde Medina del Campo a los Oidores Novohispanos, firmada el 20 de marzo de 1532. Cfr. Fernández, 1994: p. 188.

[21]             Cfr. Fernández, 1994: p. 192.

[22]             Hanke, 1988; p. 112.

[23]             Huerga, 1986: p. 416.

[24]             Huerga, 1986: p. 418.

[25]            Huerga 1986:417.

[26]            Huerga, 1986: p. 148.

[27]             Huerga 1986: p. 378.

[28]             Huerga, 1986: p. 427.

[29]             Huerga, 1986: p. 419.

[30]             Huerga, 1986: p. 428.

[31]            Cabe recordar que “uno de los delitos que la Inquisición colocaba casi en la categoría de los más atroces, era el de hacer correcciones a la traducción de la Biblia” (Palma, 1954: p. 1260) y que aparentemente fray Francisco de La Cruz la “interpretaba con mucha sutileza” (Palma, 1954: p. 1213)

[32]            Puntualizamos acá que “la restitutio significaba, en este contexto, algo idéntico a la reformatio el retorno a la pureza original de la doctrina y de la paz entre los cristianos” (Prosperi, 2003: p. 205).

 

[33]             Gareis, 2004: p. 270.

[34]             Huerga, 1986:375.

[35]             Cfr. Manrique, 1993. pp. 34.

[36]             Saranyana, 1999: p. 625.

[37]            VIVANCO, 2006: pp. 33 – 34.

[38]             Ibíd. p. 34 - 35

[39]             Ibíd. p. 34 - 35

[40]             Huerga 1986: p. 366.

[41]            Huerga, 1986: p. 464.

[42]             Huerga, 1986: p. 295.

[43]             Medina, 1956: p. 60.

[44]             Medina, 1956: p. 59.

[45]             Medina, 1956: p. 60.

[46]            Según indica Medina, “por proposiciones fueron procesados: Isabel de Porras, que se afirmaba en que los indios que habían muerto antes de la llegada de los españoles, se iban al cielo” (Medina, 1956: p. 184), obligados a pagar altas multas en beneficio de la Corona.

[47]            Para De la Torre, “el carácter inocenteque algunos misioneros vieron en los indígenas americanos abonaba las esperanzas en la construcción de una Nueva Cristiandad, una Nueva Jerusalén, limpia de los pecados y corrupción que habían envilecido al Viejo Mundo” (De la Torre: p. 804), lo cual puede parecer contradictorio con que fray Francisco pidiera “que se sometiera a los indígenas peruanos al tribunal de la Inquisición de Lima (Carta de 25 de enero de 1566, Lima; AGI, Lima 313)” (Gareis: p. 265). Sin embargo, esto adquiere coherencia desde el modelo evangelizador antilascasiano al que De la Cruz adhiere.

[48]             Para Vivanco, “en la Lima de finales del siglo XVI e inicios del XVII […] la gente común (la mocita, el fraile, la vecina, el confesor, la casamentera) se sitúa frente al apocalipsis con credulidad ante su vigencia y su inmanencia” de modo que las ideas de De la Cruz responden, en gran medida a ese imaginario colectivo del que formaba parte. (De Vivanco, 2009: p.3)

[49]             VIVANCO, 2009: p. 5.

[50]             Bataillon, 1976: p. 359.

[51]             Ibíd. p. 361.

[52]             Ibíd. p. 356 – 357

[53]             Saranyana, 1999: p. 649.

[54]             Birckel: p. 5.

[55]            Recordemos que De La Cruz no se arrepiente nunca de sus declaraciones, aunque una simple retractación podría haberle salvado la vida. Palma indica que fray Francisco “En el auto sostuvo sus proposiciones, hasta que, aconsejado por muchos varones graves, dijo: «que pues tales personas eran de contrario parecer, bien podía él deponer el suyo». Pero esta tardía y tibia retractación no lo liberó de la hoguera.” (Palma: p. 1213). De este modo, y como postula Birckel, “es probable que de no mantenerse pertinaz, el fraile megalómano no hubiera terminado en la hoguera” (Birckel: p. 7)

[56]             De la Torre, 2006: p. 804

[57]             SARANYANA, 1999: p. 625

[58]             PROSPERI, p. 198

[59]             Ibíd. p. 204.

Rocio de Lopera, una gran artista que llevó por bandera a su Lopera querida por todos los escenarios de España donde actuó

Rocio de Lopera, una gran artista que llevó por bandera a su Lopera querida por todos los escenarios de España donde actuó

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Hoy dedicamos en cronistadelopera un pequeño homenaje a una de las artistas que con más salero y garbo han paseado el nombre de Lopera por los escenarios de España, se trata de nuestra querida Agueda Ruiz Luque (Lopera 18-12-1929), conocida en el mundo del flamenco como “Rocío de Lopera”, nombre con el que bautizada por el “maestro de los maestros” Pepe Marchena con el que se enrolo en los Circuitos Saavedra en 1962 con el espectáculo “Yo soy el cante”. Ya nos ocupamos de la biografía de Rocío de Lopera en mi libro “Antología de la Canción Española en Lopera”, en cuyas páginas también recogimos a otros tres artistas loperanos: Manuel Pastor Santiago “Manolo Lopera”, Benito Casado Bruna “El Cholo” y Cristóbal Bellido Rivilla “El Niño de Lopera”. Ahora recopilaremos la milonga flamenca que Rocío de Lopera dedicó a su Lopera del alma bajo el título de “Recuerdos a mi tierra” y un fandango a Lopera:

 

“Coplas de mi Andalucía,

coplas de mi Andalucía

voy luciendo postinera,

con infinita alegría (bis)

yo las llevo por bandera.

 

Fue mi cuna un pueblecito

al que yo quise de veras,

es saleroso y bonito (bis)

lleva por nombre Lopera.

 

¡Ay mi calle del Pilar!

lugar donde yo nací,

¡Ay mi Paseo de Colón!

¡mi Paseo de Colón,

cuanto me acuerdo de ti!

 

Con sus plazas y sus calles,

su castillo y sus bodegas,

con sus verdes olivares

y sus vinos de soleras,

a este pueblo tan bonito

siempre lo recordaré

¡ay mare, a ese pueblecito

que un día me vio nacer!.

 

Y al que yo con honda pena

esta copla le cante:

 

Fandango

 

Es mi orgullo y alegría

haber nacido en Lopera,

es mi orgullo y alegría,

 muy dentro del alma mía

por siempre hasta que me muera

te llevaré, ¡tierra mía!.

Paso en miniatura del “Abuelo” de Jaén obra del maestro artesano loperano Melero

Paso en miniatura del “Abuelo” de Jaén obra del maestro artesano loperano Melero

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Hoy en la antesala de la procesión del “Abuelo” de Jaén traemos a cronistadelopera una miniatura tallada en madera del paso que realizó hace casi 25 años el loperano Manuel Melero de Ntro. Padre Jesús Nazareno “El Abuelo” de Jaén, por encargo del loperano Juan Carlos Quero Vallejo y que regaló con su primer sueldo a su madre Ana José Vallejo Bellido. El paso, la imagen del Abuelo y del Cirineo ayudando a Jesús con la cruz están muy bien conseguidas. El paso se mantiene en el domicilio de la familia Quero Vallejo de Lopera. Los loperanos tenemos mañana a partir de las 8 de la mañana la  procesión de Ntr. Padre Jesús Nazareno y Ntr.a Sra. de los Dolores, con el punto culminante de la Semana Santa loperana con el encuentro de Madre e Hijo en la Plaza de San Roque.

“El Árbol de los deseos” una escultura metálica diseñada por Antonio Rueda Carmona en su taller de Lopera.

“El Árbol de los deseos” una escultura metálica diseñada por Antonio Rueda Carmona en su taller de Lopera.

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

La escultura “El Árbol de los deseos” esta realizada con metales nuevos y actuales como chapa lisa, tubos, virutas o rizos de hierro, transformadas en formas abstractas y con estilo moderno, con cortes de soplete, gases como oxígeno, propano y soldadura. La escultura está inspirada en el árbol de los deseos, con troncos, ramas, animales. Es la expresión de su autor realizada toda a mano. De fondo también ha realizado un diseño del pueblo de Lopera recogiendo sus edificios más emblemáticos como el castillo, la iglesia en chapa de hierro tratada al oxido. Antonio Rueda también realizó los castillos que hay a las entradas de Lopera que tienen un peso de 1.150 kilos cada uno. El autor está abierto a todo tipo de encargos de obras escultoricas.

La Cobaea, una planta de Ameríca Central (México) y del Sur bautizada con este nombre en honor del Jesuita y botánico loperano Bernabé Cobo Peralta (Lopera (Jaén), 1582 - Lima (Virreinato del Perú), 9 de octubre de 1657)

La Cobaea, una planta de Ameríca Central (México) y del Sur bautizada con este nombre en honor del Jesuita y botánico loperano Bernabé Cobo Peralta (Lopera (Jaén), 1582 - Lima (Virreinato del Perú), 9 de octubre de 1657)

Cobaea scandens

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Como reconocimiento a la gran obra “Historia del Nuevo Mundo”  que escribió y dejó como gran legado el jesuita y botánico loperano Bernabé Cobo Peralta (Lopera (Jaén) 1582 - Lima (Virreinato del Perú), 9 de octubre de 1657) y su gran contribución a la botánica del nuevo mundo,  el gran botánico español del siglo XVIII , Antonio José de Cavanilles y Palop, en honor a Bernabé Cobo Peralta le puso el nombre de Cobaea a un género de plantas de América Central (Mexico) y del Sur de la familia polemoniaceae (jazmines). Tal vez la más conocida y más bella sea la Cobaea scandens, de preciosa corola violácea, que arriba adjuntamos foto.

Juan Joaquín Moreno. Teniente General y Comendador de Lopera en 1797

Juan Joaquín Moreno. Teniente General  y Comendador de Lopera en 1797

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

El Marino español Juan Joaquín Moreno (1735-1812)  llegó a ser Teniente General en 1794 y por su participación en la Batalla del Cabo Verde de San Vicente el 14 de febrero de 1797 a bordo del navio Princesa de Asturias recibió de Carlos IV la Encomienda de Lopera en la Orden de Calatrava. Fue nombrado jefe de la escuadra de El Ferrol (1799), fue derrotado por los británicos en San Vicente (1801) y defendió Cádiz durante la Batalla de Trafalgar. En 1808 pasó a ser Consejero de Guerra y Marina.

Aspectos biográficos de la loperana Elisa Alcalá Marín (1874-1962)

Aspectos biográficos de la loperana Elisa Alcalá Marín (1874-1962)

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Elisa Alcalá Marín (Lopera 24-4-1874-Lopera 9-8-1962). Mujer de grandes dotes de sensibilidad que llegó a desarrollar a lo largo de su dilatada vida ejerciendo como telegrafista, título que obtuvo por oposición en el año 1915. Fue la primera mujer concejal en el ayuntamiento de Lopera durante los años 1926-1929 por el partido Unión Patriótica. Mantuvo una gran amistad con el sacerdote de Arjona D. Basilio Martínez Ramos, con el que se carteaba en verso. Del periodo que D. Basilio estuvo de Capellán de las Hermanas de la Cruz de Lopera en el año 1928, escribió con una gran pluma un verso a un suceso que le aconteció al que fuera sacerdote de Lopera D. Manuel Casado Vallejo, cuando estaba diciendo misa en la Ermita de Jesús y que a continuación reproducimos:

 

MISA SIN CAMPANILLA

Sucedió, hace ya años

en Lopera, cierto día

en la iglesia de Jesús

estando diciendo misa

un cura de la parroquia;

y de mónago servía

un chaval de siete años;

tan listo como una avispa,

sobrino del sacristán

que “el Nonico” le decían.

El caso fue que aquel día

fue mandado por el cura

para que tocara a misa

y le fuera preparado

todo lo que el sabía

muy bien, que era preciso:

El misal, la campanilla,

las vinagreras, el agua

y las velas encendidas.

Cuando llegó el señor cura,

le recibió muy atento

el travieso monaguillo,

se le acercó zalamero

diciéndole: don Manuel

todo a punto ya lo tengo

y puede empezar la Misa.

Vístase mientras enciendo

las velas, y yo enseguida

le ayudaré en un momento.

Comenzó la Santa Misa

y el mónago muy atento

fue contestando con gracia

y también, con gran esfuerzo,

mudó el misal, y después

fue ofreciendo muy atento

las vinagreras, el vino

y el lavabo con acierto.

Pero después el notó

que el cura estaba leyendo

el Prefacio y se dio cuenta

que en aquel fatal momento

no veía la campanilla,

no se encontraba allí dentro.

¡Donde estará Dios mío¡

por aquí yo no la veo.

y el Cura seguía el Prefacio,

el chico temía el momento

de que llegara al final;

Y por aquel desconcierto

no sabía lo que hacer.

El Cura iba ya diciendo

al fin: Sanctus, Sanctus, Sanctus…

y el azarado muñeco

sin tocar la campanilla.

 El Cura dice muy serio

y apremiante ¡toca niño¡

y el mónago tan sereno

se volvió hacia los fieles

con desparpajo y sin miedo

¡tilín!, ¡tilín!, ¡tilín¡ canta

con mucha gracia y salero

¡Madre mía la que se armó!

Los fieles con gran estruendo

con tremendas carcajadas

celebraban tan contentos

la gracia del monaguillo.

Y hasta el Cura, largo tiempo

hubo de estar –me decía-

esperando el gran momento

de poder continuar

la Misa con gran silencio.

Como dije, no es historia

fingida, ni sólo cuento

sino historia verdadera

¿Verdad, que parece cuento

o invento de un andaluz

por su gracia y gran sabor?

 

         Tras la Guerra Civil, dejó su impronta reflejada en varios artículos publicados en los programas de Feria de los Cristos, siendo la primera mujer que escribió en este espacio. A partir de los años 40 y hasta casi su muerte fue la directora del Cuadro Artístico de Lopera, representando varias obras de teatro como “Manda tu madre a Sevilla” “La del manojo de rosas”, “El Centenario”, “El Genio alegre”, no sólo en Lopera sino también en otros puntos de  las provincias de Jaén y Córdoba. También destacó esta loperana de profundas raíces religiosas, en el mundo culinario y dejó para la historia un libreto de su puño y letra donde aparecen recogidas algunas recetas de repostería de la cocina tradicional loperana. En definitiva una mujer de su tiempo que su adaptarse a todo tipo de cuestiones políticas, sociales y culturales.  

La etiqueta de Anis Cañero fabricado en Lopera por Aurelio Palomo Peláez en 1924

La etiqueta de Anis Cañero fabricado en Lopera por Aurelio Palomo Peláez en 1924

Por José José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Hace unos años publicamos aqui en cronistadelopera el día 3 de abril de 2007 el trabajo "Apuntes par la historia de Anis Cañero" . Hoy casi 5 años después hemos podido recuperar la etiqueta de este anis que fundó el loperano Aurelio Palomo Peláez en el año 1924 y la damos a conocer a los amantes de la historia en el año que se cumple el 60 aniversario de la muerte del rejoneador Antonio Cañero Baena (1885-1952), el cual como ya sabemos participó en un Festival Taurino a beneficio del paro obrero que había en Lopera, que tuvo lugar en Lopera el 31 de agosto del año 1934, a una hora muy taurina, a las 5 de tarde. En este Festival Taurino que tuvo como coso improvisado la plaza del ayuntamiento, también salió con su caballo de lunares, el niño Benito Valenzuela, que iba junto a Antonio Cañero y de aquí le quedó el cariñoso apodo de “Cañerillo”. Curiosamente hemos podido saber que aquel caballo le fue requisado unos años más tarde por un tal Ignacio “El Tigre”, pues para poder alistarse y marcharse al frente con el bando republicano, el Capitán Molina que visitaba todos los pueblos decía que “si os queréis venir conmigo buscar un caballo”. 

Fallece a los 67 años en Valladolid el artista loperano Pedro Monje Lara

Fallece a los 67 años en Valladolid el artista loperano Pedro Monje Lara

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Luto en el mundo de las Artes plásticas por una pérdida irreparable. Hoy día 4 de febrero nos hemos levantado los loperanos conociendo la triste noticia del fallecimiento (y a nadie le gusta dar este tipo de noticias) en Valladolid a los 67 años  de nuestro querido y admirado Pedro Monje Lara, uno de los artistas más universales que ha dado el pueblo de Lopera al mundo de las artes plásticas. Se nos fue una persona de una calidad humana excelente, humilde y de gran sensibilidad. Nos dejó su impronta de pinturas, cerámicas y esculturas desparramadas por toda la geografía nacional en museos y colecciones particulares. A los loperanos en particular nos regaló para siempre una parte muy importante de su obra que siempre llevaremos con orgullo en nuestros corazones simbolizados con pinturas, cerámicas y con las esculturas en bronce del Cavaor (ver foto 1) y de los Emigrantes (ver foto 2) ; que son dos símbolos para la cultura loperana. Respecto a Pedro Monje y a su obra opinaba la Doctora en Historia del Arte de la Universidad de Valladolid Blanca García Vega lo siguiente: La temática centrada en el hombre y la variedad técnica de su obra, hacen de Pedro Monje un artista del humanismo. Su sensibilidad estética se expresa a través de esculturas, de pínturas, de cerámicas por la necesidad que siente de materializar sus emociones internas, sin las limitaciones de una sola especialización. En su trabajo integra esta actividad plástica en un contenido coherente, que sea el lugar común para las sensaciones y los sentimientos de su espíritu. Con su obra plástica no inventa un mundo fantástico sino que, simplemente revive sus recuerdos con los medios de los que dispone: sus años de infancia y los episodios o vivencias que ilustran su vida. No fabrica una magia artificial, acepta solamente algunos hechos cotidianos en estado puro, reducidos a la sensación que se conserva en él y sabe encontrar formas inéditas para expresar sus emociones. "Lo esencial es invisible para los ojos’’ por ello. Por lo mismo Pedro Monje nos propone, un mundo entre lo real y lo maravilloso. Descanse en paz y nuestro más sincero pésame a su familia. Sus cenizas volverán a su Lopera para ser esparcidas por sus queridos campos de olivares.

Comensales que asistieron a la despedida del Secretario de Lopera José Vicente Castillo Cantos el 2 de Diciembre de 1959 tras ser trasladado a Villanueva de la Fuente (Ciudad Real)

Comensales que asistieron a la despedida del Secretario de Lopera José Vicente Castillo Cantos el 2 de Diciembre de 1959 tras ser trasladado a Villanueva de la Fuente (Ciudad Real)

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Hoy publicamos en cronistadelopera una foto para la historia de los funcionarios que había en Lopera en el año 1959, la misma nos ha sido facilitada por las Hermanas Melero Coca. El día 2 de diciembre se celebraba en el Casino “Caza y Pesca” de Lopera propiedad de Aurelio Palomo Peláez una comida de despedida del Secretario del Ayuntamiento de Lopera José Vicente Castillo Cantos al ser trasladado a la secretaría de Villanueva de la Fuente y a la despedida asistieron los siguientes loperanos: De izquierda a derecha de arriba abajo: Rafael Santiago Navarro, Manuel Navarrete Rojas (Notario), Aurelio Palomo Peláez (Dueño de Caza y Pesca), Antonio de Torres Velasco, Antonio Rodríguez Latorre (Alcalde), Antonio Palomo  Morales,  Pablo Ruiz Haro, José Vicente Castillo Cantos (Secretario homenajeado),  Antonio Mérida Palomo (Practicante),  Vicente Llorens Herrero,  Vicente Rey González (Médico),  Manuel Ruiz Haro, Benito Valenzuela Haro, Francisco Álvarez Román y Francisco Valenzuela Gracia.  Abajo: Antonio Melero Campos, Carlos Barberán Valcárcel,  Pedro Antelo Teruel,  Rafael Marín Marín y José Uceda Cerrillo.

El matrimonio Loperano Francisco Álvarez Román y Dolores Pérez Monje

El matrimonio Loperano Francisco Álvarez Román y Dolores Pérez Monje

Por José Luis Pantoja Vallejo- Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Hoy hemos recibido en cronistadelopera una foto del matrimonio loperano compuesto por Francisco Álvarez Román y  su mujer Dolores Pérez Monje que nos ha remitido su hija Conchi, a la cual le hacía mucha ilusión que la publicaramos en el blog. Decir que Francisco Álvarez Román trabajó muchos años en el Casino de Caza y Pesca de Aurelio Palomo Peláez. 

El Loperano Antonio Uceda Díaz, Número Uno de la Promoción de Radiotelegrafistas Sin Hilo del año 1919

El Loperano Antonio Uceda Díaz, Número Uno de la Promoción de Radiotelegrafistas Sin Hilo del año 1919

Antonio Uceda Díaz en la Estación de Radio de Tetuán en 1925

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

El loperano Antonio Uceda Díaz (1901-1941) fue el mayor de 8 hermanos de la familia loperana compuesta por Juan Uceda Merino (panadero) y Josefa Díaz Santiago.  Antonio fue una persona muy inquieta e inteligente, pronto sabía que la panadería de su padre no era su futuro y con apenas 18 años se marchó a Madrid para estudiar radiotelegrafista sin hilos y consiguió ser el número uno de su promoción en 1919. Más tarde hizo el servicio militar en Melilla y recibió los galones de sargento de trasmisiones. Posteriormente fue destinado a Sevilla donde montó la primera estación de radio y en Valencia donde también intervino en otro montaje. En 1925 pasó a Tetuán y Tánger montando sendas estaciones de radio. Sus meritos y trabajo fueron reconocidos por el Directorio de Primo de Rivera, el cual le otorgó la Medalla del Homenaje según el Real Decreto de 17 de mayo de 1925 y que le fue entregada el día 20 de agosto de 1925.   

El maestro jubilado Victoriano Ansino realiza un Parque Infantil en miniatura dedicado a sus tres nietas

El maestro jubilado Victoriano Ansino realiza un Parque Infantil en miniatura dedicado a sus tres nietas

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

El loperano Victoriano Ansino Fernández, maestro jubilado, ha visto cumplido su gran deseo de poder regalar a sus nietas Maria Luisa, Isabel y Macarena, una maqueta de un Parque Infantil “Mis Nietas” de 71 cm. por 45 cm.  con sus columpios, tobogán, sube y baja, arbolado, asientos,  todos realizados con materiales reciclables y de desecho (palillos de  bolillos, mallas de plástico, tubos de las pistolas de silicona para el tobogán, maderas, muñecas vestidas por su mujer María Eugenia Menor Vacas, motorcitos de radio cassette, poleas, etc.). Gracias a los tres motorcitos de radio cassette el parque tiene vida y sus atracciones tienen movilidad. Sus nietas están encantadas con este precioso regalo que con suma paciencia y con mucha ilusión tras un mes de trabajo ha visto cumplido su deseo este entrañable loperano.

Antonio García Gómez, 21 años como Observador en Lopera de la Agencia Estatal de Meteorología

Antonio García Gómez, 21 años como Observador en Lopera de la Agencia Estatal de Meteorología

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Toda la lluvia que cae en nuestro pueblo a lo largo del año esta controlada por un  observador o medidor oficial de la Agencia Estatal de Meteorología, se trata de Antonio García Gómez de 78 años, el cual viene realizando esta labor desde hace 21 años. En un principio el pluviómetro o recipiente medidor del agua lo tenía instalado en el Cortijo de Santo Tomás o también conocido como Verdejo, pero desde hace tres meses lo tiene instalado en una de la paredes del patio de su casa familiar en la calle Ramón y Cajal, 2 de Lopera. A nuestro observador local, le entregó el testigo de medir el agua su hermano Pedro García Gómez. Antonio mide el agua desde la 8 de la mañana hasta las 8 de la mañana de otro día (24 horas) en un pluviómetro cilíndrico de chapa galvanizada de 15,5 cm. de ancho por 46 cm. de alto que en su interior tiene un recipiente de plástico en cuyo interior recoge el agua que cae y después la vierte en una probeta graduada (de 0 mm. a 100 mm.) y así obtiene la cantidad exacta de agua que se ha recogido en ese día y después la pasa a unos partes que cada mes remite en unos sobres al Centro de Meteorología de Málaga. Esta labor es casi altruista y sólo recibe una pequeña gratificación por ello. En el año 2001 Antonio García Gómez recibió una medalla como Voluntario para el Tiempo y el Clima del Ministerio de Medio Ambiente con motivo del Día Meteorológico Mundial el 23 de marzo de 2001.  Gracias a la labor de Antonio García Gómez los loperanos sabemos con total fiabilidad el agua que cada día, mes y año cae en nuestro pueblo de Lopera y con los partes que remite a Málaga se pueden hacer las estadísticas y estudios que llegan hasta nosotros.

 

Aspectos biográficos del Comendador de Lopera D. Juan de Torrezal Díaz Pimienta en el año 1782

Aspectos biográficos del Comendador de Lopera  D. Juan de Torrezal Díaz Pimienta en el año 1782

D. Juan de Torrezal Díaz Pimienta,  Comendador de Lopera

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

D. Juan de Torrezal Díaz Pimienta, fue Comendador de Lopera, de la Orden de Calatrava y Teniente General de la Real Armada. Fue el que trajo la imprenta a Santa Fé y estableció fundaciones de hospitales y hospicios. Promovió campañas de pacificación contra los guajiros y cocinas y quiso llevar adelante la obra de apertura de caminos en la zona minera de Chocó y Antioquia. En 1778 realizó el segundo censo de población del virreinato, con 828.757 habitantes. Este mismo año, la Corona expidió el decreto de libre comercio entre España y América, y de las colonias entre sí. Dentro de la política de la Corona por aumentar sus entradas fiscales, se realizó un aumento excesivo de impuestos, que ascendían mucho más ante la necesidad de España para sostener su guerra contra Inglaterra.

Bartolomé José Gallardo, un liberal republicano, masón, bibliógrafo, anticlerical y escritor español que estuvo en Lopera en el año 1830

Bartolomé José Gallardo, un liberal republicano, masón, bibliógrafo, anticlerical y escritor español que estuvo en Lopera en el año 1830

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Nos llega desde “De Castro ero y bailar no sepo” la estancia en nuestra villa de Lopera de un personaje muy interesante en el año 1830, que tras caer de su caballería cuando transitaba por nuestro término pasó algunos meses convaleciente en Lopera. Del mismo vamos a dar a conocer parte de su biografía en cronistadelopera, nuestro personaje se llamaba  Bartolomé José Gallardo y Blanco (Campanario, Badajoz, †13 de agosto de 1776 - Alcoy, Alicante, 1852) liberal extremeño, fue anticlerical y masón. Sería condenado a muerte. Escritor, erudito y bibliógrafo, participó activamente en política, lo que le produjo encarcelamiento y destierros, sobre todo en la reacción absolutista. Fiel a sus orígenes, fue un liberal republicano y anticlerical hasta el fin de sus días, bibliófilo apasionado y aun bibliómano (se le acusó frecuentemente de ladrón de libros). Literariamente le atrajo el Romanticismo y cultivó un estilo algo amanerado a causa de su amor por los arcaísmos y las antigüedades castizas del lenguaje.  Se destacó como periodista satírico ya durante el periodo de las Cortes de Cádiz y compuso numerosos folletos (se han contado por lo menos unos noventa) para atacar a los políticos tradicionalistas o amantes de las componendas. Su mayor aportación a los estudios bibliográficos españoles es su Ensayo de una Biblioteca española de libros raros y curiosos, obra que se comenzó a publicar en 1863 con los materiales que Gallardo dejó a su muerte y que fueron ordenados por Sancho Rayón y Zarco del Valle. De este Ensayo aparecieron cuatro volúmenes, los dos últimos dirigidos por Marcelino Menéndez Pelayo. Bartolomé José Gallardo ejerció un poderoso influjo sobre la crítica literaria de su tiempo, especialmente sobre Manuel Durán y Cayetano Alberto de la Barrera; en este terreno valoró sobre todo la fundamentación histórica del conocimiento de la literatura. De manera póstuma apareció el Ensayo de una Biblioteca Española de libros raros y curiosos (1863-1889) en 4 volúmenes, catálogo de escritores españoles ilustrado con textos infrecuentes. La obra suplía la pérdida de materiales, ocurrida en 1823. Por su afición bibliográfica dejó al morir gran cantidad de papeletas que, ordenadas por Sancho Rayón y Zarco del Valle, formaron el Ensayo de una Biblioteca de libros raros y curiosos, aún hoy de utilidad. Las papeletas de Gallardo pasaron a Menéndez Pelayo a través de Zarco del Valle quien, juntamente con Sancho Rayón (como hemos dicho anteriormente), había publicado los dos primeros tomos del Ensayo de una Biblioteca de libros raros y curiosos. Menéndez Pelayo intervino en la publicación de los tomos 3º y 4º y al terminar la impresión quedaron en su poder las papeletas preparadas para un 5º volumen (que no se llegó a publicar), así como otras notas y papeles.

 

Visita a Lopera del Ministro de Trabajo Licinio de la Fuente junto con el Director General de Trabajo el loperano Vicente Toro Orti el 22 de junio de 1971

Visita a Lopera del Ministro de Trabajo Licinio de la Fuente junto con el Director General de Trabajo el loperano Vicente Toro Orti el 22 de junio de 1971

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Hoy publicamos en cronistadelopera una foto para la historia de hace 40 años que recoge el momento de como se encontraba la plaza del Ayuntamiento de Lopera ante la visita del Ministro de Trabajo Licinio de la Fuente junto con el loperano Vicente Toro Orti que tuvo lugar el 22 de Junio de 1971. Durante  la visita y ante el alcalde de Lopera en aquel tiempo Miguel Casado Antelo, se le impuso por parte del ministro a nuestro Vicente Toro Orti la Gran Cruz del Mérito Civil.

Lopera homenajea a Isabel Monje Ojeda

Lopera homenajea a Isabel Monje Ojeda

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Isabel Monje Ojeda de 79 años recibió el pasado viernes una de las grandes sorpresas de su vida. Sus compañeras/os del Centro de Personas Mayores de Lopera quisieron rendirle un caluroso y emotivo homenaje por su gran calidad humana y por su colaboración y predisposición durante los últimos 30 años en cuantas actividades ha organizado el Centro de Lopera. A este entrañable acto de reconocimiento se sumó la Delegada de Igualdad y Bienestar Social  Carmen Álvarez Arasola, la cual tuvo palabras de elogio para Isabel, de la que resalto que personas como ella son las que dan vida a los Centro de Mayores, con motivo del homenaje la delegada le hizo entrega del olivo de plata y un documento de la Delegación Provincial de Igualdad y Bienestar Social por su colaboración e implicación activa. Este acto se enmarca dentro del Día Internacional de las Personas Mayores. También participó en el homenaje la alcaldesa de Lopera Isabel Uceda Cantero, que destacó la gran persona que es Isabel Monje Ojeda y el entusiasmo y colaboración en todos ámbitos de la sociedad loperana y le hizo entrega de un cuadro con una vista de la Plaza Mayor de Lopera. Asimismo el socio de honor del Centro de Personas Mayores de Lopera Juan Clemente Cámara, muy emocionado le hizo entrega del carnet de socia de honor del centro de Lopera, distinción que por primera vez recae en una mujer. Isabel Monje Ojeda estuvo arropada por su familiares entre los que estuvieron su marido Juan Huertas Simón, su hija Marina Huertas Monje, su nieto Juan Carlos Huertas Oviedo, su hermana Ana Monje Ojeda, sus sobrinos Antonio Rosales Monje e Isabel García Monje y su nuera Rosa Oviedo Huertas.   No faltaron  al acto sus vecinas Dolores Vera Moro, Rafaela Vallejo Santiago, Dolores Partera Arana, Maria Delgado Vadillo, Josefa Rivilla que le entregaron un ramo de flores en agradecimiento a su buena vecindad y su gran amistad. También estuvieron presentes sus amigas y compañeras de los distintos talleres de manualidades, memoria, teatro, gimnasia, coro navideño, recuperación de tradiciones populares como María Barranco González, Francisca Hernández Uceda, Margarita Vallejo Bellido, Paula Garrido Canales, Soledad Ruiz Bellido, Josefa González Velázquez, Ana Alcalá y su marido Francisco, Rosa Cantero Serrano, Isabel Lara Soler, Maria Ansino Fernández, Margarita Ruiz Ruiz, Ana María Santiago Medina, Feliciana Alcalá de la Torre, María Antonia Padilla García , Carmen López López, las hermanas Petra y Dolores Bellido Vilchez, Feliciana Alcalá Quero,  Clara Melero Hoyo, Carmen Bellido Delgado, Ana Relaño Sánchez, Eduardo Toribio Toribio, Diego Candelario Montilla, Bartolomé López Coca, Dolores Luque Bellido, Francisca Criado, Clotilde Pérez Moreno, Josefa Navarro Ruiz, Francisco García Jerez, Manuel García Pérez, Antonio Quero Hoyo, Dolores Ramírez Torres, Rufina Cuevas Salas, Manuel Cantero Valenzuela. También fue acompañada por diferentes amigas de la localidad con las cuales ha colaborado en actividades relacionadas con las diferentes asociaciones y colectivos de Lopera como la Concejala de Cultura Maria del Carmen Torres Bellido, Isabel Garrido Canales, Juana Soler Daza, Isabel Cerezo Pedrosa, Mercedes Cuevas Toribio, Francisco Valenzuela Lara, Encarna Huertas Partera, Benito Alcalá de la Torre, Ana Reca Melero, María Valenzuela Manchado, Adoración Santiago Blanca, Ana Martínez Hidalgo,  María Antonia Hueso Delgado, Antonia García Bellido, Antonia Melero Torres. También recibió varios regalos entre ellos, un pañuelo de bolillos que le hizo entrega Maria Eugenia Vacas Menor, una planta ornamental  entregada por Isabel Lara Soler en nombre de todas sus compañeras del centro, un ramo de flores de sus en nombre de sus vecinas que fue entregado por Dolores Vera Moro, un centro de rosas rojas fue entregado por su hija Marina y otro ramo del Centro de Perosonas Mayores que le hizo entrega la Trabajadora Social Pilar López Girón.

El Centro de Personas Mayores de Lopera aglutina un total de 1628 socios/as y está ubicado junto al CEIP “Miguel de Cervantes” y el Centro de Adultos “Luparia”. Es de titularidad pública y pertenece a la Delegación de  Igualdad y Bienestar Social. El centro esta dirigido por una junta Directiva formada por José Antonio Medina Román, como director, Pilar López Girón como Trabajadora Social, presidente Juan Clemente Cámara, vicepresidente Tomás Torres Ramírez, secretario Benito Alcalá de la Torre y  los vocales Jacinta Coca Casado, Francisca Antelo Herrero, Isabel Lara Soler y  Manuela García Jurado, dentro de sus objetivos tiene el conseguir mediante una serie de talleres (gimnasia, manualidades, memoria, nuevas tecnologías, tradiciones populares etc.) un envejecimiento participativo. Hay que destacar que Isabel Monje Ojeda antes de su enfermedad era el mejor ejemplo de envejecimiento activo debido a su colaboración, participación y entusiasmo en todas las actividades desarrolladas tanto a nivel local, como provincial e institucional. A nivel personal Isabel ha pertenecido al primer grupo de voluntarias y fue la primera mujer que formó parte de la Junta de Gobierno del Centro y una líder carismática que siempre arrastró a otras mujeres a participar en el centro y su inquietud por aprender le llevó a ser alumna de Antonio Díaz Vallejo profesor del Centro de Adultos “Luparia”, donde aprendió a leer y escribir y siempre recordaremos la primera vez que puso su nombre al firmar, pues su alegría fue tal que sus sentimientos le hicieron llorar. Fue todo un logro para Isabel.

Grupo de Molineros de la Cooperativa Oleícola La Loperana en los años 60

Grupo de Molineros de la Cooperativa Oleícola La Loperana en los años 60

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

De nuevo nos llega  desde Barcelona una nueva instantánea de nuestro querido amigo Antonio Ruiz, la misma recoge uno de los patios de la  Cooperativa Oleícola La Loperana con los típicos montículos de aceituna y las cintas transportadoras y en primer plano los loperanos Antonio Ruiz Gazquez, Antonio Haro Garrido, Simón Cruz Montoro con su Moto Guzzi (el de la luz), y los hermanos Antonio y Pedro Muñoz Román.

El Padre Tarín y su estancia en Lopera en el año 1890

El Padre Tarín y su estancia en Lopera en el año 1890

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Francisco Tarín Arnau (Padre Tarín) fue un sacerdote español y predicador popular de la Compañía de Jesús, nacido en Godelleta (Valencia) el 7 de octubre de 1847 y fallecido en Sevilla el 12 de diciembre de 1910 en olor de santidad. Estudió el bachillerato en los Escolapios. Inicia la carrera de Derecho en Valencia abandonándola ante los acontecimientos políticos poniéndose del lado católico y tradicional (carlista). A los 26 años entra en la Compañía de Jesús, estudiando en el Seminario de Château Poyanne (Francia) donde tenían su noviciado los jesuítas españoles exilados. Allí tuvo como maestros a eminentes jesuitas: José Mendive, Juan José Urraburu, Pablo Villada, Ángel María de Arcos, Cecilio Gómez Rodeles, Julio Alarcón, entre otros. Recibió las órdenes menores en 1876. En 1878 pudo volver a España para completar los estudios de Filosofía en Carrión y de Teología en Oña (Burgos) donde fue ordenado sacerdote decidiendo consagrar su vida como misionero popular. Es en el Puerto de Santa María (Cádiz) donde inicia su labor apostólica y docente (1884-86). Hizo la tercera probación en San Jerónimo de Ñora (Murcia).

         El día 19 de septiembre de 1890 llegaba a Lopera el Padre Tarín donde pasó tres días, para después dirigirse a Porcuna. En Lopera fue acogido por el matrimonio compuesto D. Eduardo Alcalá y Dª Araceli Moreno García, con los que mantenía una estrecha relación y prueba de ello son las 74 cartas que se conservan dirigidas al Ldo. en Derecho D. Eduardo Alcalá por el siervo de Dios P. Francisco de Paula Tarín y Arnau, S. J. todas ellas rebosan afecto y gratitud y constituyen por sí, muchas de ellas verdaderos trozos literarios.