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José Luis Pantoja Vallejo

Personas y Personalidades

Biografía del loperano Benito Casado Bruna "El Cholo". Un trotamundos de la Canción Española

Biografía del loperano Benito Casado Bruna "El Cholo". Un trotamundos de la Canción Española

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Con la publicación de la biografía de Benito Casado Bruna "El Cholo" cerramos la serie dedicada a los cantaores de flamenco que ha dado la villa de Lopera a la Canción Española  y que ya han fallecido. Con la muerte hace unos años en Madrid de Benito Casado Bruna “El Cholo” se perdía la voz más internacional que ha dado el pueblo de Lopera a la Canción Española. Benito Casado Bruna nació en Lopera el 26 de junio de 1926 y sus primeros pasos en el arte del flamenco fueron a los 16 años muy en el estilo de Pepe Blanco. Más tarde se marchó a Madrid donde perfeccionó su voz y a raíz de unos contactos comenzó a trabajar en algunas salas de fiestas como La Parrilla del Rex y en el Parque Florida del Retiro. En 1952 se enroló en la Agrupación “Los Churrumbeles de España” con los que cosechó gran éxito y prestigio en una gira por Europa y América, actuando en los mejores teatros de México (Teatro Iris, Patio de México). Este éxito hizo que montara su propio espectáculo actuando en Perú, Venezuela, Panamá, San Salvador, Argentina, México, etc, siendo en la Sala Patio de México donde hizo famosas las canciones “Te quiero”, “Monísima”, “Chamaquita mejicana” y “Algo de España”. En 1954 trabajó junto a Imperio Argentina en México con el espectáculo “La Maja de los cantares”, donde cosechó un gran éxito al cantar “Cucurrucucu paloma” por bulerías. En 1960 actuó en varias emisoras de Radio Mendoza (Argentina) y Radio Panamericana (Panamá) y la Casa de España en Argentina le rindió un clamoroso homenaje en reconocimiento de su arte y talento. Más tarde hizo una gira por Francia donde hizo famosa la canción “Lagrimas del corazón” interpretada en francés. Años más tarde regresa a Hispanoamérica triunfando con el espectáculo “W la Nueva Ola” y en 1979 estrenó en Mendoza (Argentina) el espectáculo “Galas del arte Flamenco con Benito Casado y su elenco” con canciones como “El beso”, “Isabela”, “Torico Nevao”, “Cielo andaluz”, “España de mis amores” etc. De nuevo en España actuó en su querida Lopera donde hizo famosa la canción “El pozito del amor” y participó en el espectáculo “Alma de España” junto a Antoñita Moreno cosechando un rotundo éxito. También participó  en el espectáculo “Filigrana Española” junto a Juanita Reina y Caracolillo en el Teatro Policrama de Barcelona y Calderón de Madrid. En sus largas estancias en Hispanoamérica participó en dos películas, una rodad en México bajo el título “Música en la noche”  junto a Carmen Amaya, Pedro Vargas y Tito Guizar. La segunda película fue rodada en Guatemala bajo el título de “Caribeña” junto a Armando Calvo, donde destaca la canción “El besito mordeón”. Destacar por último que “EL Cholo” como era conocido popularmente gravó varios discos con la casa RCA Víctor Perales y que de sus estancias y vivencias en Buenos Aires, San Salvador, Venezuela, México, Perú, mantuvo gran amistad con Agustín Lara, Luis Mariano, Mario Moreno “Cantinflas”, Pedro Vargas etc. Su memoria siempre permanecerá viva en todos los loperanos, ya que siempre llevó a gala el nombre de Lopera por todos los rincones del mundo donde actuó.  

Foto del entierro del párroco D. Manuel Casado Vallejo el 25-12- 1965

Foto del entierro del párroco D. Manuel Casado Vallejo el 25-12- 1965

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Hoy publicamos en cronistadelopera una foto muy intersante que nos ha sido enviada por la familia Navarro Relaño que recoge un momento de la salida de la parroquia de Lopera del entierro de D. Manuel Casado Vallejo, cura de Porcuna que pasó toda su vida en Lopera, llevando una gran labor pastoral y educativa (El pueblo de Lopera le dedicó una calle en vida) y que fue enterrado en el Cementerio de San Ildefonso de Lopera el 25 de Diciembre de 1965. Como todos los sacerdotes en aquel tiempo el feretro iba al descubierto.

Cristóbal Bellido Rivilla "El Niño de Lopera". Una gran voz que llevó a gala el nombre de Lopera

Cristóbal Bellido Rivilla "El Niño de Lopera". Una gran voz que llevó a gala el nombre de Lopera

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Aunque hace ya algunos años que fallecía en Valencia (21-7-1990) una de las voces más importantes que Lopera ha dado al mundo del flamenco, el loperano Cristóbal Bellido Rivilla conocido en el mundo artístico como “El Niño de Lopera”, hoy desde cronistadelopera le queremos rendir un cálido homenaje a la vez que aportamos algunos datos biográficos de este genial cantaor loperano para los amantes del flamenco y la historia de Lopera . Cristóbal nació el 19 de junio de 1924 y desde muy pequeño ya comenzó a destacar por su gran voz interpretando a Pepe Marchena. Con apenas 18 años dejó su querida Lopera y se marchó a Madrid y tras algunos contactos trabajó en el Teatro Lara con un gran éxito, eran sus primeros pasos. También cantó en varias emisoras de radio como Radio Madrid (Cadena Ser) que aún se recuerda en Lopera, pues todo el pueblo lo estuvo escuchando en una radio que había en los Grupos escolares. Durante los años 1950 la 1953, se enroló en un espectáculo cuya primera figura era su ídolo Pepe Marchena y llegó a actuar incluid en el Cine Cervantes de Lopera cosechando un gran éxito ante sus paisanos, con este espectáculo hizo una gira por toda España. Más tarde formó su propia compañía con el espectáculo “Sortilegio Andaluz 1955” con un nutrido grupo de artistas. En 1955 ya instalado en Valencia obtiene el carnet de profesional y tuvo unos programas fijos en la radio, uno de ellos en Radio Valencia, compaginando éstos programas con actuaciones por la zona de Levante, Aragón y Murcia. Fue socio honorífico de la Casa de Andalucía en Valencia, donde actuó en multitud de ocasiones, donde era muy querido y admirado. También actuó en los Teatros Ruzafa, Apolo y en Plaza de Toros de Valencia. Poco su mal estado de salud le fue retirando de los escenarios hasta fallecer en Valencia. Dentro de su repertorio destacaban canciones como “El querer de Lopera” fandanguillo de Manuel Escribe; “Valencia por granainas”; “Alegrías a Valencia” o “Mi linda cubanita” con letra y música del propio Niño de Lopera. Cristóbal Bellido siempre llevó en lo más hondo de su corazón a su querida Lopera y sus paisanos hoy lo recuerdan como un gran cantaor de flamenco que siempre llevó a su pueblo a gala allá donde actuó. 

Aspectos biográficos de Manuel Pastor Santiago "Manolo Lopera". La voz de oro del cante

Aspectos biográficos de Manuel Pastor Santiago "Manolo Lopera". La voz de oro del cante

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Hace unos años nos dejaba para siempre la considerada como la voz de oro del cante, el loperano Manuel Pastor Santiago, conocido artísticamente como “Manolo Lopera”. Hoy en Cronista de Lopera le queremos rendir un cálido homenaje. Manuel nació en Lopera en 1930 de familia humilde durante sus años de adolescencia trabajó con su padre como arriero. Con 20 años se presento a un concurso de aficionados al flamenco en el Teatro “Sandete y Saudo” donde obtiene un gran éxito y le ofrecen un contrato para recorrer toda Andalucía. En 1951 llega a la capital de España donde se presenta y gana varios concursos radiofónicos lo que le permitirá trabajar en el Circo Price con el espectáculo “Caras Nuevas” dedicado a fomentar los nuevos valores de la canción española y trabajó con Pepe Pinto, Pepe Marchena, la Paquera de Jerez, Antonio Molina etc. Más tarde es contratado por la compañía Andivia  y recorrió toda España con Manolo Escobar, Juntito Valderrama y Dolores Abril. En 1961 graba su primer disco el pasodoble “El Cordobés”, dedicado a Manuel Benítez “El Cordobés” e inicia una gira por Italia donde es entrevistado en un programa de televisión realizado por Vittorio de Sica. En 1963 regresa a Madrid y participa en la película “El Alma de la Copla” junto a Adelfa Soto, Enrique Vargas “el Principe Gitano” y la Niña la Puebla. Este año monta su propio espectáculo “Brindis por el Cordobés” con el que recorre todos los teatros y plazas de toros de España. Como algo anecdótico y digo de recordar es que debido a su espléndida y potente voz, comenzó a cantar a “palo seco” sin micrófonos en teatros y plazas, donde artistas de lo más popular llegaron  a prohibirlo. Así la noticia llegó a los periódicos, donde Manolo Lopera retaba a quien quisiera cantar de esta forma, a lo que nunca llegó a presentarse nadie. En 1986 es contratado en Bélgica actuando en casas españolas como “Casa Manuel” y “Las Cuevas del Tío Pepe” ubicadas en la Gran Plaza de Bruselas. En 1971 realiza una gira por Ginebra (Suiza) y más tarde por las Canarias, Mallorca… Poco a poco intenta retirarse combinando el mundo del espectáculo con el de la metalurgia (Empresa de cromados) y a la vez va introduciendo a su esposa Pilar Cañizares en el mundo empresarial montando un negocio de tejidos, para terminar dejando de una manera definitiva el mundo de artista profesional. En 1987 empieza a tener recaídas, poca estabilidad en las piernas y decide operarse con un transplante de vértebras sin mucho éxito, la año siguiente vuelve a operarse, tras la cual va a sufrir una trombosis medular causándole una tretraplegia total dejándole postrado en una silla de ruedas para el resto de sus días. Manolo Lopera siempre fue un apasionado de su tierra, de sus olivos, sus vinos; de los que nunca perdió ocasión de hablar a todo el mundo de su querida Lopera y por eso, cuando falleció en Madrid su familia trajo hasta su Lopera sus cenizas para que siempre estuvieran esparcidas por los campos de su Lopera. Manolo Lopera llegó a editar cuatro discos:

  1. Producido por Cubana de Discos con las canciones: “El Cordobés”. Pasodoble de M. Villacañas y F. Almagro. “Piropos y Coplas” Pasodoble de M. Villacañas y F. Almagro. “Borriquillo retozón”. Corrido de M. Villacañas y F. Almagro y “Mira lo que tengo”. Rumba de M. Villacañas y F. Almagro. Acompañdo por la Orquesta Cubalegre, dirigida por el Maestro Escabias.
  2. Producido por la casa Phillips y distribuido por Fonogram con las canciones: “Mi niño feo” milonga de J. del Valle y Lezaga, “No tires chinitas” Rumba de M. Villacañas y F. Almagro, “Rosalinda, cha, cha, cha” de Sanjulián y Segovia, “El Telenguendengue” Danzón de de Sanjulián y Segovia. Acompañado de la guitarra de Alejandro Manzano y Fernando Sánchez
  3. Producido por la casa Phillips y distribuido por Fonogram con las canciones: “Si yo fuera” de Murillo y Segovia, “Rumba de los celos” de Bazán, Cuenca y Algarra, “Mambo trianero” de  Bazán, Cuenca y Algarra y “No miento” de Jerónimo Cruz y Segovia. Acompañado de la Orquesta "Los Chiclaneros"
  4.  Producido por la casa Phillips y distribuido por Fonogram con las canciones: “Torerillo sin cuadrilla” de F. Cambres y Segovia, “Mi cordera” de Román y R. Jaén, “Salinera y Campanero” de Martín Alonso y A. Enciso y “La imagen de tu cariño” de R. Jaén y Fernando Pecino. Acompañado de la Orquesta "Los Chiclaneros"

 

Homenaje Póstumo a un gran loperano: Carlos Barberán Valcárcel (Lopera 1919-Madrid 1998). “Era el cordón umbilical que nos unía con el pasado”

Homenaje Póstumo a un gran loperano: Carlos Barberán Valcárcel (Lopera 1919-Madrid 1998). “Era el cordón umbilical que nos unía con el pasado”

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Pronto se cumplirán 13 años que nos dejó para siempre mi entrañable y respetado amigo Carlos Barberán Valcárcel (Lopera 1919-Madrid 1998). Desde este rincón de la cultura loperana quisiera rendir un pequeño homenaje a alguien que era un autodidacta forjado a base de impulsos intelectuales, que sabía como nadie de todo lo que le preguntaras relacionado con su querida Lopera.  Carlos Barberán, ante todo era un caballero, una buena persona, de gran bondad y humildad. Personalmente siempre lo consideré un historiador, pues entiendo que él no necesitaba título, pues muchos alardean de tenerlo y luego, ni tan siquiera ejercen como tal. Entre muchas buenas acciones a él le debemos los loperanos: Que la túnica de Nuestro Padre Jesús Nazareno esté aún entre nosotros. Tuvo la feliz idea de llevarla siempre consigo, incluso en plena Guerra Civil. Fue el impulsor junto a otros loperanos, de la Reorganización de la Soldadesca del Santísimo Cristo del Humilladero en el año 1948. Influyó, de una manera determinante, en la recuperación de la Semana Santa Loperana y de sus tradiciones e indumentarias de las cofradías. Ha cantado, con una pluma envidiable, el paso de los pintores loperanos por la capital de España (Cantero, Acevedo, Vicente Toro etc.). Fue fundador de los Pregones de la Feria de los Cristos en el año 1969 y de la Semana Santa Loperana en 1965 a través de la Emisora de Radio Parroquial de Lopera. Era un destacado cómico en los teatros de Dª Elisa Alcalá Marín, del Cuadro Artístico de Lopera, durante dos décadas. Además ejerció de colaborador incansable en los Programas de Feria de los Cristos desde el año 1944 con el artículo “Las Capeas”, hasta el año 1998, cuando falleció, con “Bosquejo literario para un retrato del Cojo Churrasca”. Colaboró en periódicos de ámbito nacional y provincial. En las páginas de Diario JAEN se conservarán para siempre, sus emotivos “Cuentos de Navidad”, recreados en su querida Lopera. Me indujo a que indagara en el canto popular de las “Muleras”, que afortunadamente hemos podido recuperar para las futuras generaciones. Para mi, Carlos Barberán era toda una institución, una enciclopedia loperana andante. Personalmente tengo un gran vacío cada vez que llegan los Cristos, pues ya no los entiendo sin su presencia (durante más de una década fue el momento más esperado para mi). Vivencias inolvidables dando un paseo por las Escalerillas y por su querida calle del Pilar o bien debajo de las frondosas ramas del tapacular de la Plaza de Bernabé Cobo. En algunas ocasiones me he permitido abusar de su infinita amabilidad y tras fusilarlo con miles de preguntas, el bueno de Carlos me decía: “Que buena simiente echó al mundo tu abuelo Antonio. Pepe Luis eres como el yunque y el martillo, que pesaos sois los Pantojas. ¿Cuándo vas a terminar de preguntarme, que se me va enfriar el “biscutes” de cerveza enca Pileta? Daba entonces su característica remolineta, me miraba por encima de las gafas y volvíamos a hablar de las “Muleras”, del carnaval, del cine, de la Velada de San Miguel en torno a la Tabernas de Rogelio y el Lorqueño, de los dulces de Elvirica, del alfarero que había en la Calle Jesús, de los enormes bolsillos de las túnicas de Ntro. Padre Jesús para atiborrarlos de garbanzos tostaos, del surtidor de gasolina de Vicente Rey etc. Para mí siempre ha sido una pérdida irreparable. Nunca olvidaré sus cartas y estímulos hacia mi persona, su infinita bondad y me siento orgulloso de haber sido su amigo y nunca me perdonaré no haberlo visitado, pues una de sus ilusiones era la de recibirme en su casa de Madrid.  Por último me quedo con dos de sus múltiples reflexiones:

Por Semana Santa: “Como me llega la Misa que oigo en mi pueblo, no me ha llegado ni en el Vaticano”

Sobre los Cristos: “No hay otro placer que supere, en una noche agosteña, gracias a los nuevos métodos de congelación, tomar un helado en el kiosco de “Canastas” o del “Moreno”, viendo taparse la luna con la torre del castillo”.

Poema de LASSE SÖDERBERG dedicado a JOHN CORNFORD fallecido en la Batalla de Lopera

Poema de LASSE SÖDERBERG dedicado a JOHN CORNFORD fallecido en la Batalla de Lopera

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

POEMA A JOHN CORNFORD

Cornford, John (1915-1936). Poeta inglés. Biznieto de Charles Darwin e hijo de un profesor de Historia Antigua. Estudió Historia en el Trinity College (Cambridge). De filiación comunista, durante la Guerra Civil Española combatió en el bando republicano como voluntario de las Brigadas Internacionales. Murió en acción de guerra en la Batalla de Lopera.


¿En qué cerro quemado 
quedó, en qué
frente de combate dentro de nosotros?
No hay respuesta.

¿En qué cerro de Córdoba
reposa su eternidad, en qué
almohada descansa su joven cabeza
envuelta en sucias vendas?

Sólo las piedras lo saben.
Sólo los años treinta de las piedras.


LASSE SÖDERBERG

El matrimonio loperano Manuel Belmonte Gálvez y Rosario Melero Santiago: Tres meses de prueba y una vida en Alemania

El matrimonio loperano Manuel Belmonte Gálvez y Rosario Melero Santiago: Tres meses de prueba y una vida en Alemania

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Si deseas leer el reportaje que Diario JAEN publicó el pasado día 8 de mayo a este entrañable matrimonio de emigrantes loperanos retornados pincha aqui: 1

Aspectos biográficos del Organista Loperano Francisco de Medina nacido en Lopera en el año 1621

Aspectos biográficos del Organista Loperano Francisco de Medina nacido en Lopera en el año 1621

Órgano de la catedral de Jaén

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Francisco de Medina, nació en Lopera en 1621, cuando contaba sólo 19 años de edad, el Maestro de Capilla de Jaén que le escuchó D. José Escobedo informó de su habilidad y técnica en el manejo del órgano, y así le proponen y ofrecen el cargo en 1640 como organista de la catedral de Jaén, el cual acepta y se mantiene en el mismo hasta el año 1671. El Cabildo de Jaén debía estar muy satisfecho de su trabajo pues constantemente le están mejorando económicamente. Tocaba además del órgano otros instrumentos, enseñaba música a los seises y realizó un trabajo importante cual fue un informe sobre los órganos de la Diócesis. En vista de su fama, le ofrecieron la plaza de organista en Málaga que rechazó, pero si aceptó la plaza de la Catedral de Sevilla, donde marchó en 1671, estando en ésta como Organista.

Alfredo Marquerie Mompín (1907-1974) Dramaturgo, Crítico y Director de teatro español dedicó a Lopera en 1956 el poema "Versos para Lopera"

Alfredo Marquerie Mompín (1907-1974) Dramaturgo, Crítico y Director de teatro español dedicó a Lopera en 1956 el poema "Versos para Lopera"

En la Plaza Mayor de Lopera: Vicente Llorent, Cecilio Barberán, una señora, Alfredo Marquerie y Antonio Corazón.

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Hoy recopilamos en Cronista de Lopera unos versos que dedicó a Lopera Alfredo Marquerie Mompín en el año 1956, fruto de una visita que realizó a Lopera invitado por Cecilio Barrerán Barberán escritor y crítico de arte (dueño del Saetal). Alfredo Marquerie Mompín. Nació en Mahón (Baleares) el 17 de enero de 1907. Más tarde se trasladó a Madrid y se doctoró en Derecho el año 1928. Falleció el 31 de julio 1974 en Minglanilla (Cuenca) a los sesenta y siete años, víctima de un accidente de coche que conducía su mujer que también falleció. Tenía una personalidad inigualable, muy acusada y polifacética, que se distingue, ante todo, por su amplia cultura y su temperamento activo, vehemente y apasionado. Durante veinte años fue redactor jefe de NODO. Colaboró activamente en radio y televisión. Corresponsal de guerra. Escribió medio centenar de libros de poesía, crítica, novela, cuento, biografía y ensayo. También fue director teatral y adaptador de los clásicos. Dedicó este verso en 1956 a Lopera y que ahora recopilamos:

VERSOS PARA LOPERA

Lopera:

el olivo en su misterio,

y el trigo en la era.

Un pueblo que crece y crece

a la sombra del Castillo

bastión que nunca envejece.

La Andalucía ignorada

y humilde y laboradora

da todo y no pide nada

trabaja hora tras hora.

Lopera bajo la luna:

copla dormida en el aire

vareo de la aceituna.

Y alguna viña perdida

trazo verde sobre el campo

uva dulce y encendida.

¡Que gusto ser español

ser hombre que va y que viene!

quema el aire y arde el sol

Lopera da cuanto tiene.

El Loperano José Bueno Torres y su ¡Pasión por la Morenita!

El Loperano José Bueno Torres y su ¡Pasión por la Morenita!

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Artículo publicado en el nº 25 de la Revista "Mirando al Santuario".

 Lopera y la Reina de Sierra Morena están íntimamente ligadas en las  tres últimas décadas a una persona que se ha desvivido por completo para que la devoción a la Morenita nunca desfalleciera en la villa Calatrava de Lopera. En nuestro querido y admirado José Bueno Torres puso sus ojos la Virgen de la Cabeza para que recogiera el testigo de otros loperanos y ensalzara como nunca una devoción que necesitaba de su inestimable apoyo para que resurgiera como antaño. Los inicios como siempre fueron algo difíciles, pero su ímpetu y constancia consiguieron que la Morenita en Lopera formara parte de una de las fiestas más importantes y celebradas en el calendario festivo de la localidad.

         José Bueno Torres nace el día 5 de octubre de 1944 en el seno de una familia muy devota a la Virgen de la Cabeza. Sus padres Manuel Bueno y Francisca Torres tienen mucho que ver  en la historia de nuestro personaje. Nos remontamos al año 1965, año en el cual la madre de José Bueno cae enferma, entonces su padre Manuel se encomienda a la Virgen de la Cabeza haciendo promesa de ir andando desde Lopera hasta el Santuario para que sanara su esposa. Fueron más de 20 años los que Manuel Bueno y sus hijos Obdulia, José y Juani hicieron el camino de peregrinos hasta que finalmente falleció la madre. En este tiempo los peregrinos de Lopera encontraron en Manuel Bueno a un guía que los acompañara y orientara para hacer el camino hasta llegar al Cerro de la Cabeza. Son muchas las anécdotas que esta familia guarda de este periodo, sobre todo el recuerdo vivo de algunas mujeres que no conseguían llegar hasta el final del camino y en Manuel encontraban el aliento y la ayuda para poder cumplir su promesa. Fue en el año 1968 cuando siendo Hermana Mayor de la Cofradía de la Virgen de la Cabeza de Lopera Isabel Trigo Galán  “La Triga” cuando José Bueno va a  ser expulsado de la Casa de la Cofradía de Lopera, y entonces decide apuntarse a la Cofradía para tener el derecho a pernoctar sin que nadie le llamase la atención. Poco a poco en su interior va sintiendo esa inquietud de hacer cambios en la Cofradía de Lopera y en la casa que la misma tiene en las faldas del Santuario. En el año 1976 siendo Hermano Mayor Manuel Pantoja Lozano, será cuando José Bueno Torres se nombre Presidente de la Cofradía de la Virgen de la Cabeza de Lopera, cargo que siempre ha contado con el  respaldado de las distintas Juntas Directivas que han ido pasando en su mandato formadas entre otros por los loperanos: Juan Palomo, Manuel Corpas, Manuel Morales, Nicolás García Hurtado, Juan Alcalá, Francisco Cruz,  Martín Alcalá, Nicolás García Ruiz, Manuel Raya, Rafael Montilla, Manuel Martínez, Eduardo Valenzuela, José Antonio Medina y Antonio Rueda. Debido al poco espacio para poder albergar a todos los romeros en la Casa de la Cofradía de Lopera se decide ampliarla. Para ello los miembros de la Junta Directiva pidieron casa por casa, visitando todo el pueblo y recaudando 240.000 de las antiguas pesetas. Con este dinero sólo se pudo realizar la parte baja de la nueva nave, quedando inacabada la obra. Para poder finalizar la obra José Bueno pidió los materiales que se necesitaban a los loperanos Juan Manuel Cruz Carmona, a las Hermanas Martínez Moreno y a Luis Pérez Cabezas y con un grupo de voluntarios entre los que se encontraban Nicolás García Hurtado, Juan Palomo, Martín Alcalá, Juan Alcalá, Antonio Pérez y Manuel Alcalá y sin cobrar ni un duro, consiguen dar por finalizadas las obras de ampliación de la casa de la Cofradía de Lopera tras seis años de trabajos durante los fines de semana.

         Respecto a la Cofradía de la Virgen de la Cabeza de Lopera José Bueno consigue que de 30 cofrades que había cuando el se hizo cargo de la presidencia se pasara a 600 que hay en la actualidad. Hay que destacar un hecho importante para la historia de la Morenita en Lopera, que tuvo lugar en el año 1986 siendo Hermano Mayor Miguel Pérez Melero  y estando de párroco D. Joaquín Parras González, a instancias de José Bueno le propone al párroco de sacar en procesión una antigua imagen de la Virgen de la Cabeza que hay en la parroquia de Lopera, para que se procesione por las calles de la localidad el penúltimo domingo de abril. Esta petición es rechazada en primera instancia por el párroco. Ante la negativa, José Bueno decide recurrir al Sr. Obispo D. Miguel Peinado Peinado, ante una audiencia solicitada por el paisano y cura D. Bernardo Velasco. La entrevista no pudo ser más fructífera, ya que ese mismo año se consiguió que la Virgen de la Cabeza de Lopera se paseara entre vítores y lagrimas de un pueblo enfervorecido y entregado a su madre y con José Bueno abrazado a sus andas velando por la Morenita, una imagen que trasmite la devoción que heredó de sus padres,  todo un hito histórico que nunca se ha roto y siempre se ha respetado esta fecha como prolegómeno a la asistencia a la Romería del último domingo de abril. Aunque el primer año no se disponía de andas se tuvo que utilizar unas del Cristo del Humilladero. Al año siguiente la Cofradía adquirió unas andas realizadas por los maestros artesanos de la madera Florencio Quero y Rafael García.  Lopera generosa con la Reina de Sierra Morena le ofrece cada primavera miles de flores para adornar su templete que de toda la vida se encarga de recoger en su domicilio Paquita de la Torre, la mujer de José Bueno. Esta estampa tan peculiar nos adentra en un fin de semana donde la Morenita es recibida en la plaza mayor de Lopera entre una nebulosa de pétalos, cohetes, redoble de tambor y trajes de gitana, los loperanos se rinden para vitorear a su Virgen Morena. Hay que destacar el esfuerzo de la Cofradía por conseguir que la Virgen de la Cabeza tuviese su altar en la parroquia de la Inmaculada Concepción de Lopera, cosa que se consiguió en el año 2000 siendo párroco D. Martín Santiago Fernández Hidalgo. Asimismo se ha incrementado notablemente el ajuar de la Virgen con nuevos mantos, corona, resplandor, estandarte donados por diferentes devotos de la Virgen, restauración de la imagen, templete y la publicación en 1994 de un libro bajo el título “La Real Cofradía de la Virgen de la Cabeza de Lopera. Siglos XVII-XX” donde se hace un recopilatorio por la historia de esta Cofradía desde el siglo XVII hasta la actualidad. Ahora ya jubilado José Bueno Torres ha entregado el testigo de la presidencia de la Cofradía a su hija Paqui Bueno de la Torre y sólo desea que no se pierda todo el trabajo realizado por engrandecer la devoción a la Virgen de la Cabeza en Lopera y en su Cofradía y que las nuevas generaciones sigan trabajando con entusiasmo y entrega a la Virgen Morena. José da gracias a la Virgen de la Cabeza de todo cuanto tiene, esperando algún día estar muy cerca de ella y manifestar esa gran ¡PASIÓN POR LA MORENITA!.

Aspectos biográficos de Manuel Antonio Flores Maldonado Martínez de Angulo y Bodquín Comendador de Lopera y Virrey de Nueva Granada y de Nueva España

Aspectos biográficos de Manuel Antonio Flores Maldonado Martínez de Angulo y Bodquín Comendador de Lopera y Virrey de Nueva Granada y de Nueva España

Manuel Antonio Flores Maldonado Martínez de Angulo y Bodquín

Por Jose Luis Pantoja Vallejo -  Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Manuel Antonio Flores Maldonado Martínez de Angulo y Bodquín nació en Sevilla en 1720 y murió en Madrid en 1799. Caballero de la Orden Militar de Calatrava. Fue Comendador de Lopera. Marino y administrador colonial español. Se alistó en la marina en 1736, cuando contaba dieciséis años de edad, y protagonizó una meteórica ascensión que le llevó al cargo de capitán general de la Armada. Entre 1771 y 1775 fue comandante general del departamento de El Ferrol, y un año más tarde fue nombrado virrey de Nueva Granada, colonia que comprendía los actuales Estados de Colombia, Panamá, Venezuela y Ecuador. En 1778 realizó el segundo censo de población del virreinato, con 828.757 habitantes. Este mismo año, la Corona expidió el decreto de libre comercio entre España y América, y de las colonias entre sí. Dentro de la política de la Corona por aumentar sus entradas fiscales, se realizó un aumento excesivo de impuestos, que ascendían mucho más ante la necesidad de España para sostener su guerra contra Inglaterra. El secretario de despacho de Indias, José de Gálvez, le ordenó abrir al tráfico marítimo los puertos de Santa Marta y Riohacha. Reprimió con dureza la revuelta de los comuneros de Nueva Granada, y estableció en su virreinato la primera imprenta pública. En 1787 asumió el virreinato de Nueva España, y durante su mandato reorganizó el ejército y mandó construir el Real Estudio Botánico. En 1789 abandonó su cargo por motivos de salud y regresó a España. Fue premiado con la Cruz de la Orden de Carlos III. Murió en Madrid el 20 de marzo de 1799

Algunos aspectos del Proceso Inquisitorial del Loperano Fray Francisco de la Cruz García Chiquero quemado en la hoguera en Lima en el año 1578

Algunos aspectos del Proceso Inquisitorial del Loperano Fray Francisco de la Cruz García Chiquero quemado en la hoguera en Lima en el año 1578

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Fr. Francisco de la Cruz García Chiquero era natural de Lopera (1529-1578) en el obispado de Jaén y aunque se declaró cristiano viejo, de familia noble, quedan dudas al respecto debido a que se llamaba García Chiquero por parte de padre y Bueno por parte de madre. De ahí que se presuma una posible ascendencia conversa. A los 14 años salió de su pueblo, sabiendo leer y escribir. Fue a estudiar gramática a Andujar y artes en Granada, para luego pasar a Alcalá de Henares, donde estuvo cerca de un año. Después de permanecer algunos meses con los jesuítas, haciendo ejercicios espirituales, ingresó a la orden de Santo Domingo, en el convento de Atocha en Madrid. Allí estuvo cuatro años en los que estudió artes con el padre Vitoria y dictó lecciones de gramática. A continuación fue enviado a Toro, en donde estuvo dos años realizando estudios de teología y desde ahí pasó al colegio de San Gregorio en Valladolid, en donde cursó tres años de teología. Se sintió muy afectado por la detención del arzobispo Bartolomé Carranza y de otros miembros de la orden, ex residentes de ese colegio, por lo que se mostró llano a aceptar la propuesta de Fr. Domingo de Santo Tomás, futuro obispo de Charcas, de acompañarlo a Perú. En 1561 partió en compañía de otros 50 religiosos de la orden. En Lima fue maestro de novicios y lector de teología. Estuvo cuatro años como doctrinero en Chucuito y algunos meses como prior en Charcas, desde donde volvió a Lima a participar en el capítulo provincial, permaneciendo allí desde entonces dedicado a enseñar. Los únicos religiosos que se escapaban de esa tónica curricular eran el padre Mexía, que ni siquiera era sacerdote en esa época, y el joven fraile Alonso de Santis, alias Alonso de Villarroel, que no hacía más de dos años que se había ordenado y que, según declara, participó en los exorcismos con licencia de su prelado y a instancias de Fr. Pedro de Toro. Era Fray Francisco de la Cruz natural de Lopera, en Jaén, hijo de Pedro García Chiquero y Marina Sánchez. Después de aprender a leer y escribir y algo de gramática con un clérigo, a los catorce años, sus padres le habían enviado a Salamanca, y en seguida a Granada, de donde huyó para marcharse a Alcalá. Allí, después de algunas locuras de mozo, entró de fraile, dirigiéndose, más tarde, a Madrid para llevar en los claustros una vida de recogimiento durante cuatro años. Estudió teología en Toro y en Valladolid, y en esta ciudad se hallaba cuando el obispo de Charcas, Fray Domingo de Santo Tomás le invitó a irse con él al Perú. Antes de su partida fue a Toledo a ordenarse de epístola, volvió nuevamente a Valladolid, y una vez que hubo cantado misa, se dirigió a Sevilla, para embarcarse con otros cincuenta frailes que marchaban a Tierra firme. En Lima le hicieron maestro de novicios y posteriormente catedrático de teología, cargo que había desempeñado sin más interrupción que algunas ausencias que hizo a Charcas y Chucuito a doctrinar indios. El Arzobispo de Los Reyes le tenía propuesto para su coadjutor, y en la ciudad, según decía Arrieta, pasaba en opinión de santo. Desde la primera audiencia, Cruz se manifestó persuadido de que no tenía por que ocultar lo que a su juicio era verdadero, y tales y tantas confesiones hizo, que el Fiscal, durante el curso de su proceso, presentó en su contra tres acusaciones sucesivas, sólo la primera de las cuales comprendía ciento ochenta capítulos. De entre ellos apuntaremos los siguientes: Que siendo cristiano, bautizado había hereticado y apostatado de Dios, diciendo, teniendo, creyendo y afirmando, enseñando y dogmatizando a muchos otros, herejías formales; Que había tenido tratos, respuestas y conciertos con el demonio, incorporado en la Pizarro, por cuya boca decía le hablaban San Gabriel, San Dionisio y otros santos; Que postrado de rodillas había adorado al que él decía ser ángel, a quien hablaba como mensajero de Dios, teniendo por oráculo todo lo que la dicha endemoniada le decía; Que había hecho pacto con dos demonios para aprender el arte mágica, conservando en su poder y trayendo siempre consigo en su seno el anillo de oro grueso y hueco que los diablos le habían dado, donde tenía escrito su nombre, y cuando quería hablar con ellos los llamaba e invocaba, y diciendo ciertas palabras luego venían, preguntándoles materias de teología, o enviándolos a saber cosas de España; Que, como profetizando, había declarado a muchas personas que para poder plantar su nueva secta, había de nacer en Lima un niño, destinado a ser santo y gran siervo de Dios, capellán de Nuestra Señora y otro Job en paciencia, fraile de Santo Domingo y remedio del Perú; y que siendo Cruz padre del dicho niño, habiéndole habido y engendrado en pecado, pretendía hacer de él otro San Juan Bautista;

     Que el ángel le había enseñado a él y a sus cómplices lo que practicarían para curar tantas cosas malas como se notaban en las ciudades y monasterios, poniéndole a él en Lima, a otro en el Cuzco, y a otro en Potosí y a otro en Quito, para descubrir entre los hombres y mujeres los grandes misterios del dicho su ángel; y que dentro de un año se habían de juntar todos para que públicamente los predicasen, defendiendo al ángel cuantos soldados había y otros que se le habían ofrecido con sus vidas, etc.

     Como el reo no solamente continuase pertinaz, sino que se esforzaba en convencer a los jueces de las que tenía por verdades, y los testigos comenzasen a decir que hacía desatinos y «cosas hechas de hombre fuera de juicio», se le mandó parecer en audiencia, y en preguntándole cómo se hallaba, «dijo cantidad de palabras feas contra el Santo Oficio y otras nefandas y deshonestísimas, así contra él, como contra otras personas». Y por hallarse muy melancólico se le quitó un cuchillo, con temor de que pudiera suicidarse, y para ver si estaba realmente loco, ocurrieron los Inquisidores al singular arbitrio de que se le pusiese un par de grillos, operación que debían presenciar algunos ministros del Tribunal para que informasen de las demostraciones que hiciese. Llámose después al médico, y con su informe y el de testigos, se le declaró sano y cuerdo. De ahí a poco, solicitó Cruz que se le llevase ante los Inquisidores y les refirió que hablando con Dios en su alma, como profeta admitido a grande familiaridad suya, «Señor, ganado me habéis por la mano», le había dicho, a que había respondido «pues ¿no está claro que tengo de ganar por la mano?» y que estaba riéndose de esta manera de gracia, cuando fue llevado a su cárcel, y luego aquella tarde le habían echado unos grillos, acordándose bien que había andado saltando y bailando con ellos; y que después se había muerto, para ser resucitado el sábado de madrugada antes del domingo de adviento del año de 1574. Por este estilo siguió disertando largamente acerca de la Iglesia, del Papa, del nuevo reino que había de fundarse en el Perú, y doctrina que su hijo estaba destinado a enseñar.

     «Prosiguiendo el dicho fray Francisco en sus confesiones, entre otras muchas cosas que dice, declara que el dicho ángel que él tiene y confiesa ángel, le incitaba y provocaba muchas veces a hablar con la madre de aquel niño, que él decía que había de ser otro Job, y en aquel negocio, y que sólo encomendase más veces, y le decía que lo encomendase él a Dios, y que dijera algunas misas por ello, y que así se aficionaba al valor y santidad que había de tener aquel niño; y que le había dicho la dicha doña María Pizarro que le había dicho el ángel que no moriría él hasta que le viese predicar. Hase averiguado por el dicho e deposición de doña Beatriz, hija de doña Elvira Dávalos, y de una doncella de su casa, que este niño Grabelico, que echaron a la puerta de doña Elvira, que dicen que ha de ser tan santo y remedio de este reino del Perú, es hijo de dicho fray Francisco de la Cruz, y de doña Leonor de Valenzuela, hija de la dicha doña Elvira, y mujer del capitán Salazar, que está absente de esta ciudad en Quito, y el dicho fray Francisco de la Cruz y la doña Leonor lo tienen así confesado; y la dicha doña Beatriz, hermana de la dicha doña Leonor, fue partera y se halló presente al parto, y la dicha doncella vio el niño recién nacido el día antes a la noche que se le echó a la puerta de doña Elvira, en el aposento donde había parido la dicha doña Leonor, y la dicha doña Beatriz fue la que le descolgó por una ventana, y el dicho fray Francisco fue el que lo recogió y él le puso a la dicha puerta de la dicha doña Elvira, y Diego López, a los cuales recordaron los de casa, y le recibieron y habían en casa. Confiesa, asimismo, que el dicho que llama ángel, le había dicho que regalase a la madre del dicho Grabelico, estando preñada, con palabras de consuelo y amorosas, de manera que ella entendiese que la quería bien y que él algunas veces había excedido por que le había abrazado y besado, y que el dicho que llama ángel llamaba hijo al dicho Grabelico.

     »Asimismo, entre otras muchas cosas que dice en sus confesiones, parece que este ángel que llaman ellos San Gabriel, le había prometido, como está dicho, cuando le dieron las estolas y corporales, que no pecaría más mortalmente, y que si pecase, que no le tuviese por ángel bueno; y después de esto confiesa el dicho fray Francisco que besaba y abrazaba a las hijas de doña Elvira de Ávalos, pero no con intención de pecado mortal, aunque dos veces las besó y abrazó más culpablemente, y que a una de ellas, que se llama doña Isabel, después de haberla confesado, estando en presencia de otra su hermana, la había besado más culpablemente que a las otras, y que después a la dicha doña Leonor, madre de Grabelico, y a doña María su hermana, que éstas son cinco hermanas, a cada una dellas besó dos o tres veces y en peligro de caer en lascivia, y que después había ido a visitar a la dicha doña María Pizarro para pedir perdón al ángel, proponiendo la enmienda, y que el ángel le había expelido y le había dicho la dicha doña María que el ángel estaba enojado y con gran razón; y a cabo de dos o tres días le había dado el dicho ángel San Gabriel una reprehensión muy buena y le salió por fiador Sant Dionisio, que él no volvería más a aquellos negocios; y después desto, estando en una huerta fuera desta cibdad la dicha doña Elvira y sus hijas y el dicho fray Francisco y habiendo dicho misa aquel día y estando después de comer el dicho fray Francisco en un aposento aparte, echado para dormir la siesta, había entrado allí la dicha doña Leonor, madre del dicho Gravelico, su hijo, a la cual había abrazado y besado sin mala intención, y luego la dijo, que se saliese del aposento, y que después le había dicho el dicho su ángel que había hecho mal la dicha doña Leonor en entrar donde él estaba solo, y que también él había hecho mal en echalla con aquella manera de sospecha; ítem, habiéndosele mandado que no hablase, tratase, ni comunicase con la dicha doña María Pizarro, so pena de excomunión mayor ipso facto incurrenda, la habló, trató y comunicó, diciéndola en efecto lo que había de decir en este Sancto Oficio y lo que habrá de encubrir, y le dijo todo lo que había confesado, y que nosotros lo habíamos confesado; con todo esto, dice que no ha pecado mortalmente y que lo susodicho, ni haber hablado a la dicha doña María contra la dicha prohibición no es pecado, y caso que lo fuese, que no se podría persuadir a tener este ángel por malo.

Él está pertinaz en que este ángel es bueno, con determinación de morir por ello, y dice que no se sujetará sino fuese al concilio general y al sumo pontífice, y protesta que está aparejado para padecer sin culpa, sobre este negocio, como para apelas para quien con derecho pudiere y debiere y que hará lo que entendiere que es más servicio de Dios nuestro Señor y de la Sancta Iglesia católica romana, a la cual subjeta todo lo que ha dicho; y dice al cabo de todas sus confesiones que hasta agora a hecho, que por que cree que estos negocios del ángel han de ser para bien de la sancta madre iglesia, se ayuda a llevar el trabajo con buen corazón y protesta que está aparejado a morir con ayuda de Dios por no negar la misma cosa que la sancta madre iglesia, enseña;

 ítem, dice muchas veces ha estado dudoso si este ángel era bueno o malo, y que una vez dijo o dio a entender a un fraile de su orden si el dicho niño Gravelico, su hijo, había de ser el antecristo, no diciéndole que era su hijo, y dice otras muchas cosas que le pasaron con este que llama su ángel y con las dichas hijas de doña Elvira, y con la dicha doña María y con otras personas...

     »Habiendo visto todos estos negocios y confesiones, nos pareció, continúan los Inquisidores, convenía verlos con el ordinario y consultores, para si se había de prender esta doña María Pizarro y proceder contra otros algunos culpados, y para ello se llamó al arzobispo, el cual se halló en la consulta, y se determinó que se prendiese esta doña María Pizarro, con secreto de bienes, y que se examinase doña Leonor de Valenzuela, madre deste niño Gravelico, que dicen ha de ser sancto, y doña Beatriz, su hermana, hijas de la dicha doña Elvira, porque entonces no había más información de que este Gravelico era hijo del dicho fray Francisco, de habello él dicho...; y confesándolo él en juicio, y por ser el negocio de la calidad que es y lo mucho que convenía averiguar esto, y que si no declarasen la verdad fuesen detenidos en las cárceles; llámose primero la dicha doña Beatriz y dijo y confesó la verdad; y llamada doña Leonor de Valenzuela, estuvo negativa, y por estar convencida por testigos que negaba la verdad de lo que sabía, se detuvo en las cárceles como un mes, y confesó toda la verdad de que era su hijo, según estaba convencida por testigos, y luego se mandó soltar libremente y que el secretario la volviese a su casa; y a dicha doña María Pizarro se prendió y secrestaron sus bienes, y presa, en las confesiones que hace, dice que un día acabándola de exorcizar fray Alonso Gasco, había visto dos hombres vestidos con albas blancas, el uno tenía un rétulo en la mano y el otro una mitra en la cabeza y traía la cabeza cortada en las manos, el cual decía que era Sant Dionisio, y otro desnudo y lleno de heridas y las manos atadas, que era San Sebastián y San Josep, y los dos de las albas decían que eran ángeles, y el uno decía que era Gabriel, embajador de Nuestra Señora, y el que traía un rétulo en la mano le había dicho que le enviaba Jesucristo por su ayo, y que a Sant Dionisio pusieron en una silla muy alta con muchos terciopelos y un estrado, y lo pusieron el de las manos atadas y el otro ángel, y estando así sentado, le había hecho un sermón, diciéndola que Dios la quería mucho porque le había costado mucho y por ninguna cosa que hiciese no desconfiase de Dios, y que esto no lo había visto nadie sino ella, que hablaría con ellos como si hablara con otras personas. Dice otras visiones que vio y cómo hablaba con Gabriel, el embajador de Nuestra Señora, y con los demás sanctos y cómo le aconsejaban cosas buenas. Dice la forma en que se le aparecía el ángel, que era en figura de hombre, sin barbas, con el cabello hasta debajo de la oreja, y con una alba blanca, y que esto había sido después que estuvo mala del mal de los demonios, que había pasado ansí: que no se acuerda del tiempo, mas de su madre era ida a Arequipa, entrando en una huerta se le había aparecido el demonio, como un negro, echando fuego por la boca, encima de una higuera, de lo cual salió asombrada, y aquel día le dio mal de un ojo, que los médicos pensaron que le perdiera; y después desto, una noche yendo a guardar unas calzas a una caja, derramó un candil y el aceite cayó sobre una saya suya y ofreció al diablo la saya, y luego allí le dio un dolor de celebro y se le traspillaron los dientes y dio en un frenesí, que decían que deshonraba a cuantos allí estaban; y luego la curaron por endemoniada y la exorcizaba el provincial de los teatinos y el dicho Luis López, y exorcizándola se había encorporado el diablo en ella, porque veía muchos que parecían negros, que se le echaban encima y la atormentaban mucho y sentía que se le ponía en la lengua y un gran dolor en la cabeza que la parecía que la martirizaban con clavos, y la decían los demonios que se volviese a ellos y dejase a Dios, si no quería padecer aquel tormento; y así pasó aquella noche, y a la mañana se había confesado y recebido el Santísimo Sacramento, y después los demonios le acudieron a los pies, y allí hablaban por señas. Y en otra audiencia dijo que ella quería decir la verdad, como hija obediente a la santa madre Iglesia, y dijo que ella se ofrecía a los demonios diciendo, «ofrézcome a todos los diablos», y luego se le apareció un demonio que venía muy aderezado, que decía que era Señor de todo el mundo y que tenía debajo de su mano a todos los otros, y que no le descubriese que estaba allí, y que la haría señora de todo lo que ella quisiera; y que como era muchacha y no había vístose con hombre, se turbó y le dijo que se fuesen, que si su madre lo sabía, que la mataría; y el demonio respondió que no tuviese miedo de aquello, que él pasaría por delante de su madre y de sus deudos y no le verían, y que así lo haría después, y que entonces le pidió que le diese el corazón y el alma y que para tener prenda dello y señal le diese una poca de sangre, y que ella le dio el alma primero, y no le queriendo dar el corazón y la sangre, aquel principal le había puesto un puñal en los pechos, diciendo que la mataría, y que entonces, con un alfiler, sacó un poco de sangre del dedo del corazón de la mano izquierda, como él le dijo, y se la dio, y la razón porque se ofreció al demonio había sido porque la había enviado un pollo; y en ofreciéndose a los demonios, le aparecieron, como tiene dicho, y le dijeron «aquí venimos, pues nos llamas»; y en dándoles la sangre, desaparecieron, y que después vio pasar la visión que tiene dicho. Dice largamente los que la exorcizaban, que son los dichos provincial de los teatinos, Luis López, fray Pedro de Toro, fray Alonso Gasco, fray Francisco de la Cruz y otros sacerdotes; cómo se decían misas en su aposento y que dejaban sacramento hasta que se decía la postrera misa; cómo la llevaron a la iglesia de la casa del nombre de Jesús; cómo la tuvieron en la sacristía una noche, y que la exorcizaban públicamente en el cuerpo de la iglesia, delante del Santísimo Sacramento. Dice, ansimismo, cómo se quedaban a dormir en su aposento y en el estrado delante de su cama, el provincial Portillo y el dicho Luis López, y otros frailes se quedaban allá algunas noches. Dice, asimismo, toda la historia de como vía el armado que decía que era el ángel Gabriel y cómo le aconsejaban cosas buenas y cómo por el consejo de este armado le lanzaron los demonios y por los exorcismos que él decía que le hiciesen. Dice, asimismo, cómo fray Alonso Gasco y fray Francisco de la Cruz hablaban con Gabriel y con los que llaman santos, de la forma y manera que está referida, unas veces incorporando y otras veces preguntándolos ellos a los santos, y volviéndolos ella la respuesta, y dice que ella por demonios los tiene al presente y siempre estubo en dubda si eran buenos o malos, y que los dichos fray Francisco de la Cruz y fray Alonso Gasco certificaban y decían que no eran sino sanctos y que no eran demonios, los cuales la dijeron que habían de dar a los dichos fray Francisco y fray Alonso un libro para que supiesen ellos cosas grandes, el cual vio sobre una mesa en que estaba un retablo con un crucifijo, y en ella el dicho libro, que era grande y con cuero negro, y ella se lo había dicho, y ellos le dijeron que pues lo veía que se le tomase y se lo diese, y queriéndolo ella tomar, se le desapareció el libro y no le vio más; y los dichos frailes pidieron a los dichos santos que les fuesen a ver a sus celdas, y los dichos sanctos le respondieron que entonces no era tiempo. Confiesa cómo los dichos frailes le habían dado las dichas joyas de oro y terciopelo y raso y tafetán y la perrilla y collares, que esta dicho; ítem, dice como a los dichos frailes habían traído aquellos santos unas estolas y pañuelos y otras cosas, y que un día se acuerda que preguntaban al ángel que les dijese la virtud de aquellas estolas y que ella les había dicho en nombre del ángel, que decían que ellos habían alcanzado de Dios, que diciendo con ellos una misa de pasión, se sacaba un ánima la que quisiesen de purgatorio; y dice de otras muchas preguntas que les hicieron, y aunque no lo sabe bien decir, declara que le preguntaron cerca de pecador si cuando comulgaba recibía el cuerpo de nuestro señor Jesucristo, y no sabe decir en particular qué pasó más entre ellos. Dice asimismo, cómo el dicho fray Francisco de la Cruz y fray Alonso Gasco estuvieron un día en gran disputa delante della sobre si el papa tenía mando o poder sobre las ánimas de purgatorio y otras cosas, y que el Gasco decía que sí tenía y el fray Francisco [76] de la Cruz decía que no, y que lo habían preguntado al Gabriel, el cual dijo que el papa no tenía poder sobre ellas, y el fray Francisco dijo «yo soy desa opinión y fray Alonso Gasco y fray Antonio de Erbias e yo hemos estado disputando aquello y que los dichos Gasco y Erbias decían que sí tenía y que él decía que no»; y el dicho que llaman ángel Gabriel, respondió al dicho fray Francisco y al dicho Gasco, «pudiérasele decir a Erbias que fray Francisco lo sabía por revelación de persona que lo sabía y alcanzaba mejor las cosas del cielo que no fray Antonio de Erbias por sus letras». Ítem, dice que el dicho fray Francisco la dijo cómo le habían llamado en este Sancto Oficio y cómo nos había dado parte destas cosas del ángel y dicho que no podía él creer sino que era ángel bueno y que no tuviese pena, que no la preguntarían a ella nada y que si la preguntasen algo que se remitiese a él y a Gasco. Asimismo, dice que el dicho fray Francisco, un día después de haber venido a este Santo Oficio y haberle dicho lo susodicho y otras cosas, el dicho fray Francisco quería que el Gabriel se pusiese en la lengua della para le hablar y ella nunca quiso y le dijo que preguntase lo que quisiese y el dicho fray Francisco dijo que iba muy afligido y con grandes tentaciones, y el dicho Gabriel dijo: «di lo que quisieres y no tengas pena que aunque sé lo que quieres preguntarme es necesario que lo digas por tu boca»; y el dicho fray Francisco dijo que no quería que lo entendiese ella, por lo que llevaba pena, y el Gabriel respondió que lo dijese en latín y que habló el dicho fray Francisco en latín y el Gabriel le respondió, y que no sabe ni se acuerda qué pasó allí, mas de que dijo el Gabriel al fray Francisco que no temiese, que él salía por su fiador, de que no le harían nada por haber ido a ver a ella, y el fray Francisco dijo que con tal fiador él estaba seguro; y el dicho fray Francisco la dijo que no osaba venir donde estábamos porque no le preguntásemos si la visitaba; ítem dice que después desto estando allí con ella fray Francisco de la Cruz, le dijo el Gabriel estas palabras: «Dile a fray Francisco que no tenga por burla esto de la inquisición, pues que sabe qué cosas son las de la inquisición y cómo las averiguan y que dijese que ya no los veía a ellos ni los hablaba y que ésta sería la mejor excusa, y que ella le había dicho dígalo así vuestra paternidad, que yo haré lo mismo, y el dicho fray Francisco dijo que no, que mejor era decir verdad y que ella dijese el provecho que la hacían y lo que sentía en su alma y los sermones que le predicaban; y preguntada qué provecho sentía que le hacían, dijo que ninguno sintió en su alma, ni en su condición, y que esto les había dicho muchas veces, al dicho fray Francisco y al dicho Gasco y ellos le decían que cómo era posible que en ellos hiciese tanta imprinción y no en ella. Declara, asimismo, que las joyas de oro y otras cosas que los dichos fray Alonso Gasco y fray Francisco de la Cruz le habían dado se las pidió el dicho fray Francisco y ella se las dio, porque el dicho fray Francisco la dijo que el Santo Oficio cuando prendía a uno le secuestraban sus bienes y que no era bien que se hallasen en su poder aquellas cosas, y que si le preguntaban en este Santo Oficio que si había él enviado por aquellas cosas, que dijese que no, y que ella había preguntado al dicho fray Francisco de la Cruz qué haría de unas cartas que tenía allí que le había escrito fray Pedro de Toro y otra que le había escrito Luis López, y el dicho fray Francisco dijo que las resgase o las quemase, y diciéndole ella que en ellas no decía cosa mala, y el dicho fray Francisco dijo que todavía las quemase porque nombrarían allí a aquellos santos, y así las quemó, y dijo después a el dicho fray Francisco que las había quemado, el cual la dijo que había hecho bien; ítem dice que un día, yendo el dicho fray Francisco a verla, le dijo el dicho Gabriel que si él escribía alguna cosa buena que se la tuviese para sí, que no había para qué dar parte a nadie, y el dicho fray Francisco le respondió que no podía dejar de dar parte de una cosa tan alta, y de tanto misterio como en ella había para convertir, y que le diesen crédito y hubiese devotos del ángel; y el dicho Gabriel dijo, «padre fray Francisco, no hay para que hayáis dado cuenta a las personas a quien la habéis dado, porque no os darán crédito, porque ya sabéis que a los santos cuando se les aparecía una cosa del cielo, era después de mucha penitencia, y vos ni ésta habéis hecho, por lo cual merezcáis ver ángel y que el demonio era sutil y tentaba más a los más siervos de Dios, y así le tentaba a él para hacerle caer de hocicos, de manera que no pudiese alzar cabeza en toda su vida, y que no le darían crédito y todos huirían de él, pues que él solo estaba de parecer de hacer creer él a todos que era ángel con illes a decir las cosas que pasaban con él; y el dicho fray Francisco les dijo que cómo teniéndolos él a ellos de su parte le dejaban tentar, y ellos le dijeron que él les daba lugar para que le tentasen; y dice en efecto que el dicho fray Francisco le dijo a ella todo lo que en este Santo Oficio había dicho y lo que nosotros le habíamos preguntado, lo cual dice que le dijo el dicho fray Francisco debajo [78] de secreto y en confesión, y le dijo, «hija, por vuestra vida que desto que os he dicho debajo de confesión, que no deis parte a los señores inquisidores, porque me podría costar muy caro»; y que ella le había dicho ¿hay juramento? y que el dicho fray Francisco le dijo que sí y que juraban sobre un crucifijo y que a ella le iba poco en descubrir aquello, y entonces ella le había dicho que pues había dado parte él a su hermana doña Ana y a su madre, del dicho negocio, si ellos lo dicen e yo lo encubro, ¿no sabe vuestra paternidad que me castigarán? y el dicho fray Francisco dijo, «yo entiendo que no lo dirán vuestra madre, ni hermana, porque yo se lo dije debajo del mismo secreto»; y que ella dijo «padre, si los señores inquisidores lo supieran y me lo dieran a entender, yo no puedo dejar de decillo»; y el dicho fray Francisco le dijo, «yo pongo a Gabriel por fiador que él os lo quitará de la memoria para que no lo podáis decir»; y que en la dicha plática la dijo que aunque la tomasen juramento, no caía debajo del juramento aquello que él decía, que antes pecaría más si lo descubriese y le haría mucho mal, pues que él por dalle aviso se había querido hacer mal y quebrantar lo que nosotros le habíamos mandado; y que asimismo le había dicho cómo había ido en casa de doña Elvira Dávalos y que había dado allá aviso y cuenta deste negocio destos ángeles. Asimismo dice que estando proveído el dicho fray Alonso Gasco por prior a Quito, fue a su casa, y estando con ella a solas, la dijo cómo sus prelados le mandaban ir a Quito y que él no saldría deste pueblo si aquellos santos o ángeles no se lo dijesen, y entonces dijo el Gabriel para que ella se lo dijese a Gasco, que fuese a Quito porque en esto agradaba a Dios mucho, en ir contra su voluntad y hacer la del prelado, y que él le acompañaría siempre y estaría allá con él, y quel dicho Gasco le dijo: «Señor, vereos?» y el Gabriel respondió que no, y el dicho Gabriel dijo asimismo, al dicho Gasco que en Quito estaba una mujer muy rica que tenía una hija y que la madre se vendría a confesar con él y le diría que su hija estaba endemoniada y que él fuese allá y la exorcizase como a ella y que sanaría; y que entonces le dijo el Gabriel a esta confesante «pide algo a tu padre, pide algo a tu padre», y que ella le había pedido dos anillos de oro y una pieza de ropa de india, que se lo enviase de Quito y que el dicho Gabriel dijo a Gasco que se lo enviase, que todo aquello y aún más le proveería la dicha mujer de Quito; ítem, dice que, asimismo, el dicho ángel Gabriel dijo también al dicho Gasco que dijese al Obispo de Quito [79] que no fuese tan codicioso de dineros y hacienda y que tuviese más cuidado de las almas que tenía a cargo y que le dijese que lo sabía por revelación de un ángel; ítem, dice que una vez fue a visitarla el dicho fray Pedro de Toro, como otras veces solía, y que ella le dijo «no sé qué me veo que me dice cosas de Dios», y el dicho fray Pedro le dijo, «debe ser el armado que solíades ver», y que ella le respondió «no, que no le veo armado sino todo descubierto»; y que entonces el dicho fray Pedro de Toro dijo que le quería hablar y saber quién era y luego hizo un conjuro y que ella había quedado sin sentido, y no sabe lo que pasó, mas que después le dijo el dicho fray Pedro que aquél era ángel y que le había dicho que tuviese cargo della, y que desde a dos o tres días el dicho fray Pedro la había ido a visitar y le dijo que quería hablar al ángel, y entrando solos en cierto aposento, ella había dicho a dicho fray Pedro que aquellos ángeles decían que porque él venía dudoso de si era cosa buena o mala, que le conjurase con un conjuro, como cuando ella estaba mala, que la palabra que oyó fue ángel custodio; y que hecho el conjuro, quedó sin sentido, y que después que volvió en sí, vio que estaba todo el aposento cubierto de negro y una tumba en medio y unas hachas encendidas, y que no sabe de qué manera era el fuego dellas y díjoselo así al dicho fray Pedro, el cual dijo que creyó cierto que aquello era cosa buena y que el dicho fray Pedro le había dicho que cuando estaba en ella incorporado aquel ángel le había reñido, diciéndole que el tiempo que había tenido cargo de un obispado no había hecho bien su Oficio, que había estado muy descuidado en aquel cargo y en otros y que no había hecho penitencia, ni por donde mereciese tener quien se lo avisase y que nunca guardaban lo que profesaban y otras cosas desta manera, y que porque era verdad todo aquello creía él que era cosa buena; ítem, dice que poco antes que el dicho fray Pedro se quisiese ir al Cuzco, que era vicario provincial, dijo a aquel ángel que quería hacer capítulo y que el ángel le respondió que no lo hiciese, que no había para qué haber venganza entre los religiosos, que qué tonada dejaría en el pueblo de que él se había querido vengar, y que después el dicho fray Pedro había hecho el dicho capítulo y quitado de prior a Erbias y dádolo al dicho fray Francisco de la Cruz. Y un día antes que el dicho fray Pedro se fuese al Cuzco, vino el dicho fray Pedro a verla y a pedir perdón al ángel de haber hecho aquello, y el ángel le dijo que él no quería dejar de hacer su voluntad, pero que ya estaba hecho, [80] que en el camino le acompañaría San Sebastián;

ítem, dice que estando con aquel mal de los demonios, se le había alzado la regla y se le hinchó, el vientre y el demonio estando incorporado en ella había querido dar a entender, según le dijeron los que estaban allí, que estaba preñada de Luis López y todos andaban con aquella sospecha y que ella, sin saber lo que era, sentía bullir en el vientre, y todos aquellos padres habían dicho que el diablo bien podía poner simiente en una mujer y hacella estar preñada, y que así, con la barriga grande, se pasó a otra casa, y el día de la Madalena se habían juntado allí el dicho Luis López y fray Pedro de Toro y un fraile dominico y la exorcizaron, estando ella fuera de sentido, y después que volvió en sí y ellos habían acabado, sintió que se iba della mucha cantidad de agua y de sangre, y dijeron los dichos padres que estándola exorcizando, habían dicho los demonios que todo aquello habían hecho por difamar la Compañía y a ella, y que cuando hubo salido aquella agua y sangre se le quedó el vientre como antes estaba; ítem dice que estando en cierta casa do se había mudado su madre, el dicho fray Pedro de Toro y el cura Prieto dijeron que acaso habría faltado de ponerla o decirle alguna palabra cuando la bautizaron y tornaron entonces a ponerla como aceite, que era el oleo, en los oídos y en la frente y sal en la boca y un capillejo, como en los niños que bautizan, y una vela en la mano.

     »Ítem, en otra audiencia después que le habíamos hecho la segunda monición para que dijese verdad, según estilo del Santo Oficio, la dicha doña María Pizarro nos preguntó qué cosa era pacto con el demonio y por nosotros le fue dado a entender, y ella dijo luego que lo que hubiere en ello que ella lo diría, y dijo, que cuando pasó lo que tiene dicho de la barriga, que es verdad que los demonios le pidieron su cuerpo y que ella con temor se lo dio y había tenido parte con ella el demonio por tiempo de dos o tres meses, muchas veces, al cual hallaba sobre sí, echándose con ella, estando presentes algunas personas que lo sentían, que era un Diego Martínez y su madre y un Rodrigo Arias; y que cuando el dicho demonio se echaba con ella lo veía en figura de gentil hombre y que a ninguno había dicho esto, sino al dicho padre Luis López, confesándose con él, porque luego que el dicho demonio había tenido parte con ella la primera vez se le había alzado la regla y empezó hinchársele el vientre, como mujer preñada, y sentía dentro del vientre bullir como criatura y que el dicho demonio la había prometido de casarse con ella y la hacía grandes promesas, diciéndola que la haría gran señora y muy rica, porque le decía que era rey, y que ella le había dicho que se casaría con él y que quería dar parte dello a su confesor y el demonio la dijo que no se lo dijese porque no quería, e luego tornó a decir la dicha doña María Pizarro que lo quería decir más del principio, y dijo, que lo que pasa es que, como tiene dicho, en casa de su madre se le había aparecido aquel demonio en un palomar, y dende que se la apareció siempre la andaba persiguiendo a que se echase con él y que se casase con él y le hacía las promesas que tiene dichas, y entonces no conocía que era demonio, y después, un día de cierto jubileo que se había ido en casa de doña Ana, su hermana, aquel día el dicho demonio le había dado un anillo de azabache y le dijo que trajese aquel anillo y no le descubriese y que siempre que quisiese alguna cosa mirase al anillo y lo pidiese al anillo, que luego se lo traerían, y que ella le había tomado y retenía guardado en el seno y cuando quería alguna cosa ponía el anillo en el dedo del corazón, porque así se lo había mandado, y mirando al anillo pedía lo que quería y luego se lo traían y así muchas veces le trajeron plata y cuando iba por ella a la caja donde la había guardado no la hallaba y así nunca había comprado cosa con la plata porque no la hallaba, y también la traían algunas cosas de comer, aunque ella no las pedía y nunca las comió porque no osaba, creyendo que como se le desaparecía la plata, era alguna cosa mala, y dende a cuatro o cinco días que estuvo en aquella casa, la noche que tiene dicho que le dio el pasmo, estando en su cama, vio entrar al dicho demonio en calzas y en jubón y así como venía se echó con ella, y ella lo había sentido y la besaba y la abrazaba y sentía que tenía parte con ella como suele tener un hombre con una mujer y que aquella noche no tuvo con ella conversación más que aquella vez y luego se había sentado en una silla y la había dicho, que no le descubriese, y que le había dicho cómo se llamaba y que no se le acordaba del nombre, y que estas cosas no las confesaba al confesor porque el demonio le decía que no la descubriese; ítem, dice que el tiempo que tiene dicho, que estuvo mala en casa de la dicha su hermana quince días, cuando la atormentaban los demonios, la habían ido a velar de noche algunos religiosos, entre los cuales algunas noches había ido el padre Luis López, de la Compañía de Jesús, y dormía en un estradillo delante de la cama desta confesante, adonde le ponían un colchón y una almohada y una manta frazada, y al compañero le hacían otra cama en el mismo aposento apartada, y el dicho Luis López se había aficionado a ella y la besaba y abrazaba y ella se había aficionado a él y dende algunas noches el dicho Luis López, estando durmiendo doña Isabel de Contreras, que dormía con ella en su cama, y estando durmiendo el compañero, el dicho Luis López había apagado la vela y muy quedo la había sacado de su cama y echado en la suya y allí hubo cópula carnal con ella y la corrompió, se había hecho preñada y se le había alzado la regla, y que el dicho demonio la había dicho que pues había dado su cuerpo al dicho Luis López que se le diese también a él, sino que la descubriría, y que ella por miedo que el demonio no la descubriese, sabiendo ya que era demonio, consintió que tuviese parte con ella, y así la tuvo todo el tiempo de cuatro meses, que estuvo preñada, hasta que movió, y que, como tiene dicho, al tiempo que echaba con ella, la abrazaba y besaba el demonio, pero que in comuni copula non sentire id quod sentiret, dum cum ea jaceret in coitu supra-dictus pater Lopez; sentiri autem ventum quedam, qui per naturale generationis vas in eam introibat. Dice, asimismo, que sintiéndose preñada, había mucho miedo que lo supiesen su madre y hermanas y una cuñada, y dijo al dicho Luis López que si se entendía que estaba preñada que dirían que no tenía demonios sino que lo fingía, porque la viniesen a velar y estar con ella, y que quería procurar de echar la criatura del cuerpo, y el dicho Luis López la aconsejaba que no lo hiciese y que él confesaría a su madre y a todos los de su casa y haría de su madre lo que quisiere y que él la daría a entender por libros de cómo podía el demonio empreñar sin que la mujer lo sintiese, y que ella, con todo eso, deseaba echar la criatura, y así habló con aquel demonio que se echaba con ella y le dijo cómo ella quería echar del cuerpo aquella criatura, y el demonio la dijo que la daría con que la echase y que aquella criatura era buena prenda para ellos y que se la podía dar y que no la atormentarían, y que ella le había dicho que no lo haría por dallos prenda sino por verse libre de aquel preñado, que no lo supiesen su madre y hermanas; y que el dicho demonio le dijo que para que no se supiese que había movido, que con licencia suya, uno de aquellos demonios se le pondría en el estómago y haría que estuviese hinchada como que estaba preñada hasta el tiempo del parir; y que un día de la concepción de Nuestra Señora, por la mañana, a misa primera, el dicho demonio le trajo en vaso de vidrio una bebida negra y ella la bebió, y desde entonces la comenzó a dar mucho dolor en las caderas, y así estuvo con él hasta la tarde, que se le quebró la fuente y salió della mucha agua, y que la dicha su hermana doña María sabía cómo ella estaba preñada del dicho Luis López, porque el dicho Luis López se lo había dicho, dándole ella licencia para decírselo, viendo que parecía que quería mover, le había hecho ciertos remedios para que no moviese y que como ella había dado consentimiento al demonio para que hiciese lo que quisiese para echar aquella criatura, embistió en ella y la dio grandísima vuelta, y toda aquella noche estuvo con los dolores y la veló el dicho fray Pedro de Toro, que sospechaba el dicho preñado y el dicho Luis López; y la dicha su hermana dijo al dicho Luis López que no dejaría de mover, según estaba, y que a cualquier hora que la sintiesen más afligida que la llamase, y que ansí estuvo toda la noche hasta la mañana, que, habiéndose salido todos y quedando sola con una mujer morisca que se llamaba María, movió una criatura viva que era varón y la vio que estaba boqueando, que en efecto salió vivo, y aquella María la tomó de la mano y vio cómo el diablo se la rebató de las manos, y la dicha María dijo «ay, señora, que se me ha desaparecido», y que ella le dijo «anda no se te dé nada, lleva esotro al corral y entiérralo», y la dicha María por cierta puerta que no la vieran los frailes, y lo llevó en una bacinica llena de sangre al corral, que no vio lo que era, y que cuando el demonio arrebató la criatura lo había ella visto muy bien, y porque había vaciado el vientre para que no se echase de ver el haber movido dijo al dicho demonio «¡ay! por las llagas de Dios, me remediad, que no se paresca que he movido, que me matará Luis López»; y el dicho demonio dijo «no nos lo pidas por ese hombre, que no podemos hacello»; y entonces le dijeron que qué les daba ella porque la remediasen, y que ella les dijo que les daría todo cuanto le pidiesen, y el dicho demonio dijo que no quería más de cuanto le tuviese afición, y entonces le dio una pera y le dijo que comiese della, que él haría que se le pusiese un demonio en el estómago, que no le daría pena hasta el tiempo que había de parir, y en comiendo la pera, luego tuvo hinchado el vientre, y que el dicho Luis López no supo que había movido; ítem, dice que antes que moviese y después que movió, el dicho Luis López tuvo cuenta carnal con ella muchas veces, que no supo decir el tiempo que tuvo él amistad, mas de que fue el tiempo que estuvo en casa de la dicha su hermana, y que todo el tiempo que el dicho Luis López tuvo cópula carnal con ella, tuvo también parte con ella el demonio, que decía el demonio, que pues se echaba con el Luis López, no lo había de consentir sino se echaba también con él, y sino que la descubriría; y por esta causa consentía que el demonio se echase también con ella, y que muchas más veces tuvo cópula carnal el dicho Luis López con ella que no el demonio, porque el dicho Luis López estaba con ella en la cama casi toda la noche y ponía la vela allí cerca de un altar que estaba allí donde decían cada día misa y misas, y el demonio las veces que venía no tenía parte con ella más de una vez, y que todas las veces que el dicho Luis López dormía con ella, luego, o otro día, el demonio decía que quería echarse con ella y se echaba, y así todo el tiempo que tuvo el echarse carnalmente con el dicho Luis López, el tener ella parte con el demonio, que fue hasta un día de Sant Sebastián, que la echaron los demonios y la llevaron a casa de su madre, porque como cesó la ocasión de velalla, cesó lo que tiene dicho, pero iban de día a hacerle algunos exorcismos, y todavía tenía en el estómago el otro demonio que le hacía parecer que estaba preñada, con la cual hinchazón de vientre estuvo hasta el día de la Magdalena, que se le vació, como está referido.»

Ítem, dice que, asimismo, el dicho Jerónimo Ruiz de Portillo, provincial de los teatinos, que la exorcizaba y la velaba de noche, se quedaba algunas noches en el estradillo delante de su cama, donde pasó lo que tiene dicho con el dicho Luis López, la había rogado que se bajase a su cama y se echase allí con él, y ella le había dicho que no quería, y que entonces y otras muchas veces la había abrazado y besado el dicho provincial; y dice que es verdad que cuando el dicho Luis López comenzó a tener cópula carnal con ella vía aquel armado que decía ser ángel, que desde el día que estuvo mala le vio, y que cuando el dicho Luis López tuvo con ella la dicha cópula en el tiempo que tuvo y antes, ya el dicho Luis López y los demás religiosos sabían que ella vía aquel armado y le tenían todos por ángel, como tiene dicho. »

Ítem, dijo que ella dijo al dicho Luis López cómo había movido y todo lo que cerca dello tiene declarado, y no lo creyó y llamó a la dicha María, la cual le dijo que era así verdad, y el dicho Luis López dijo que le pesaba de ello, porque creía que a la hora de su muerte se lo habían de poner los demonios delante, por haber ido sin bautismo, y queriéndose confesar esta confesante con el dicho fray Pedro de Toro o con el dicho provincial, el dicho Luis López la dijo que no se confesase con otro sino con él porque no se descubriese, y así se confesó con él. Dice más, que luego que prendieron al dicho fray Francisco de la Cruz por este Santo Oficio, vio como aquellos santos se le desaparecieron de una mala figura, así de pasada y con un gemido, y que después a la noche estando ella en su cama acostada, rezando el rosario de Nuestra Señora, había oído muchos gemidos toda la noche, y a la mañana se halló como medio arrastrada y toda la ropa en el suelo, y que desto nunca dijo cosa alguna a nadie sino que se pasó al aposento de su madre, y que es verdad que después acá nunca ha visto cosa buena ni mala y desde entonces los ha tenido y tiene por demonios...

     »Prosiguiendo la dicha doña María en sus confesiones, añaden los Inquisidores, entre otras cosas, dijo que en el tiempo que había tenido la afición con aquel demonio y se echaba con él, el dicho demonio le había dicho que si ella le daba licencia que él, la vengaría de su madre, que la trataba mal, y que ella siempre le había dicho que no, y habiéndosele hundido un aposento en casa de la dicha su madre, el dicho demonio la había dicho «veamos con qué paciencia lo lleva tu madre», y que el dicho demonio la decía que si la descubría que la había de matar todo su ganado que tenía, y habiéndosele muerto parte del ganado, dijo a los dichos fray Pedro de Toro y Luis López, cómo el diablo le había dicho aquello y que ellos le habían dicho que era imposible que el diablo tuviese tal poder sino fuese teniendo el dicho demonio con ella algún concierto, y que sino lo declaraba y se confesaba dello, que no sanaría, y que el señor Arzobispo había dado licencia al padre provincial y al dicho Luis López para absolverla, y que entonces ella les había dicho cómo tenía hecho concierto con el demonio de no comer, ni beber, ni confesarse, sino fuese con licencia de aquel demonio que se echaba con ella, y que aunque vía a otros demonios sólo aquél hablaba con ella. »Ítem, dijo que primero se echó con ella el demonio que no el padre Luis López, y que etiansi demonium cum ea incubuisset, nunquam eam corrumpisse nec virginitatem ademisse; cum sensisset spiritum vel flatum, qui per vas generationis in eam introibat, como tiene dicho, y que después pasó lo que tiene dicho con el padre Luis López, el cual la corrompió, como tiene dicho, y que la primera noche que durmió con ella fue la noche del día de las Once mil Vírgenes.

     »Después de lo cual pareció que la dicha doña María Pizarro enfermó y el médico de este Santo Oficio avisó cómo estaba muy mala y a peligro de muerte y que convendría confesarla, y visto el parecer del médico, le dimos por su confesor a fray Juan del Campo, de la Orden de San Francisco, que al presente es provincial, y la confesó, y dimos orden para que se ratificase en lo que tenía dicho en sus confesiones contra cómplices, y estando en la cama enferma, fuimos a su cárcel y ante las personas honestas se le dijo que el fiscal la presentaba por testigo y que se le leirían sus confesiones para que si en ellas hubiese que añadir o quitar o enmendar, lo hiciese, según es del estilo del Santo Oficio, la cual dicha doña María, habiéndosele leído las dichas sus confesiones, enmendó y añadió y revocó algunas cosas, especialmente dijo que lo que había pasado en presencia del que llamaban ángel entre fray Francisco de la Cruz y fray Alonso Gasco, se acordaba que había dicho allí fray Francisco de la Cruz que por libros había hallado el que el Papa no tenía poder sobre las ánimas de purgatorio.

     »Ítem, que en lo que tenía dicho que el padre Luis López había tenido comunicación carnal con ella muchas veces, que la verdad era que no había tenido comunicación carnal con ella más de dos veces, y que el demonio había tenido muchas veces parte con ella, de la manera que tiene dicho.

     »Ítem, que en lo que dijo del provincial de los teatinos, Jerónimo Portillo, que lo revoca todo, porque no pasó tal ni el tal le dijo. Después desto, diciéndonos el médico que se moría, fuimos a la cárcel de la dicha doña María, la cual estaba en su buen juicio, y siéndole dicho si se acordaba alguna otra cosa sobre su negocio, dijo que tenía una cosa que decir que le encargaba la conciencia, y siéndole dicho que la dijese, dijo que lo que tenía dicho que pasó con Luis López, que la corrompió y había, estado preñada dél y lo que dijo que había movido y que lo habían llevado los demonios, que no pasó tal cosa, que todo aquello es falso y se lo levantó al dicho Luis López por estar enojada con él, porque estaba tan doncella como su madre la parió, y que lo que tenía dicho de la pera que comió y del demonio que se la puso en el vientre para que pareciese que estaba preñada, después que dijo que había malparido, que todo aquello era falso, por desde el principio había sido hinchazón del demonio, y dijo que ella había tenido y creído que el demonio le podía hacer todo el bien que decía, y creía que el demonio podía hacer todas aquellas cosas, y que así creía todo lo que le decía el demonio y no quería creer lo que le decían los otros, y que el concierto que tenía dicho que hizo con el demonio de no comer ni beber sin su licencia, de la manera que tenía dicho, que bien sabía que era demonio y que era contra la ley de Dios Nuestro Señor y contra lo que manda la Santa Madre Iglesia, y que esta creencia le parecía que no había sido un mes, y que después que supo y entendió y conoció que era demonio, había el dicho demonio tenido aceso con ella de la manera que tiene dicho, y que en lo que dijo que ella había dicho al demonio cuando se le ofreció que si quería que la vengase de su madre que ella le había dicho que no, que no había sido sino al contrario, que antes dijo que sí quería.

     »He visto que le gravaba su enfermedad y que estaba en el artículo de la muerte, atento a que era menor de edad y mujer, conformándonos con la instrucción número setenta y uno, la admitimos a reconciliación con la abjuración que se requiere, y el confesor la absolvió sacramentalmente, pasó en primero de junio del año pasado de mil quinientos setenta y tres; y después desto, parece que la dicha doña María Pizarro, aunque estaba doliente, siempre pidió audiencia y venida a ella en nueve de Agosto del dicho año, dijo entre otras cosas, que en la casa de su hermana doña Ana se había ofrecido al demonio, como tenía dicho, y aquella noche el demonio tuvo parte con ella carnalmente y fue della mucha sangre de las partes vergonzosas de la generación natural de las mujeres, y que muchas veces tenía cada noche parte con ella dos o tres veces, y unas veces era cuando estaba en sí que el demonio la decía que la quería atormentar y que si le dejaba echar con ella que no la atormentaría y que ella, a trueque de que no la atormentase, consintía; y otras veces estando fuera de sí, cuando tornaba a su sentido, le hallaba sobre sí, teniendo cópula carnal con ella, y que entonces se había hecho preñada del demonio, y lo descubrió al dicho Luis López en confesión, diciendo que se le había alzado la regla y que sentía bullir en el vientre y que después, como tenía dicho, por una vuelta que la dio el demonio derribándola de la cama, movió de tres meses una criatura, y que ello figurada criatura era, y que lo que tenía dicho que lo llevaron los demonios, que no es verdad, que la moza lo llevó al corral, y que lo que tenía dicho que estaba doncella como su madre la parió, que no lo estaba, porque el demonio la había corrompido y había movido, y que no ha conocido hombre carnalmente en su vida, y que desde que movió le había quedado el vientre aventado y entonces todos sospechaban que estaba preñada del padre Luis López, porque el demonio decían que lo decía por la boca della, y los padres que la conjuraban lo decían después. Y después desto en cuatro de diciembre del dicho año de mil quinientos setenta y tres, estando enferma otra vez a punto de muerte, la dicha doña María dijo al dicho fray Juan del Campo, su confesor, que tenía ciertas cosas que declarar para descargo de su conciencia y que nos lo dijese y así fuimos a su cárcel, y estando en la cama muy agravada de su enfermedad, que decía el médico que era una postema en el hígado, dijo e confesó que aquellos demonios que decían ser santos habían dado al dicho fray Francisco de la Cruz un anillo de oro, el cual traía el dicho fray Francisco en el seno y que el dicho anillo se le había visto ella dar visiblemente, y cuando el dicho fray Francisco quería hablar con ellos los llamaba por aquel anillo e que no había oído ni sabía las palabras que decía, mas de que mirando el dicho fray Francisco aquel anillo luego vía que venían aquellos ángeles o demonios, y declaró las señas del dicho anillo y dijo que le había dicho el dicho fray Francisco que si le preguntásemos por aquel anillo, que no lo dijese, que no tenía obligación de decillo, y cuando el dicho fray Francisco iba a su casa entrando donde ella estaba, preguntaba si estaba allí la buena compañía, y si ella decía que estaba allí, hablaba y platicaba con ellos lo que quería, y si decía que no estaban allí, sacaba el dicho fray Francisco el anillo y luego venían, y algunas veces los enviaba a saber cosas de España y otras veces les preguntaba cosas theolugía; y hecha esta declaración, se ratificó en ella ante personas honestas y en forma. »E, después, en once de diciembre del dicho año, murió y falleció y pasó desta presente vida, la cual mandamos enterrar en una caja clavada y secretamente en una capilla del monasterio de la Merced, el cual lugar está señalado y asentado por auto en su proceso.

»El negocio de doña María Pizarro se ha quedado en este estado y no hemos pasado adelante procediendo contra su memoria y fama, porque, como no le se puso la acusación, no se proveyó de curador, ni con su autoridad, ni ante él se ratificó en sus confesiones, y como ella tan varia en ellas dejábamosla ir diciendo y animábamosla a que dijese la verdad y asentase en ella, haciéndole sus moniciones, y atento a esto nos ha parecido que no debíamos proceder a más hasta dar cuenta a Vuestra Señoría, para que nos ordene lo que sea servido, y sus bienes se están en secreto.

     »El proceso de fray Francisco de la Cruz, decían en esta ocasión los inquisidores, se ha ido continuando y se le han puesto otras dos acusaciones y él va siempre declarando muchas cosas en sus confesiones que ha dicho y hecho y le han pasado en el discurso deste que llama Ángel, así como él con otras personas, que sacallas todas en relación sería cosa muy prolija, y así, diremos destas muchas, algunas que el dicho fray Francisco de la Cruz dice y afirma: que este ángel es bueno y que no se sujetará sino fuere al concilio general o al mismo Pontífice, y en esto a estado pertinaz, y dice que entendiendo los luteranos que este ángel es bueno se tornarán a la obediencia de la Iglesia romana y tratando destos misterios deste ángel, dice que estas revelaciones, aunque era justo que se examinen, no es justo que se menosprecien, ni era buena razón decir que no tiene la Iglesia necesidad de nuevos milagros, y entre otras cosas dice, que dende la primitiva Iglesia hasta agora, no ha tenido la Iglesia católica romana mayor necesidad de milagros que en estos tiempos en los cuales víamos, que la mayor parte de los que eran cristianos se habían apartado de la cabeza de la Iglesia y consiguientemente se habían perdido, y comúnmente atribuían a la diligencia de la Inquisición no haberse también perdido la fe en España y en las tierras que están limpias de herejías, según las causas inferiores, y que por vías humanas y con razones, no puede la Iglesia reducirlas a su gremio, si Dios no muestra milagros nuevos.

     »Asimismo, ha querido fundar por muchas razones y autoridades de la sagrada escritura que este su ángel es bueno y que en todo lo que ha dicho verdad, pidiéndonos que le soltásemos de la prisión, porque estaba sin culpa, dando a entender que nos pensaba recusar; dice, asimismo, que aunque, según lo alegado y probado en este su negocio, es tenido por reo, que él no se tiene sino por testigo en la materia del ángel, y que fray Alonso Gasco y fray Pedro de Toro no eran reos sino testigos en esta materia; y después dice que le pesa de haber dicho aquellas palabras de querernos recusar sino que confía su honra y su defensa de nosotros.

     »Ítem, habiendo el dicho fray Francisco comunicado con el doctor Guarnido, su letrado, el dicho negocio y habiéndosele leído al dicho doctor Guarnido en diversos días y audiencias todas sus confesiones y acusaciones y respuestas, el dicho su letrado nos pidió que le señalásemos un teólogo con el cual se pudiese aconsejar en las cosas que no eran de su facultad, y habiéndosele dado al padre fray Miguel Adriano, predicador de la orden de Santo Domingo y regente del estudio de dicho monasterio, el cual habiendo visto las dichas sus confesiones, dio al dicho doctor Guarnido su parecer por escrito y firmado de su nombre, por el cual, en efecto, dice que si el dicho fray Francisco de la Cruz no retrata catorce proposiciones, no le puede ni debe ayudar, que son las siguientes: -la primera que decir y afirmar que este ángel de quien dice y habla es ángel de luz, no se puede defender, ni el autor della, sino es diciendo e afirmando ser ángel de tiniebla y demonio; -la segunda, que los ángeles fueron criados antes que el cielo; -la tercera, que los ángeles fueron criados antes que los malos; -la cuarta, haber errado la Iglesia en poner en la letanía antes a San Miguel que a San Grabiel, por cuanto San Gabriel es mayor ángel que San Miguel; -la quinta, que San Gregorio dijo una necedad en decir que el ángel que pecó fue el supremo; -la sexta, que Cristo nuestro Señor no le enclavaron los pies en la cruz viviendo, sino después de muerto; -la sétima, que cuando el pecador recibe a Cristo nuestro Señor, en llegando el sacramento a la boca, deja destar debajo de las especies, y que no desciende al estómago; -la octava, que no es error decir que agora los cristianos aunque sean discretos, no están obligados a creer el misterio de la Encarnación; -la nona, que los indios y negros en esta tierra no están obligados a creer el misterio de la Encarnación, y que basta que crean que hay Dios y que es remunerador; -la décima, la indulgencia que dice y afirma haberle concedido el ángel para que con ciertos corporales, diciendo cierta misa, saque un ánima de purgatorio; -la oncena, que dice que según los teólogos es lícito escoger el menor mal para quitar mayor mal, y escogió mentir, por no decir cierta cosa; -la docena, algunas cosas que ha dicho sin razón ni fundamento, como que Joseph azotó a Cristo porque se quejó de uno de los San Joanes, y que un religioso condenó al demonio en que por tiempo de mil años no tuviese mando sobre los demonios inferiores, y que Cristo nuestro Señor se desposó con doña María Pizarro, lo cual estaba figurado en ciertas palabras del apocalipsi, y que el ángel de quien se dice en el canon (no se entiende) es San Grabiel; -la trece, cuanto a lo que dice que aquel niño Gravelico, nació para profeta en esta tierra y que ha de convertir los naturales della y que viene como verdadero profeta: que todas las dichas proposiciones había de retratar al reo por la orden que nos pareciese, y que haciendo esto le podría ayudar y no de otra manera; y comunicando con el dicho su letrado lo susodicho y diciéndoselo así al dicho fray Francisco de la Cruz, el susodicho dijo que no lo quería hacer porque iban fundadas sin razón, y tomando en mal sentido las cosas que se han de entender en otro: y el dicho su letrado, vista su respuesta, se desistió de la defensa del dicho negocio y causa, en presencia del dicho fray Francisco de la Cruz, el cual dijo que había por bueno que el dicho su letrado se desistiese de la defensa de su causa porque conocía que su causa no dependía de cosas de leyes, sino de dar satisfacción en razón de teología a las cosas que hicieran dificultad a los teólogos. E después desto, en otras muchas audiencias, quiere probar por las lecciones de un breviario con que rezaba, las cosas y misterios de lo que le dijo este su ángel, trayendo, alliende de aquellas lecciones, otras muchas autoridades del apocalipsis y de la sagrada escritura; y dice más, que para declarar el principal argumento y sustancia deste misterio, y quiere Dios remediar espiritualmente esta tierra, queriendo mostrar a los eclesiásticos las faltas generales y comunes que hay en ella para que echando de ver en ellas las procuren remediar. Entiende por doña María Pizarro la comunidad de los indios, y su madre y deudos, por los españoles, aplicando las faltas de la doña María y sus deudos a los dichos indios y españoles para que hubiese freno en estas faltas.»

     Después de seguir dando relación detallada de la causa, terminan los jueces:

     «Lo que nos parece que advertir en este negocio del fray Francisco de la Cruz a Vuestra Señoría es, que habemos mandado ver las dichas sus confesiones para que se califiquen a las personas más doctas que se han podido hallar en este reino, que son el padre fray Juan del Campo, provincial de la Orden de San Francisco, y a fray Luis López, provincial de la Orden de Santo Domingo, y a Joseph de Acosta, de la Compañía del Nombre de Jesús, los cuales después de haber visto todas las dichas sus confesiones en diversos días y audiencias y haberle mirado y estudiado, han calificado particularmente por sí las proposiciones que de sus confesiones se sacan y deducen unas por heréticas luterarias, otras por cismáticas, otras por sospechosas, malsonantes, escandalosas, impías y blasfemas, e todos ellos concuerdan y dicen que este reo es hereje cabiloso, astutísimo en el modo de introducir sus errores y secta y que ha puesto los mayores fundamentos de pertinacia que hereje ha puesto, y que se ha de notar el grande artificio con que procede y el lenguaje de que usa y que todas las herejías principales que a la fin dice las tenía desde el principio sembradas y dichas debajo de figuras y metáforas, sin que se entendiese la ponzoña, lo cual agrava mucho su causa, y que según el modo que ha tenido en proceder y las figuras y metáforas de que ha usado, pudiera por esta artificiosa invención predicar toda su secta y entenderse con quien él quisiera sin que fuera entendido de los demás, principalmente con la opinión y buena fama que tenía, y que un hombre que tiene reducida la secta al lenguaje tan metafórico y particular, olía muy mal

«Ítem, que las cosas que dice y afirma son tan conformes a lo que la carne pide que es la más aparejada que se ha inventado para traer a su dañada secta a todos géneros de gentes, porque a los clérigos les da licencia para casarse, a los frailes que, si fueren flacos, se casen, a los casados que puedan tener muchas mujeres, a toda la comunidad quita la obligación de la confesión sacramental, que las leyes eclesiásticas y censuras y penas se quite, a los hombres de honra que puedan vengar sus injurias y que puedan salir en desafíos, a los vecinos, de la perpetuidad de los indios, a los soldados y a los conquistadores, que las conquistas que han hecho en el Perú son lícitas, y que un hombre de su opinión predicando estas cosas y en esta tierra, harto mejor encaminado iba para introducir su secta que Lutero, y más, echando della al Rey Don Felipe, nuestro señor, y dándole rey acá y persuadiéndoles el alzarse con la tierra.

     »Ítem, que tiene los mayores fundamentos de pertinacia que ningún hereje ha tenido, mayores que Lutero. Ítem que se ha de notar que los nublados y preñeces grandes que hay en las dichas confesiones, fuera de lo dicho, son para parir otras muchas cosas grandes en esta su secta. Ítem, que en ser enemigo de la Iglesia romana y del Papa y de los eclesiásticos y pertenecientes a ella es grandísimo luterano, no menos atrevido y descomedido en sus palabras e injurias que lo son todos ellos, y que así es formalmente hereje pertinaz, cismático; y añade más el dicho fray Juan del Campo, que algunas veces le pareció que este reo era loco y falto de juicio y que mirando mucho con atención el artificio que lleva y las zanjas que iba echando para sembrar sus herejías y otras cosas que ha notado y, finalmente, que el estilo es el mismo de que siempre ha usado, el cual era de mucha maña y artificio, le parece que no está loco, sino en su juicio, como antes lo estaba, y que no cree que aquel poco de espacio estuvo loco, sino que fingió la locura, como mañoso, astuto y sagaz que debe ser, y cerca desto de locura a nosotros siempre nos ha parecido y agora nos parece lo mismo, que no estuvo loco, ni agora lo está, porque dice y refiere en sus confesiones y después acá ha hecho casi todas las palabras que dijo estando con la fingida locura, y todas las interpreta conforme a su intento e fin, y casi todas ellas parece que son como declaraciones que interpretado de lo que dijo y declarado tenía de antes de ahora y encubiertamente confesado y de muchas que un testigo de cárcel tiene declarado contra él, y asimismo, declaran los testigos que se han rehabido acerca desta su locura que entienden fue fingida, y para los que estamos presentes es cosa muy clara.

     »Por la relación deste negocio de Fray Francisco de la Cruz, así por la que habemos dado antes de agora como por la presente, parece que este su hijo Gravelico, habido en adulterio en doña Leonor de Valenzuela, hija de doña Eloísa Dávalos, tiene dicho del este reo, que dijo el ángel que había de ser otro Job, comparándole en muchas cosas a San Joan Bautista, así en su nacimiento, como en que había de ser gran cosa en la Iglesia de Dios, y todo lo demás que por las dichas relaciones parece, y estas cosas el dicho fray Francisco las trató y comunicó con su madre y con todas las hijas de la dicha doña Elvira. Y demás desto, hemos tenido información que la doña Ana de Rivera, que le tenía a cargo, alababa de muy sabio y entendido al dicho Gravelico y que decía que ya comenzaba a hablar, y decía que Dios era su padre y que nuestra Señora era su madre; y visto esto y lo demás que del proceso se colige, para obviar los inconvenientes que desto podrían resultar, se vio con el ordinario y consultores y pareció que el dicho Gravelico se sacase de aquella casa y poder de aquellas mujeres y se pusiese en parte donde no supiesen dél. Enviamos por él a casa de la dicha doña Elvira al Secretario de este Santo Oficio, y le trajo, y en un navío que iba a Panamá le hicimos embarcar secretamente y que le diesen al Vicario de Sancta, y que el Vicario de Sancta le llevase a la ciudad de Trujillo, en casa de un caballero que se llama don Juan de Sandobal, donde se cría y está al presente, sin decille ni escribille cúyo es, ni de dónde se tomó.»

     Siguió Cruz, mientras tanto, defendiéndose como podía, «hasta tanto que dijo que no tenía más que decir y que concluía definitivamente, y por nos visto lo susodicho, movidos con celo cristiano de caridad porque su ánima no se perdiese, le dimos cuatro personas teólogos de letras y recta conciencia para que por autoridades y razones de la sagrada escritura le diesen, a entender y le desengañasen de las herejías y errores en que estaba y se convirtiese a nuestra santa fe católica y se sujetase a lo que tiene prédica y enseña la santa madre iglesia católica romana, pidiendo penitencia de sus culpas, los cuales habiendo tratado con el dicho fray Francisco de la Cruz en diversos días y audiencias y dándole a entender cómo lo que tenía dicho y declarado eran errores y herejías claras y manifiestas, y habiéndole convencido por autoridades de la sagrada escritura ser esto así, el dicho fray Francisco, viéndose atajado, dijo y respondió que entendiesen que tratarle de persuadirle a lo que los dichos teólogos le decían, era como si le tratasen de tornarse moro, y en la última audiencia que cerca de lo susodicho se tuvo con el dicho fray Francisco, habiendo con él tratado y comunicado los dichos teólogos por tiempo y espacio de más de tres horas, trayéndole muchas autoridades de la sagrada escritura para le apartar del error en que estaba y que se redujese a la obediencia de la santa madre iglesia y se desdijese y retratase de lo que tenía dicho, pues eran herejías tan notorias y manifiestas; el dicho fray Francisco de la Cruz, dijo que nosotros éramos interesados en este negocio y que él veía que los dichos teólogos eran de contrario parecer del que él tenía, y que por ser esta su causa tan grave se debía remitir al Papa, y que así no se sujetaba a nosotros y pedía que no conociésemos della, sino que la remitiésemos al Sumo Pontífice; y que los milagros que el dicho su ángel había hecho los tenía por tales que claramente le convencían ser verdad lo que tenía dicho y ser cosas de Dios, y que entendía que siendo otros sus jueces, se probarían muchas cosas en aprobación de la bondad del dicho su ángel y por ventura los dichos teólogos mudarían de parecer y que no se apartaba de lo que tenía dicho, con la sujección debida al Sumo Pontífice y a la iglesia católica romana, como tenía dicho; y así endurecido, se quedó obstinado y pertinaz en las dichas sus herejías y errores falsos y perniciosísima doctrina, lo cual por nos visto y todo lo demás que vista y examinación requiere, habido nuestro acuerdo y deliberación con personas de letras y conciencia, Christi nomine invocato; fallamos, atentos los autos y méritos del dicho proceso, el dicho Promotor fiscal haber probado bien y cumplidamente su acusación, según y como probar le convino, damos y pronunciamos su intención por bien probada, en consecuencia de lo cual que debemos declarar y declaramos el dicho fray Francisco de la Cruz haber sido y ser hereje pertinaz heresiarca, dogmatizador y enseñador de nueva secta y errores, y haber hecho y cometido todos los delitos de que fue acusado y otros muchos que ha confesado, y que la sumisión que hace al Sumo Pontífice romano es falsa y simulada y por ello haber caído e incurrido en sentencia de excomunión mayor y estar ligado della, y mandamos que actualmente sea degradado de todas las órdenes que tiene, y así degradado le debemos relajar y relajamos a los muy magníficos alcaldes ordinarios desta ciudad, a los cuales rogamos y encargamos muy afectuosamente (como de derecho mejor podemos) se hayan benigna y piadosamente con él, y declaramos los hijos del dicho fray Francisco y sus nietos, por la línea masculina, ser inhábiles e incapaces y los inhabilitamos para que no puedan tener ni obtener dignidades, beneficios ni oficios, así eclesiásticos como seglares, ni otros oficios públicos y de honra, ni poder traer sobre sí, ni en sus personas, oro, plata, piedras preciosas, ni corales, seda, chamelote, ni paño fino, ni andar a caballo, ni traer armas, ni ejercer, ni usar de las otras cosas que por derecho común (leyes y premáticas de estos reinos, instrucciones y estilo del Santo Oficio a los semejantes inhábiles) son prohibidos, y por esta nuestra sentencia definitiva juzgando, así lo sentenciamos, pronunciamos y mandamos en estos escritos y por ellos. El Licenciado Cerezuela. -El Licenciado Antonio Gutiérrez de Ulloa. -Fray Miguel Adrián, -presentado.»

     El proceso se había terminado así el 14 de julio de 1576, después de transcurridos casi cinco años de la prisión del reo; pero el 18 de mayo del año siguiente los Inquisidores resolvían que fuese puesto a cuestión de tormento para que declarase la intención con que había procedido. Y luego los dichos señores Inquisidores y Ordinario le mandaron llevar a la cámara Del tormento.

     »Y luego incontinenti, estando los dichos señores Inquisidores y Ordinario en la cámara del tormento, presente el dicho fray Francisco de la Cruz, fue tornado a amonestar que por reverencia de Dios, diga verdad, el cual dijo que no tiene que decir más de lo que tiene dicho.»«Fue mandado quitar la capa y tornado a amonestar que diga verdad, dijo que no tiene más que decir.»Fuele quitado el escapulario y tornado a amonestar que diga verdad, dijo que no tiene más que decir que lo que tiene dicho.

     »Fuele mandado quitar el sayo y el almilla y amonestado que diga la verdad, dijo que no tiene más que decir que lo que tiene dicho.

     »Fuele mandado poner unos zaragüelles y que se descalze, y amonestado que diga la verdad, dijo que no tiene que decir más de lo dicho.

     »Fue mandado quitar el jubón, y amonestado, dijo que no tiene más que decir.

     »Fue mandado quitar las calzas y los zapatos, dijo: verá Vuestra Señoría cuán flaco soy y cuán fácilmente se acabará mi vida.»Fue mandado descalzar y quitar los zapatos, y amonestado, dijo que no tiene más que decir.»Fuele mandado quitar la camisa y quedó desnudo y con los zaragüelles y sentado en el potro, y amonestado que diga la verdad, dijo que no tiene que decir más de lo dicho. »Fue mandado tender en el potro, y estando tendido, fue tornado a amonestar que diga verdad, dijo que no tiene más que decir. »Fuele dicho que por ser ya dada la hora, le mandaron quitar del tormento, con protestación que hacían que no le habían por suficientemente atormentado, que recorra su memoria y diga verdad, y así le fue mandado vestir y volver a la cárcel.»

     Habían, sin embargo, de transcurrir dos años más en 1 de abril 1578  antes de que terminase en la hoguera el suplicio de aquel cuerpo ya tan extenuado.

     Por lo que toca a los cómplices de Cruz, la Pizarro, como ya sabemos, yacía sepultada en el convento de la Merced, sin que nadie tuviese noticia de lo que había sido de ella. Ni era menos triste lo que había acontecido con Toro. Sus defensas quedaron terminadas a fines de septiembre de 1575, poco más de tres años después de su prisión, en cuya época dio parte el médico del Tribunal que el preso se sentía acometido de una calentura continua y en mucho peligro de su vida. Mandaron llamar entonces los Inquisidores al provincial de los franciscanos, Fray Juan del Campo, el mismo que había recibido las últimas confidencias de la Pizarro, para que le confesase; y como el primero de diciembre tornase el facultativo a dar aviso de que el enfermo se hallaba muy malo, mandaron a Campo le absolviese sacramentalmente, pronunciándose con esto su sentencia de reconciliación, que Toro no pudo ya firmar por su estado. Un mes más tarde, el primero de enero, manifestó el alcaide «cómo el reo estaba muy al cabo, y el médico dijo que se iba consumiendo y acabando. Los Inquisidores acordaron que se llevase al reo a casa de un familiar, para que allí se curase, y si Dios le llevase, se podría mejor enterrar; y habiendo encargado el secreto al familiar, llamado Juan de Bilbao, fue llevado a su casa una noche a 13 de enero. Pareció el dicho familiar y dijo a los Inquisidores cómo el dicho Fray Pedro de Toro estaba muy al cabo, y pedía el Santísimo Sacramento, y los Inquisidores mandaron que se le dijese una misa en el aposento donde estaba, y se le diese, y así se hizo; y a dieciséis días de dicho mes de enero de 1577, paresce que murió el dicho Fray Pedro de Toro, y los Inquisidores mandaron que lo llevasen a enterrar a Santo Domingo, una noche, con mucho secreto, y que lo enterrase el Prior con dos frailes, que todos jurasen de guardar secreto; y así se hizo. Y después de esto, se vio este negocio en consulta, y fue votado a que este reo saliese en estatua, con su hábito penitencial, en aucto público y allí se le leyese su sentencia, y fuese admitido a reconciliación en forma.»

     Gasco, a pesar de que los jueces le reconocieron ser buen confitente, no por eso escapó de que se le aplicase un moderado tormento por la intención.

 «En el tormento perseveró en las dichas confesiones, y no dijo más: vuelto a ver el negocio en consulta, se votó a que el reo saliese al aucto público y abjurase de vehementi, y que esté recluso en un monasterio de su Orden que le fuese señalado, por espacio y tiempo de seis años, y no celebre en el primer año, y comulgue como le paresciese a su prelado, y sea privado perpetuamente de voz activa y pasiva y de leer y predicar y confesar, y que en la primera flota sea enviado a España, para que allá acabe de cumplir su penitencia.»

     Si un hombre como Cruz, según la expresión del fiscal Alcedo, tenía confesado lo bastante «para le quemar cien veces», no era posible que los Inquisidores se contentasen con perseguir a sus principales cómplices y no tratasen de alcanzar también a sus secuaces de segundo término: y al efecto, hicieron aprehender a Diego Vaca, pobre hombre que no sabía leer ni escribir, pero a quien Cruz atribuía ciertos sueños que calificaba de revelaciones, y que de una manera semejante había dado a entender a Toro que «Santo Tomás había errado en decir que Nuestra Señora fue concebida en pecado original, que no comprendió el Apocalipsi, y que las tribulaciones de España e Italia durarían hasta el año de 84". Mas, Vaca confesó luego que andaba errado en tener por ángel bueno y por santos aquellos que decían Cruz y la Pizarro, y el celo de los Inquisidores se aplicó luego, mediando reo tan insignificante.

FUENTES: ENTRE ANGELES Y DEMONIOS. MARÍA PIZARRO Y LA INQUISICIÓN DE LIMA 1550-1573 de Rene Millar Carvacho de la Pontificia Universidad Católica de Chile. y la HISTORIA DEL TRIBUNAL DE LA IINQUISICIÓN DE LIMA: 1569-1820 de José Toribio Medina. Capítulo V:  Proceso de Fray Francisco de la Cruz. -Ídem de Fray Alonso Gasco. -Ídem de Fray Pedro de Toro. -Ídem de María Pizarro. -Otros cómplices de Cruz. -Causa del jesuita Luis López. -Auto de fe de 13 de abril de 1578.

 

El loperano Diego Pérez Gutiérrez un maestro del moldeado de la madera.

El loperano Diego Pérez Gutiérrez un maestro del moldeado de la madera.

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Pasión por el moldeado de la madera para la creación de obras de arte en miniatura. El loperano Diego Pérez Gutiérrez ha convertido su domicilio junto a la popular Ermita del Cristo del Humilladero, en un verdadero museo de artes y costumbres loperanas en miniatura de madera. Este loperano (de profesión taxista hasta que se jubiló) de 88 años comenzó hace unos años por interesarse en hacer objetos de madera en miniatura (sillas, puentes, pozos, etc.). En estos días Diego se enfrenta a un nuevo reto el devolver las manos a una antigua imagen del Sagrado Corazón de Jesús, la cual las tenía mutiladas. Nuestro artesano con gran paciencia le ha realizado a la imagen unas nuevas manos a partir del moldeado de madera de castaño y ha conseguido que la imagen recupere su esplendor por lo que le está muy agradecida la vecina que confió en  Diego para que se las devolviera a su entrañable imagen del Sagrado Corazón de Jesús. Un nuevo logro para este loperano que es incansable y le encanta pasar buenos ratos en su taller creando obras de arte a partir del moldeado de la madera. En todas sus obras Diego Pérez ha dejado impregnado su arte y su buen hacer con unas mínimas herramientas (limas, garlopa, navajas, sierras, etc.) pues tiene unas manos prodigiosas y una memoria extraordinaria de como funcionaba y como era todo hace ya muchos años. A este loperano le encanta que los niños y las personas mayores se acerquen hasta su taller y allí les pueda explicar el funcionamiento de la almazara, del lagar y los distintos aperos que se utilizaban en las eras. Con todo este ingente trabajo Diego se siente útil y vivo a la vez, pues ha encontrado en el moldeado de las maderas a un gran aliado y que le estimula cada día para seguir adelante, con el único objetivo, como dice Diego, de “que sean conocidos por las nuevas generaciones y que nunca se pierdan, pues han sido durante muchos años los compañeros de trabajo de muchos loperanos”.

Artesanía a partir del reciclado de bidones de hojalata.

Artesanía a partir del reciclado de bidones de hojalata.

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

El loperano Rafael Alcalá Tamaral a sus 81 años ha encontrado en la artesanía a partir de reciclado de hojalata su gran aliado y compañero de trabajo en los últimos años. Rafael es un hombre súper activo que cada día acude a su taller y con unas manos prodigiosas y una gran imaginación, no cesa de realizar verdaderas obras de arte con la hojalata procedente de los bidones de disolvente y pinturas que le regalan en las carpinterías de Lopera. Tras recortar las tapas del bidón, la hojalata la moldea con unos artefactos que el mismo ha diseñado y le va dando la forma de espiral a las distintas tiras de hojalata y después con suma paciencia y con estaño y soldadura crea verdaderas obras de arte. Con estos materiales reciclados decora y hace ermitas en miniatura, que sirven para albergar a las imágenes de la Virgen de la Cabeza en estampas y azulejos. También decora con filigranas de chapa los contornos de relojes, espejos y porta fotos y realiza primorosos maceteros, faroles, lámparas, canastillas, ramos de flores, pozos con gran destreza. A través de esta cita diaria con el trabajo, Rafael se encuentra vivo y activo, haciendo algo por lo que siente gran atracción, como es el trabajo diario y la creación de nuevas formas y figuras con la hojalata que desechan las carpinterías loperanas. La trastienda de la casa de su hija la ha convertido en un pequeño museo de artesanía de hojalata y hierro, el cual enseña muy orgulloso a todo el que se lo pide.

Francisco Javier García de Leaniz y Arias de Quiroga y su vinculación con Lopera, donde fue nombrado Hijo Predilecto y tiene una calle en su honor.

Francisco Javier García de Leaniz y Arias de Quiroga y su vinculación con Lopera, donde fue nombrado Hijo Predilecto y tiene una calle en su honor.

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Francisco Javier García de Leaniz y Arias de Quiroga (Sevilla 3-12-1870- Madrid 6-2-1945) Nace en Sevilla el 3-XII-1870 (día de S. Francisco Javier), del matrimonio de D. Federico García de Leániz y Zamara con D.ª Josefa Arias de Quiroga de la Escalera, siendo el pequeño de 6 hermanos. Estudia el Bachillerato en el Colegio de los Padres Jesuitas. Se Licencia en Derecho, en la Universidad de Sevilla a los 19 años. Ingresa, por oposición en el Cuerpo de Letrados del Tribunal de Cuentas del Reino. Ingresa, asimismo, por oposición en el Cuerpo de la Administración del Estado, desarrollando su actividad, primero en el Ministerio de Ultramar y, luego, como Jefe de Negociado, en la Sección de Presupuestos de la Intervención general, en el de Hacienda, como persona de confianza del Ministro D. Guillermo J. de Osma, siendo Director de su Gabinete particular, tras ascender a Jefe de Administración. Elegido Diputado por la demarcación de Chantada (Lugo), por el partido conservador, en 1907 y reelegido en 1910. En el Congreso llegó a desempeñar el cargo de Secretario de la Comisión de Presupuestos. Nombrado Director General del Tesoro por el Ministro de Hacienda Sr. Sánchez Bustillo, no acepta el cargo. Por Real Decreto de 24-III-1915 es nombrado Director general de Comercio, Industria y Trabajo, cargo que desempeña durante algo más de un año. Tras su cese es nombrado Tesorero y Secretario general de la Asamblea Suprema de la Cruz Roja; siendo designado, asimismo, por D. Guillermo J. de Osma, Secretario general del Patronato del Instituto de Valencia de D. Juan. Por Real Decreto de 16-V-1920 es nombrado Director General de Bellas Artes del Ministerio de Instrucción Pública, siendo Ministro D. Francisco Aparicio. En Enero de 1924 (Segundo Directorio de la Dictadura del General D. Miguel Primo de Ribera) es nombrado Subsecretario encargado del Despacho (al suprimirse los Ministerios) de Instrucción Pública y Bellas Artes. Al cesar en ese cargo ministerial, es nombrado, en 1928, Gobernador del recién creado Banco de Crédito Local de España, cargo que desempeña hasta el inicio de la Guerra Civil de 1936/1939. En este periodo nació una amistad entre García de Leaniz, Martín Valcárcel (alcalde y maestro de Lopera) y Lopera con la concesión el 16 de junio de 1929, de un préstamo de 200.000 pesetas al pueblo de Lopera, a devolver en 50 años, para levantar los deseados Grupos Escolares.

 Fue condecorado con las Grandes Cruces de Carlos III, Isabel II y de la Cruz Roja, entre otras condecoraciones, y nombrado, entre otras Ciudades, Hijo predilecto de Sevilla, Albacete y Lopera, donde tiene una calle, igual que en Ubeda y otras ciudades, como Torrelodones (Madrid), donde, en 1910 adquirió una finca en la que construyó su casa de veraneo, “Villa Torresana”.Contrajo matrimonio, el 22-V-1898, con D.ª M.ª del Pilar Aparici y Cabezas-Altamirano (nacida en Madrid el 24.IV.1878) con la que tuvo 8 hijos y que falleció el 22-I-1916 como consecuencia del parto de su hija Matilde, que, asimismo, falleció 4 meses después. D. Javier se volvió a casar con D.ª Rosalía Mena, que falleció en 1938.

Durante la Guerra Civil, se refugió en el Instituto de Valencia de D. Juan, considerado territorio extranjero. Y, tras la guerra vivió, con bastantes achaques, en la C./ Velázquez n.º 18, de Madrid, hasta su fallecimiento, el 6-II-1945.

Ana María Casado Bruna, una loperana que triunfó como modelo con Balenciaga (1940-50)

Ana María Casado Bruna, una loperana que triunfó como modelo con Balenciaga (1940-50)

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

He preparado con gran ilusión un pequeño reportaje de la loperana Ana María Casado Bruna, que llegó a ser modelo profesional en unos años difíciles (1940-1950) y desfiló en las mejores pasarelas de España y del extranjero. Hoy a sus muy bien llevados 87 años se conserva muy bien y mantiene viva esa coquetería, gracia y salero que le llevó a Cristóbal Balenciaga fijarse en ella para que desfilara con sus modelos, los cuales  lucía con gran garbo. 

Ana María Casado Bruna, nació en Lopera el 17 de noviembre de 1922. Su infancia trascurre en su domicilio familiar sito en la Plaza del Ayuntamiento nº 4. Tras la guerra civil se marcha a Madrid y comienza a trabajar en un taller de costura y al poco tiempo por mediación de un matrimonio catalán pasa a trabajar como modelo con  Cristóbal Balenciaga, el cual fue un diseñador de moda español, considerado el creador del arte de la alta costura. Con Balenciaga llegó a desfilar como modelo profesional en pasarelas de la casa Balenciaga en Madrid, Barcelona, San Sebastián y Paris en el Hotel Ritz.

         Durante el periodo  que trabajó como modelo ganaba mensualmente unas 4.00 de las antiguas pesetas y llegó a desfilar con las mejores modelos de la época como África Martín y Emilia Pedrajo. Según nos dijo en una pequeña entrevista que me concedió que para Ana Mari su etapa como modelo la consideraba como “la más bonita de mi vida, ya que las modelos de Balenciaga éramos punto y aparte, todo el mundo nos admiraba”. Sobre el diseñador nos puntó que “era un señor con mucho estilo, era el mejor de su época y tenía las mejores modelos a las cuales nos controlaba mucho”.

         Sobre los desfiles que llegó a realizar como modelo profesional indicó que “en cada pase que realizábamos en salones de casas muy distinguidas solíamos desfilar con 40 conjuntos diferentes por modelo”.

         Cuando Ana Mari se retiró de ser modelo realizó un curso de estética y belleza con Jean d'Estrées, siendo la número uno. Posteriormente siguió trabajando en tiendas y boutiques como encargada hasta que se jubiló.

         Hoy sigue en Madrid rodeada de fotos y recuerdos familiares entrañables, pues no hay que olvidar que Ana Marí es hermana del célebre Benito Casado “El Cholo”, un cantaor de flamenco que  paseo el nombre de Lopera por todos los rincones de España y de Sudamérica.  

Aspectos biográficos del loperano Martín Valcárcel García (Lopera 12-4-1887- Lopera 2-1-1961)

Aspectos biográficos del loperano Martín Valcárcel García (Lopera 12-4-1887- Lopera 2-1-1961)

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Maestro que amaba profundamente su profesión y que pudo desempeñar solamente durante 25 años desde 1911 a 1936, después de la Guerra Civil Española, un expediente de depuración política (era del partido izquierda republicana) ordenado por Franco le impidió ejercer más de maestro. Martín Valcárcel ganó las oposiciones de Maestro Nacional el día 26 de septiembre de 1908, sin embargo no pudo ejercer como tal hasta día 20 de febrero de 1911, en el primer destino que tuvo que fue Montoro (Córdoba). Aquí estuvo impartiendo clases durante dos años y medio, después fue destinado a nuestro pueblo, corría el año 1913, aquí estuvo durante cinco años dando clase en el Convento de San Juan de Dios, que por estas fechas y hasta que se construyeron los Grupos Escolares era el lugar habilitado para dar clases y allí también vivían los Maestros. Aquí encontró nuestro personaje grandes obstáculos para ejercer su profesión de una manera satisfactoria, pues contaba con una matrícula superior a los 150 milos en una escuela unitaria y con la asistencia muy irregular del alumnado, debido a las faltas masivas de niños a las clases en la etapa de la recolección de la aceituna, con estos inconvenientes poco se podía hacer. En 1918 fue destinado durante dos años a la escuela de Griñón (Madrid) y posteriormente fue trasladado a Cañete la Real (Málaga) donde fue nombrado Director del Centro y aquí llevó a cabo una brillante labor fundando una Biblioteca Escolar, a la misma acudían incluso adultos por las noches. También organizó un Museo Escolar que fue realizado en su totalidad con las aportaciones del alumnado. Otra actividad que organizó fue crear un Ciclo de Conferencias Nocturnas para adultos. Tras su paso de dos años pro Cañete la Real, fue destinado de nuevo a su Lopera querida, allí continuaba el viejo problema de pació y masificación del alumnado, por lo que Martín Valcárcel se propuso un gran reto: conseguir un nuevo edificio escolar donde poder impartir clases de magisterio de una manera digna. Dos hechos van a ser determinantes para que se consiguiera el deseado Grupo Escolar, primero el nombramiento de Martín Valcárcel García como Alcalde de Lopera (21-9-1924/30-6-1926) y segundo el viaje que hizo a Madrid como Maestro y Alcalde para gestionar unos nuevos Grupos Escolares. Hay que recordar que los Grupos Escolares ya habían sido solicitados por el ayuntamiento de Lopera y estaban ya concedidos, sin embargo el problema estribaba en que el ayuntamiento de Lopera tenía que aportar el 25 % del coste total de las obras y no tenía medios para hacer frente a este desembolso. Entonces Martín Valcárcel decidió hacer un viaje a Madrid con el fin de conseguir algún préstamo con el que hacer frente a la parte que tenía que aportar el ayuntamiento. Del viaje que realizó a Madrid se conserva una anécdota que ha llegado hasta nosotros gracias al testimonio oral del que fuera funcionario del ayuntamiento Rafael Marín y que dice así:

 

         “Martín Valcárcel tomó el tren en Villa del Río con dirección a Madrid para gestionar la parte proporcionar que el ayuntamiento debía aportar en la Construcción de los nuevos Grupos Escolares. Durante el viaje, quiso el destino que Martín conociera a un hombre que entró a mitad de camino en su departamento. Pronto se entabló una conversación entre ambos, cosa de no extrañaren los andaluces que siempre hacemos gala de ser muy abiertos. Martín contó a su compañero de viaje el problema que el traía a Madrid y éste iba asintiendo continuamente con la cabeza y al finalizar la exposición de motivos, le aconsejó que fuese al Ministerio de Instrucción Pública y que preguntara por el señor García de Leániz, hombre que a buen seguro atendería las pretensiones que el llevaban a Madrid. Llegado a Madrid se despidieron y pronto se dirigió nuestro Alcalde y Maestro al Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, donde pidió audiencia al señor García de Leániz, Subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. Tras una larga espera, le hicieron pasar a su despacho, en el que le estaba esperando sentadote espalda a la puerta. Al oir los pasos, se volvió y cual fue la sorpresa de Martín, al contemplar que García de Leániz, había sido su compañero de viaje”.

         Aquí nació una amistad entre García de Leaniz y Lopera que en primera instancia sirvió para salvar el Posito de Lopera y en segunda cuando siendo Gobernador del Banco de Crédito Local, concedió el 16 de junio de 1929, el deseado préstamo de 200.000 pesetas al pueblo de Lopera, a devolver en 50 años, para levantar los deseados Grupos Escolares.

         Tras la visita fructífera a Madrid, volvió Martín Valcárcel a Lopera donde continuó con sus clases en el Convento de San Juan de Dios. De esta segunda etapa en Lopera habría que destacar la Fiesta del árbol el día 4 de enero de 1925, la cual consistió en plantar muchos árboles en el Paseo de Colón y a todos los participantes el ayuntamiento los agasajó con una torta, dos jícaras de chocolate y una naranja. Además en el acto se dio un pequeño Pregón al Árbol a cargo de Urbano Rivilla y también actuó la Banda Municipal de Música y se recitaron las siguientes canciones que Martín Valcárcel enseñó a sus alumnos:

 

 

  

EL ÁRBOL

 

“Es el árbol de símbolo augusto

de la industria, el progreso y la paz

restauremos los montes talados

si a la patria queremos honrar.

Queréis sombra buscarla en el árbol

queréis frutos el árbol los dará

queréis agua los bosques la traen

y aire puro nos hacen aspirar.

Ver los montes de fronda vestidos

cual detiene lasa nubes al pasar

sin el árbol no hay vida posible

ni habrá industria, ni habrá bienestar.”

 

LA PRIMAVERA

 

“La primavera con su sonrisa

del cielo aleja la oscuridad

y de los montes se oyen sonrisas

de alegre y dulce sonoridad.

Y a la flor de los pimpollos

a la luz del sol ardiente

con sus mágicos matices

el espléndido brotar.

A las hojas de las ramas

van tejiendo su ropaje

y los pájaros entonan

sus canciones sin cesar.”

 

         También fundó Martín Valcárcel la Mutualidad Escolar, ideando una cartilla para propagar dicha institución. Después de 4 años en Lopera, fue destinado a Huelva donde estuvo otros cuatro, aquí fundó una Asociación de Amigos del Niño, cuya finalidad era establecer comedores y roperos y amparar a los niños vagabundos y abandonados, proporcionándoles instrucción, ropa y comida. Posteriormente fue destinado a la escuela graduada “Pi y Margall” de Madrid donde finalizó su andadura como maestro, pues tras finalizar la Guerra Civil, se le abrió un Expediente de Depuración Política y se le retiró la licencia para poder dar clase, al no ser adicto al régimen de Franco. Después se trasladó a Sevilla y se dedicó a tareas administrativas en una empresa de construcción. Una vez jubilado se instaló en Lopera, donde pasó el resto de su vida.

Homenaje de la Junta de Andalucía al Alcalde Repúblicano Diego Pérez Alcalá

Homenaje de la Junta de Andalucía al Alcalde Repúblicano Diego Pérez Alcalá

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

DIEGO PÉREZ ALCALÁ (1887-1946)

 

Nació en Lopera el 6 de Mayo en la calle Sileras en el año 1887. Desempeñaba el cargo de alcalde de Lopera (21 de mayo al 15 de agosto de 1936) cuando se produjo el alzamiento militar del 18 de julio de 1936. Se ve obligado a refugiarse en Jaén capital y terminada la guerra, vuelve a Lopera, no temiendo ser detenido pues no había motivos para ello. Pero fue detenido y acusado de “Adhesión a la Rebelión”, ingresando en la Cárcel de Andújar el 27 de noviembre de 1939. Siendo trasladado a la cárcel de Jaén el 29 de agosto de 1941 y condenado el 8 de septiembre de 1943 a 30 años de prisión. El 22 de diciembre es trasladado a la cárcel de Sevilla, siendo excarcelado el 7 de enero de 1946, enfermo de tuberculosis, muriendo a la edad de 49 años, el 14 de octubre de 1946, en el Hospital de Jaén. Se encuentra enterrado en la lonja 372 del cementerio de San Eufrasio. Ahora el Pueblo Andaluz y en su nombre el Presidente de la Junta de Andalucia le han rendido un cálido homenaje por su entrega a la causa de la libertad y la democracia. 

El Pan y el Aceite de Oliva el secreto de los 108 años de la abuela de Lopera.

El Pan y el Aceite de Oliva el secreto de los 108 años de la abuela de Lopera.

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Cumple 108 años la abuela de Lopera. Como cualquier otro día Paquita “la del Saltillo” como es conocida en Lopera, al pasar buena parte de su vida en el cortijo del Saltillo, se ha levantado a media mañana pues es muy perezosa y al ver tanta gente en su casa, rápidamente ha sacado a relucir su genio, no ha caído de que hoy es 5 de mayo y todo el mundo quería felicitarla por sus 108 años, pues como ella dice, no le gusta los revoleos y sólo quiere tranquilidad. Un año más Francisca Rodríguez Serrano sigue con sus manías y sus quejas de vivir tantos años. Su hijo Serafín le dice entre sonrisas “cada vez estoy más convencido de que vienes de otro planeta, pues tienes una salud de hierro”. Paquita sigue sin medicación alguna, no se ha resfriado en todo el invierno y sigue sin conocer al médico del pueblo y su nuera Leli le dice en broma “anda que usted va a durar más que un traje de pana”. Hoy sin embargo es un día muy especial para Paquita pues han venido desde Madrid su hijo Enrique, su nuera Paqui y sus nietos Pepe y Paqui y su biznieta y eso le alegra mucho. Paquita no quiere celebraciones, es muy rara, lo que si ha pedido que  a ser posible le haga su nuera su comida preferida la leche migada y las albóndigas en pepitoria y que le gustaría también recibir al señor y que para ello llamaran a D. Luis el párroco. Preguntada por cual es su secreto para tan larga longevidad, nos dice que siempre ha estado muy presente en su dieta el aceite de oliva y que no hay nada más sano que un buen cachurro (pan, aceite de oliva y una aceitunas rajadas o bien aliñadas). Aunque no sabe leer, ni escribir, si está al tanto por la televisión de lo que está pasando con el aceite de oliva y se mostró un tanto inquieta por los precios del oro líquido de Jaén, aunque ella dice que no vivirá mucho para ver como termina todo, aunque su deseo es que pronto se recuperen, ya que el aceite es uno de los armazones de la economía de muchas familias de Jaén apunta. Paquita también le dijo a sus familiares de Madrid que estaba muy orgullosa de haber salido en un libro que habían publicado los alumnos del IES “Gamonares” de Lopera, dedicado a la mujer loperana en el siglo XX. Por último sólo le pidió un deseo a Dios  “que pronto me recoja y que no le de mucho la lata a mi familia”.

La Morenita esculpida por el loperano Juan Manuel Bellido Bueno

La Morenita esculpida por el loperano Juan Manuel Bellido Bueno

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Tras cuatro duros meses de trabajo, el loperano Juan Manuel Bellido Bueno de 79 años ha visto cumplido su sueño de realizar una imagen de la Virgen de la Cabeza, la cual ha regalado a su mujer Pilar Ruiz Chueco. La escultura está realizada en madera de pino y para su confección no ha tenido ningún modelo y la ha tallado con unas manos prodigiosas ayudándose de su pequeña navaja, un hacha y una escofina. Las coronas de la virgen y del niño están realizadas con hojalata de una sola pieza. Las dimensiones de la imagen son de 1 metro de alto por 0,50 metros de ancho. En la pintura de la imagen, pastor, ovejitas y perro le ha echado una mano el pintor Antonio Solórzano y en la vestimenta de la misma la loperana Guadalupe Navarro Ortiz. Todo un logro el realizado por Juan Manuel, el cual apunta que lo ha realizado por la devoción que tiene a la Reina de Sierra Morena.