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José Luis Pantoja Vallejo

En tiempo pasado

El trazado de la carretera de Porcuna a Lopera se subastó en Jaén y Madrid por 56.265 escudos y 325 milésimas el 23 de Abril de 1869

El trazado de la  carretera de Porcuna a Lopera se subastó en Jaén y Madrid por 56.265 escudos y 325 milésimas el 23 de Abril de 1869

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Según se recogía en la Gaceta de Madrid (antecedente del Boletín Oficial del Estado) en el número 103 del martes 13 de abril de 1869, se daban a conocer por el Director General del Ministerio de la Gobrenación Feliciano Pérez Zamora, la subasta de la carretera provincial entre Porcuna y Lopera, cuyo presupuesto ascendía a 56.265 escudos y 325 milésimas. Asimismo ponía en conocimiento público que el día 23 de abril de 1869 a las 12 de la mañana tendría lugar la subasta de la citada carretera simultáneamente tanto en Jaén capital como en el Ministerio de la Gobernación de Madrid, poniendo de manifiesto las condiciones del proyecto de la carretera Porcuna-Lopera según se aprobó en el Real Decreto de 10 de Julio de 1861.

Una joven de Lopera sana tomando las Aguas Medicinales de Marmolejo en 1836

Una joven de Lopera sana tomando las Aguas Medicinales de Marmolejo en 1836

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

El médico director de las aguas de medicinales de Marmolejo D. Vicente Orti Criado en su libro "Examen Filosófico"(ver portada del libro 1) editado en 1841 en la Imprenta Doblas de Jaén recoge la siguiente historia de una joven de Lopera que sanó tomando las aguas medicinales de Marmolejo: " Una joven de Lopera de 20 años de edad, temperamento linfático, pero de construcción robusta, cuerpo abultado y bien nutrido, vino a usar de esta agua naturales en la Primavera de 1836, porque padecía supresiones mestruales, acompañadas de abotagamiento cachectico, cansancios, propensión a la quietud y al sueño, dispepsia y tristeza: convine en su uso y se las dispuse en dosis pequeñas, aumentadas diariamente y al mismo tiempo el ejercicio, la distracción y un régimen moderado tónico, con ,lo que en un mes que permaneció bajo mi dirección, consiguió la más perfecta salud."

Se cumplen 465 años que murió la madre del Comendador de Lopera Marina Fernández de Torres y en su memoria se levantó un Mausoleo en la Parroquia de la Inmaculada Concepción de Lopera.

Se cumplen 465 años que murió la madre del Comendador de Lopera Marina Fernández de Torres y  en su memoria se levantó un Mausoleo en la Parroquia de la Inmaculada Concepción de Lopera.

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Tal día como hoy fallecía en Lopera hace la friolera de 465 años Marina Fernández de Torres,  madre del Comendador de Lopera Juan Pacheco y Torres y siete años después en 1554 se levantaba junto al altar mayor de la parroquia de la Inmaculada Concpeción de Lopera un Sepulcro dedicado a recoger los restos mortales de la citada Marina Fernández de Torres por el escultor Juan de Reolid. Hoy después de casi 460 años que se levantó el Mausoleo (ver foto inscripción 1 ) el mismo sigue intacto y se conserva en unas condiciones bastante buenas. Desde cronistadelopera hacemos una defensa del patrimonio histórico artistico que tiene nuestro pueblo y en el caso del citado Mausoleo, se puede considerar  como una de las obras cumbres del renacimento funerario jiennense. Asimismo queremos realizar una campaña de difución del mismo dado que es muy desconocido y no aparece como ya ocurriera con el castillo en las distintas guías que se editan en nuestra provincia y que ahora tienen su máxima difusión en la Feria anual de Turismo en Madrid FITUR.

La Caña de los Panaderos de Lopera

La Caña de los Panaderos de Lopera

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Ahora que ya está próxima la finalización de la presente campaña de la aceituna nos vamos hacer eco de un viejo sistema que idearon los panaderos de Lopera para llevar el control del pan que vendían a las personas que no sabían leer ni escribir, que por desgracia en aquellos tiempos había muchas en nuestro pueblo. Además como hasta el final de la recolección de la aceituna no se cobraban los jornales, se tenía que ir a la panadería por el pan "fiao". Asi se ideó la CAÑA DEL PANADERO. Antes de comenzar la campaña de la aceituna el panadero recogía gran cantidad de cañas de las que se crían en los arroyos. A continuación partía la caña por la mitad y en ambas partes de su interior le anotaba el nombre de la familia que compraba a diario el pan. Una mitad de la caña se quedaba en poder del panadero y la otra mitad se le entregaba al cliente.  Así cada día que una persona iba a comprar el pan , tenía que llevar su mitad de caña, acto seguido el panadero buscaba entre un haz de cañas la correspondiente a la familia que en este momento estaba comprando y a continuación unía las dos partes de la caña y en función de los panes que retiraba, el panadero con una navaja hacía una incisión que ocupara ambas partes de la caña. Si la incisión era vertical  equivalía a un pan, si era inclinada equivalía a 5 panes y si era en forma de cruz o aspa equivalía a 10 panes. Al final de la campaña y cuando la familia cobraba, se pasaba por la panadería se unían ambas partes de la caña y se liquidaba  con el panadero el importe de todo el pan retirado, en función de las incisiones que había en la caña anotadas. Luego vinieron los vales del pan. 

El antiguo reloj que presidía la espadaña del Ayuntamiento de Lopera data del año 1884

El antiguo reloj que presidía la espadaña del Ayuntamiento de Lopera data del año 1884

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

El reloj que había en la espadaña del ayuntamiento de Lopera antes de acometerse las obras del año 1992 ( En 1995 se puso el reloj digital que hay en la actualidad y la nueva esfera) era todo un símbolo para los loperanos y marcó las horas de Lopera durante al menos 108 años e icluso se salvó de los bombardeos que sufrió el ayuntamiento en plena Guerra Civil. Durante muchos años fue mimado dándole cuerda todos los días el entrañable José Santiago Pedrosa (Pepe de Eleuterio)  y ahora yace olvidado en un rincón del castillo y el otro día encontré una placa que lleva impresa en su interior que nos revela su antigüedad y que dice asi: "Ayuntamiento Constitucional. Señor Alcalde Presidente D. Edurado Alcalá Monzó. Lopera Año 1884". Lástima que este reloj se cambiara por el último modelo dotado de las nuevas tecnologías, aunque nunca logrará mejorar la calidad de la  maquinaria del viejo reloj que nunca debió de cambiarse.

Propaganda de los tipos vinos elaborados por las Bodegas Valenzuela de Lopera en el año 1932 y sus precios de venta al público en el despacho de la Bodega

Propaganda de los tipos vinos elaborados por las Bodegas Valenzuela de Lopera en el año 1932 y sus precios de venta al público en el despacho de la Bodega

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Hoy en cronistadelopera recuperaremos una parte importante de la historia de la vitivinicultura loperana publicando una propaganda con los principales tipos de vinos que se llegaron a elaborar en las Bodegas  Valenzuela en el año 1932 de la uva procedente del Pago de Monteviejo y sus correspondientes precios en el mercado por arrobas,  que fueron los siguientes:

 VINOS BLANCOS

 

  • Puerto Alto 12 º................................6,90 Ptas/Arroba                                                                       
  • El Canónigo  12,5 º...........................8,20         "
  • Entrefino  13 º...................................11,20        "
  • Fino Especial  14 º.............................14,20        "
  • Fino Valenzuela  14,5 º......................16,20        "
  • Amontillado  15 º................................19,20         "
  • Fino Monteviejo 17 º..........................23,20         " 
  • Vino Viejo 18 º....................................29,20         "

 

VINOS DULCES

 

  • Dulce Imperial....................................31,20           "
  • Dulce Aperitivo...................................23,20           "
  • Dulce Apagado....................................19,20           "
  • Old Sherry...........................................17,20           "
  • Quina...................................................15                 "

VINAGRES

 

  • Vinagre de Criadera.............................5                  "
  • Vinagre de Solera.................................6,20             "
  • De Primera............................................5,20             "
  • De Segunda...........................................4,20              "

Un lienzo de Francisco Leiva que recoge las Escalerillas a finales del XIX o principios del siglo XX

Un lienzo de Francisco Leiva que recoge las Escalerillas a finales del XIX o principios del siglo XX

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Hoy publicamos en cronistadelopera un curioso cuadro que conserva la familia Bellido Navarro de Lopera que recoge una instantánea de la popular calle Escalerillas de Lopera. El cuadro es un óleo firmado por Francisco Leiva y que se puede catalogar de finales del XIX o principios del siglo XX. Sobre ¿como llegó a Lopera? es una de las incógnitas aún por despejar, asi como ¿de donde procedía su autor?. Seguiremos investigando.

Vendedores Ambulantes en la Villa de Lopera y (II)

Vendedores Ambulantes en la Villa de Lopera  y (II)

 Angel Sanz Teruel "Angelillo"

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

El año pasado nos hacíamos eco de la primera parte de los Vendedores Ambulantes en la Villa de Lopera y dada la gran aceptación que tuvo el artículo, han sido muchos los loperanos que me han animado a realizar una segunda parte, pues en la primera llegamos a omitir (por no tener constancia de los mismos) algunos vendedores ambulantes y gracias a la aportación de nuevos testimonios ahora los damos a conocer, volviendo de nuevo a recalcar que quizás se puedan quedar en el olvido alguno de ellos, desde aquí pido perdón y si de nuevo encontrara más material a buen seguro que los daríamos a conocer en una tercera entrega.

 Vendedores de helado. Dentro de los vendedores ambulantes de helado que salían con un carro por las calles, Miguel Antelo “Canasta”  llegó a tener contratados a Salvador Pérez Cobo, Ángel López López y Manuel Carrasco Pérez, entre otros. Por su parte  Pedro García Bellido e hijas  “El Moreno del helao” tuvo de vendedores con el popular carro azul y blanco a Rodrigo Lara-Barahona Mujuelos, Manuel Belmonte Agudo, Joaquín Cabrera Codina, entre otros.

 Vendedores de agua. En plena feria y en un banco del Paseo de Colón, vendía agua del Pilar viejo en un botijo Miguel Ollero Bellido “El rabio”.

 Vendedores de oro y plata. Un platero llamado Diego Mora de Pegalajar cada cierto tiempo venía a Lopera y se hospedaba en el Parador y vendía por las calles salcillos, medallas, pulseras de oro, etc. También solía vender por las calles otro platero de Arjonilla que se llamaba Pedro “el platero”.

 Vendedores y arreglos en máquinas de coser. Puntualmente venían a Lopera los Hermanos Linares de Andujar para vender y arreglar las máquinas de coser de las modistas y de todas aquellas que existían en casa de particulares.

Vendedores de garbanzos tostados. Había varios que venían desde Torredelcampo con una canastilla. Por una taza de garbanzos crudos colmada, el señor te daba una taza de garbanzos tostados rasada.

Vendedores de tallos. Vendía tallos por las calles una mujer que le decían Josefa Ruiz “La Cuca”.

Vendedores de sifones y gaseosas. A lo largo del siglo XX, en Lopera llegaron a funcionar varias fábricas de gaseosas y sifones. Las más importantes fueron las de Valencuela, Antonio Peña y Jerónimo Relaño “Mis Niñas”. Esta últimas tenían un reclamo publicitario en sus ventas que decía así:

“Si bebéis gaseosa de Relaño

tendréis dinero todo el año.

Si bebes de la Casera

te da caguetilla entera.”

Vendedores de picón y carbón. Amén de los vendedores que venían de fuera y vendían picón de encina, en nuestro pueblo también hubo un buen número de personas que se dedicaron a hacer picón de varetas de olivo y con sarmientos de las parras. Entre otros destacaron Vicente Porras “Ferrer”, Antonio Pedrosa “El carbonerito”, Carmela,  Rosario Soriano “La Serrana”, La Rubia Meína”, La del Caqui, el Gordo de la Hipolita, Manuel de la Torre “Las Carboneras”, Dolores Ramírez y Hermanos que lo hacían tras segar charrasca con una hoz o bien de olivo, el padre de la Churrete que lo vendía por las calles en celemines, José "el tonto", el padre de "la Ica", etc.

Vendedores de cal viva. En nuestra Villa llegaron a funcionar varias caleras en el extrarradio de la localidad. Dentro de los vendedores de cal destacaron Mateo, Francisco y Juan Ruiz Alcalá “Curriqui”, Antonio Uceda Morales “El Gambero” y su hijo, los Patateros, etc. En los últimos años venía un señor de Arjonilla vendiendo cal con el siguiente reclamo:

“Que llevo cal de guijarro

cal de la corriente, niña” 

Vendedores de nueces. Un hermano de “Cajo” que se llamaba Pablo vendía nueces y las pregonaba diciendo: “Nueces mollares” 

Vendedores de tierra negra. En cubos y después con bolsas iba Ana Chueco Monje “la churrete” vendiendo tierra negra para las macetas por las calles.

Vendedores de uva rebuscada. Angelita la “Gitana” y un tal Aviño vendían uva rebuscada por el pueblo. Era costumbre que el novio le comprara un racimo de uvas a la novia cuando estaban de paseo.Vendedores de tocino y patas. Una que vendía era  Isabel “la Corruca”

Vendedores de peces. Entre otros vendía por las calles peces Angelita “La gitana” y “El Belloto”Vendedores de camarones y cangrejos. Benito Santiago “El Feo” vendía con su canastilla camarones y cangrejos.

Vendedores de pajarillos y zorzales. Varios loperanos/as vendían por las calles los pájaros (pajarillos, zorzales) que pillaban con las costillas y perchas. Entre ellos destacó Manuel Partera, Francisco Pedrosa “El Curial”, La “Durilla” hija, etc.

Vendedores de caracoles y anclas de rana. También había gente que vendía anclas de rana, caracoles del río, entre ellos Isabel "la gitana".

Vendedores de hortalizas y frutas. Carmen e Isabel Hueso “Matarratas” vendían con su canastilla majoletas y azofaifas para los santos. Miguel Ollero “El Rabio” vendía arrezú de la Verja a perragorda el trozo. También había vendedores y rifadores de manojos de espárragos de la sierra, entre ellos destacaron Diego Chueco Izquierdo  “el muelas” (también rifaba jamones), Rodrigo Lara “El Rodri”, Luis Carrasco. Un  señor de Marmolejo llamado Perales vendía por las calles cebolletas, rábanos y lechugas de la huerta de Marmolejo. Antonio Ruiz vendía hortalizas. También había una mujer que le decían Isabelilla Antonia que vendía por las calles cardillas.

Vendedores de almendras tostadas. Por los Santos también nos solía visitar un señor de Torredelcampo vendiendo almendras tostadas.

Vendedores de chucherías con canastilla. Una mujer que apodaban “La Gallineta”, vendía con una canasta la cual colgaba en el techo de su casa chicle “Bazoka”, el mismo lo vendía a trozos que previamente cortaba con su navaja. Dolores Luque “La Tía Pipa” vendía con una canastilla chucherías. Una mujer llamada “Piedad” que vivía en la calle Pi y Margall, vendía con una canastilla en la puerta del estanco de la Luisica. José Haro “Siete locas” vendía con su carrillo chucherías en el cine matiné de Manuel Haro “el de Sixto” y en cierta ocasión se le embaló el carrillo por la cuesta del cine produciendo un gran estropicio y derramamiento de la mercancía mientras el decía pausadamente: 

“Sálvalo Virgen María”         

Uno que apodaban “Patuelas” vendía con su canastilla en la puerta de Rosita "la del Pelayo". Ángel Sanz Teruel “Angelillo” vendía chucherías con su canastilla delante de la iglesia y posteriormente con un carrillo en el paseo de Colón. Antonia Juárez “La Nina” vendía también con una canastilla.

Vendedores de castañas y majoletas.  Narciso Donaire Huertas y su mujer Josefa vendían con una canastilla para los Santos castañas crudas en las cercanías del cementerio. Para la feria vendía majoletas del Morrón en una canastilla Isabel Monje “la Perruna”.

Vendedores ambulantes A los pocos días de finalizar la campaña de la aceituna venían al pueblo los charlatanes, los cuales se instalaban en la plaza del pueblo y con un megáfono comenzaban a ofrecer lotes de mantas al respetable mediante el sistema de subasta. Ana Mª "la de los sellos" vendía juegos de café y muñecas para lo alto de las cómodas. Antonio Uceda "El gafitas” vendía por el sistema de “la perra” cuadros, sillas, etc. También había un señor que vendía botijas hechas en el tejar. Ana María “la Gallineta” vendía pañuelos, calcetines y luego a la semana volvía por tu casa y le dabas algo a cuenta (sistema del tío la perra). El suegro de la “Niña Antequera” que vivían en la calle Magdalena y que apodaban “El Chiquitín” vendía por las calles ropa de caballero y sábanas para los ajuares. Un señor de fuera también venía por Lopera vendiendo sábanas blancas y mantelerías y le decían “Marrita”. A diario llegaba a Lopera en el coche correo y paraba en el bar del Pelayo “Manuela la de las telas”, una mujer de Porcuna que vendía telas por el pueblo y por la noche regresaba a su pueblo. También solía hacer acto de presencia por las calles de la localidad un quincallero que con un artefacto que llevaba en la mano a modo de un cuadro hacía sonar para llamar la atención y vendía velones, quinqués, candelabros, adornos, almirez, etc. Había un hombre que venía a Lopera vendiendo cuadros de santos, que recogían escenas del antiguo testamento, la Santa Cena, el bautismo de Jesús, Ángeles protegiendo a niños y San Juan Bautista. También los rifaba y para atraer al vecindario utilizaba el siguiente reclamo: 

“San Juan Bautista

bautizando a su primo hermano

cinco suertes un real                                

y el que no tenga dinero       

cinco suertes un huevo.   

Vendedores de gafas para la vista cansada. Cada cierto tiempo venía por Lopera un señor que se conocía como “El Brujón” que con un maletín iba vendiendo gafas para la vista cansada.

Cobrador de los arbitrios. Durante un tiempo José Porras fue el encargado de cobrar los arbitrios a la gente que venía de fuera para vender por las calles de Lopera.

 Para  finalizar, quisiéramos recordar también en otro orden de cosas, el servicio que prestaban tanto los hombres que se dedicaban a echar lañas a los lebrillos, pegar las ollas con estaño como Antonio “el latonero” y Florián, Juanito “el de María Aguayo” o la mujer del “Cojo Churrasca” que era Dolores “la Cosaria”, la cual traía de Córdoba todo lo que le encargaras, contribuyendo con ello a hacer un poco más llevadera la vida de muchos loperanos.

San Roque un Patrón del pueblo y para el pueblo: 430 años de devoción en la Villa de Lopera (1577-2007).

San Roque un Patrón del pueblo y para el pueblo: 430 años de devoción en la Villa de Lopera (1577-2007).

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Saetera con vidriera en honor a San Roque, Patrón de Lopera, en la Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción de Lopera.

La devoción en la Villa de Lopera a San Roque, tiene sus inicios a finales del siglo XVI, concretamente en 1577, cuando un nutrido grupo de personas del pueblo llano deciden levantar por su cuenta y riesgo una Ermita o Casa de oración en honor al bienaventurado San Roque. Prácticamente sin medios y con una ilusión desorbitada por el santo, consiguieron finalizar la Ermita aportando cada uno lo que humanamente podía, la cual de paso sea dicho estuvo durante un tiempo cerrada y a punto de ser derribada al no tener ni el Cabildo Municipal, ni los devotos permiso, ni licencia del Rey y de Real Consejo de Ordenes para su construcción. Pero las obras que se levantan con sacrificio y con fe no se pueden derribar y máxime cuando el propio Cabildo Municipal hacía en 1582 un Voto Solemne a San Roque al liberar a la localidad de la epidemia de peste que lo azotaba, el cual se ha conservado en el Libro de Acuerdos del Cabildo de Lopera del año 1582 en los siguientes términos:   

VOTO Y FIESTA A SAN ROQUE AÑO 1582

 “En la villa de Lopera día de Señor Santiago des-

pues de medio día en veinte çinco dias

del mes de julio de myll e quinientos e ochen-

ta y dos años estando en la iglesia

de nuestra señora, iglesia mayor de la dha.

Villa los magníficos e reverendos señores

Frey Juan Bueso prior de la Dha.

yglesia y el bachiller Martín López Moreno

y el bachiller Jerónimo de Orozco, Francisco de Blanca

Juan Molleja, Francisco de Bacas clérigos

presbíteros y a nombre de la dha. Iglesia

estando reunidos en la sacristía los muy magníficos

Señores oficiales del Ayuntamiento de la

dha. Billa convienen a saber Juan de Al-

magro y Bernabé Ruiz Molleja alcaldes

ordinarios de la dha. Villa y Don Dimas de

Toledo Alférez Mayor, Pedro Marmolejo, Juan

de Montoro, Juan Gómez de Orozco y Juan Pérez de Quesa-

da Regidores y Oficiales del Concejo y otras personas

vecinos de la dha. Villa, Juan Pacheco, Francisco de

Bonmas, Francisco Peralta, Juan Paez,

Francisco de Bacas, Cristóbal Luque.

Que la villa guarde por si y por los demás

vecinos de esta villa, dixeron que por quanto de

presente por seamos justos de Dios algunos

vecinos de esta dha. Villa están enfermos

de enfermedad que sigun

se dize es peste y por que en la ciudad de

Cordova e otras partes se dice ay la dha.

enfermedad por lo qual se acordó

el pueblo cristiano por qual glorioso San

Roque particularmente abogado con-

tra la dha. Peste y en los pueblos

donde a abido se le a fecho

de edificarle casa de devoción a on-

ra de su nombre deba facer por su inter-

cesión de darle salud y esperando como di-

serón esperaron en la misericordia de la

majestad de Dios de que por la yntersecion del

Glorioso Santo dara salud a esta

Villa e vecinos della y los librara de la

dha. peste dixeron que hacían y hicieron

promesa y boto solemne a dios omnipoten-

te trino y uno a onra del bienabentu-

rado San Roque de que cada un año

el día de su fiesta se le guardara como los

demás días que la Santa madre iglesia

manda guardar y se le ara su fiesta

de vísperas y mysa y de fazerle a su

nombre una casa de oración en esta

villa donde los fyeles cristianos acudan

a rezar y pedir la intercesión todo

lo qual dixeron que prometían e pro-

metieron cumplir de oy en adelante

para siempre jamás y esta promesa

comprenda asi a los presentes que

combiben en la dha. villa como a los

que después dellos vinieren e pa-

ra que se guarde el dho. dia los dhos. señores

justicia e regimiento pusieron de pena

a los que no lo guardaren el dho. día

las que se lleban y suelen llevar

a los que no cumplan con las fiestas

que la iglesia manda guardar

ante lo qual los dhos. Señoreslo prometieron y lo firmaron.”            

El mismo año que se juraba el Voto, se constituía una Cofradía en honor a San Roque en Lopera, se adquiría una imagen del Santo y se comenzaba a procesionar  por las calles de la villa todos los 16 de agosto con unas andas donadas por los pastores de la localidad. Todo este cúmulo de nobles acciones cristianas y la mediación por parte del Cabildo Municipal, incidieron para que el 23 de agosto del año 1596, el propio Rey Felipe II concediera Licencia al pueblo de Lopera y a sus vecinos para que se pudiera realizar culto en la Ermita levantada por el pueblo en honor a San Roque y en otra Ermita que también había en la localidad bajo la advocación de Ntra. Sra. del Rosario, este acuerdo Real se recoge en una Visita General a la villa de Lopera del año 1611, conservada en el Archivo Histórico Nacional de Madrid en los siguientes términos: 

“por la qual doy licencia

e facultad a la dha

villa de Lopera e vecinos

della para que puedan

usar y usen de las

dhas dos ermitas

e devociones dellas

como antes sigun

y como y de la forma

e manera que lo dicen e de-

claran los dhos. Mis bi-

sitadores sin caer ni

incurrir porello en pena

de desobedencia

alguna, dada en Madrida veinte y tres de

agosto de mil equinientos e nobenta y seis años” 

         Desde este preciso momento se sellaba una unión indisoluble entre San Roque y Lopera y pasaba el santo a formar parte de la vida de todos los loperanos. La devoción y cariño por San Roque volvió a tener un nuevo impulso en el año 1644, con el nombramiento como Patrón de Lopera, por los miembros del Cabildo Municipal. Durante los siglos XVIII-XIX y hasta mediados del XX, se continuó el fervor y devoción en Lopera por San Roque con la celebración de su fiesta y procesión de la sagrada imagen por las calles de la localidad. Y así llegamos al prácticamente olvido por San Roque de los años 60, 70 y 80 del pasado siglo XX, donde asistimos al traslado de la imagen de San Roque a la parroquia, y a la triste transformación de su ermita, desde improvisada  sede de aula para escolares, hasta ser una cochera donde se guardaban los carros de los pasos que se procesionaban en Semana Santa. Pero como la historia siempre se repite, en los albores de los años 90 del siglo XX, un entusiasta loperano amante de San Roque, Francisco Martínez Expósito abandera junto a un nutrido grupo de jóvenes una cruzada con el propósito de recuperar la Ermita y la devoción por San Roque, durante más de 40 años olvidado en la hornacina de la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús de la Iglesia Parroquial. El pueblo llano volvió a volcarse con tan noble causa y  contribuyó cada uno según sus posibilidades en la reedificación de la Ermita de San Roque y entre todos aunaron esfuerzos que culminaron con la recuperación de la Cofradía de San Roque, que de paso sea dicho cada año va afortunadamente a más. Y todo culmina con unas Fiestas Patronales, donde el santo vuelve a recuperar su protagonismo que nunca debió de perder saliendo en procesión por las calles de Lopera.

Apuntes para la historia del Anís Cañero, elaborado en Lopera.

Apuntes para la historia del Anís Cañero, elaborado en Lopera.

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Con anterioridad a la Contienda Civil Española, llegó a funcionar en Lopera un alambique o fábrica de aguardiente, que fundó Aurelio Palomo Peláez. La misma estuvo ubicada en la calle San Sebastián, 76 (hoy Sor Ángela de la Cruz). El encargado de la fabricación del anís fue Juan Rafael Criado Acosta, el cual por las noches quemaba el alcohol en el alambique para transformarlo en anís dulce y seco. La fábrica contaba además con dos viajantes, Benito Bellido y José Alcalá que distribuían el anís por las provincias de Jaén y Córdoba. Posteriormente el alambique cambió de dueño y pasó a manos de Rosendo Gracia Del Pino.  El anís tomó como marca comercial a uno de los rejoneadores con más prestigio de la época, Antonio Cañero, (un capitán de Caballería, perteneciente a una familia de gran tradición ecuestre que, por primera vez en 1921, en el transcurso de una corrida, efectuó una lidia a caballo a imagen y semejanza de la protagonizada por matadores, es decir, dividida en tres tercios, rejones de castigo, banderillas y rejón de muerte, aunque este último fue sustituido a veces por la muleta y el estoque). Así se llegó a embotellar en botellas de medio litro y de ¾ de litro, llevando impresa en su etiqueta una instantánea de Antonio Cañero con su caballo. El propio Antonio Cañero llegó a conocer el anís que llevaba su nombre, pues participó en un Festival Taurino a beneficio del paro obrero que había en Lopera, que tuvo lugar en Lopera el 31 de agosto del año 1934, a una hora muy taurina, a las 5 de tarde. En este Festival Taurino que tuvo como coso improvisado la plaza del ayuntamiento, también salió con su caballo de lunares, el niño Benito Valenzuela, que iba junto a Antonio Cañero y de aquí le quedó el cariñoso apodo de “Cañerillo”. Curiosamente hemos podido saber que aquel caballo le fue requisado unos años más tarde por un tal Ignacio “El Tigre”, pues para poder alistarse y marcharse al frente con el bando republicano, el Capitán Molina que visitaba todos los pueblos decía que “si os queréis venir conmigo buscar un caballo”.  El anís Cañero se vendía tanto en el alambique a granel  al precio de 39 pesetas la arroba, como en las distintas tabernas de Lopera. La copa de anís Canero se vendía en la taberna de Casa Pimpanito en la plaza del ayuntamiento a  perrilla o 5 céntimos la copa.  Una costumbre que había en nuestro pueblo era la de acudir todas las mañanas a la plaza del ayuntamiento para ver si “te salía amo”, o sea trabajo. El capataz o encargado se acercaba a unos corrillos de jornaleros y entablaba conversación con ellos y le preguntaba si estaban trabajando, la contraseña entre el capataz y el trabajador  era la de pisarle en el pie, el primero al segundo, de esta manera el capataz se evitaba el compromiso y el problema de decir a unos si y a otros no.  También se aprovechaba para cobrar el jornal del día anterior, que antes de la guerra era de 4 pesetas o 16 reales. Normalmente el capataz daba un duro al trabajador, este iba a la taberna se tomaba una copa de anís Cañero y le cambiaban el duro, posteriormente le devolvía al capataz la peseta que sobraba del jornal.  Anís Cañero también tuvo que competir con los aguardientes de la época, para ello no escatimó en propaganda. Un año regaló por navidad a todos sus clientes una pipa de fumar, la cual llevaba en uno de sus laterales un pequeño orificio a través del cual se podía ver la figura de Antonio Cañero con su caballo. Para las mujeres también regaló una pequeña bandeja con fondo azul donde iba rotulado “Anís Cañero”.Tras finalizar la Guerra Civil y al morir su último dueño, Rosendo Gracia del Pino, la fábrica se abandonó y tenemos constancia que fue incluso saqueada por unos desaprensivos como se desprende del siguiente documento que se ha conservado dentro de la Correspondencia General del año 1943 que se custodia en el  Archivo Municipal de Lopera y que fue remitido por el Juez Municipal, Pedro Revuelta, al alcalde de Lopera, Pablo Ruiz Haro en los siguientes términos: 

“Para dar cumplimiento a una orden de la Superioridaddimanante del sumario nº 34 de 1943 sobre robo de calderade Destilería de aguardientes, un serpentín, diez metros detubo de cobre y una puerta de hierro del horno y resto deuna bomba para elevar agua, cuyos efectos pertenecieronal finado Rosendo Gracia del Pino, ruego a usted se sirvadisponer por los Agentes de su autoridad, se practiquenactivas diligencias en averiguación de quien sea el autoro autores del hecho, procediendo a su detención, así comoa la de sus ilegítimos poseedores, poniéndolos a mi dispo-sición en este arresto y dando en todo caso inmediatacuenta del resultado de sus gestiones. Lopera a 30 de marzode 1943. El Juez Municipal” 1    

Pleitos con la venta de aguardiente o anís “Cañero”        

Del periodo que estuvo funcionando el alambique se conservan en el Archivo Municipal de Lopera algunos pleitos relacionados con algunos morosos que no cumplían con los pagos de los aguardientes que retiraban de la fábrica. Algunos de ellos fueron los siguientes:              

20-XI-1924      “Juicio verbal entre, Aurelio Palomo Peláez y el  vecino Arjonilla, Antonio Cledera Jándula al   deberle éste la cantidad de 315 pesetas de los  aguardientes retirados de la fábrica del primero”  

26-III-1933        “Juicio Verbal entre, Aurelio Palomo Peláez y  Manuel Toribio Chueco, por adeudo de 170 pesetas y 5 céntimos de aguardientes retirados de la fábrica del primero”         

 7-X-1933            “Juicio Verbal entre, Rosendo Gracia del Pino fabricante de anisados con Regino Morales Vate, vecino de Fuencaliente (Ciudad Real) por  adeudo de 21 pesetas de géneros retirados de  la fábrica del primero”       

7-X-1933              “Juicio Verbal entre, Rosendo Gracia del Pino con Benigno Díaz Ramírez, vecino de Fuencaliente (Ciudad Real) por adeudo de 50 pesetas y 50 céntimos de aguardientes retirados de la  fábrica del primero”        

7-X-1933               “Juicio Verbal entre, Rosendo Gracia del Pino,  fabricante de anisados, con Teresa Cerezo Molina, vecina de Villanueva de Córdoba, por adeudo de 98 pesetas y 80 céntimos de una remesa de anisados retirados de la fábrica del  primero.”       

30-XI-1934         “Juicio Verbal entre, Rosendo Gracia del Pino fabricante de anís, contra Eugenio Peláez Gutiérrez, vecino de Porcuna, para que le abone la cantidad de 133 pesetas, que le adeuda por anisados retirados de la fábrica del primero”         

30-XI-1934           “Juicio Verbal entre, Rosendo Gracia del Pino fabricante de “Anís Cañero” con Antonio Quero Grande, vecino de Porcuna, para que le abone la cantidad de 425 pesetas y 95 céntimos de los géneros retirados de la fábrica del primero”         

30-XI-1934                 “Juicio Verbal entre, Rosendo Gracia del Pino con Bernardino Casado Hueso, para que le abone 231 pesetas y 40 céntimos que el  adeuda de géneros retirados de la fábrica del primero”.2                                 



1 Archivo Municipal de Lopera. Sección Secretaria. Correspondencia General 1943 U.I. nº 28

2 Ibidem. Juzgado de Paz. Juicio Verbal de faltas. U. I.    603-612

 

Vendedores ambulantes en la villa de Lopera en el Siglo XX

Vendedores ambulantes en la villa de Lopera en el Siglo XX

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

A través de este pequeño trabajo quisiera rendir un cálido homenaje a todos los vendedores/as ambulantes (tanto locales, como foráneos) que han pasado por las calles de nuestro pueblo vendiendo sus mercancías y que forman parte de la intrahistoria de unos años difíciles en los que con escasos medios y mucha imaginación se conseguía ganar un dinero con el que poder remediar el hambre. A continuación y gracias al testimonio oral de algunos loperanos hemos podido recuperar muchos de ellos. Hay que hacer una salvedad y es que no están todos los que pasaron por nuestro pueblo (si alguien conoce alguno/a más espero que me lo trasmita). Sea como fuere aquí tenéis una buena representación de ellos

 Vendedores de helado. En un kiosco de madera que había en el Paseo de Colón, vendía helado de almendra tostada un hombre que apodaban “El Militar”.  También en el Paseo de Colón vendía helados y polos del tío Pepe, un señor de Villa del Río, con el siguiente reclamo “helado de ratón tostao a perrilla”, en este mismo recinto eran célebres los helados de Antonia Santiago “La churripa” y los de almendra tostada que se podían adquirir en el kiosco del “Militar”. Paralelamente “Cristobicas” los vendía con una garrafa por las calles del pueblo. Posteriormente a la guerra destacaron los helados de “Los Valencianos” o los autóctonos de Pedro García Bellido e hijas “Moreno del Helado” y Pedro Antelo Teruel e hijo “Canastas”.

Antonio Manchado Rojas “El Trompetilla” Vendía helado de canastas con el reclamo de:

 

                                                             “Chupando el polo

el palo se queda sólo

está tan fresquito

que al chuparlo te quita el hipo.

Si no tienes bastante

te compras otro al instante

verás que alegre

pasas las fiestas

mientras el polero

toca su trompeta

Piiiiii.

Se han puesto los polos

que es un espanto

que ya se van solos

al medio del campo.

Se han puesto soberbios

y del tal manera

que ya se van solos

al medio de las eras.

Y lo que me extraña

y lo que me espanta

es que la mitad salen

a cuenta de la caña.

  

Vendedor de hojaldres calientes. Un señor forastero con una canasta y un artilugio con el que calentaba los hojaldres, los vendía por las calles con el reclamo:

                                             “Hojaldres calentitos, hojaldres”

 

Vendedores de agua. Dos hermanas que vivían en la calle del caño liso (Hospitalico), Antonia Monje Pérez “la del moño en la cabeza” con una borrica y seis cántaros de agua y unas cantareras de hierro, Francisco Ruiz “Jamacuco”, uno que apodaban “el pelao”, otra que le decían “Patuelas” con 10 cántaros en un carrillo tirado por una bestia, otro vendedor de agua fue el “cojo Nicasia”, etc.

 

Vendedores de miel. Un tal Pedro venía varias veces al año por Lopera para vender la miel por las calles en pellejos a lomos de bestias con el siguiente reclamo:

                                                        Miel de gota

                                                       a perrilla la gota.”

 

Otro señor llamado Vicente “el tío de miel” también vendía y pasaba a cobrarla en el mes de mayo con el reclamo:

                                                          “Miel barata”.

 

Vendedores de tallos. Antonio Santiago Izquierdo “El bizco” vendía por las calles con una canasta churros calientes de la Triga con el siguiente reclamo:

                                                    "Tallos calientes

para las viejas que no tienen dientes”

             También vendía tallos por las calles un hombre que apodaban “El abuelo Palomo” con el siguiente reclamo: 

“Tallos calientes

a Palomo le duelen los dientes,

calientes tallos

a Palomo le duelen los callos”

 Entre el campanario y la puerta principal vendía tallos y buñuelos una mujer llamada Micaela (de los Garridos)

  Vendedores de turrón. Los Hermanos “Follollo” (Manuel y Francisco García Cámara) montaba por navidad una caseta con telas blancas en las cuatro esquinas donde vendía: turrones, almendras mantecadas, fruta escarchada, cabello de ángel y los típicos jamoncicos, salchichones, guindillas, tomaticos, martinicos y pimientos de dulce que los padres ponían a sus hijos en los zapatos en la noche de Reyes.

 Vendedor de tortas. Pedro Santiago “Periquillo tuercas” vendía con una canasta por las calles las célebres tortas de Inés Rosales de Castilleja de la Cuesta (Sevilla) 

 Vendedores de patas. Francisca Del Caño Morales “la Corruca” y que le decían la “tía de las patas”, vendía con una canasta patas de cordero y de cerdo que compraba en Porcuna.

 

Vendedores de uvas rebuscadas. Tras la vendimia comenzaba la rebusca de uvas y entre otros Diego Chueco Izquierdo “Niño el muelas” y Ana Chueco Monje  “la churrete” vendían la uva rebuscada (cencerrones) por las calles con una canasta.

 

Vendedores de pescados. Los Hermanos Francisco y Rafael García Gil “El Pescaor” vendía por la calle con su canasta los peces que capturaba en Casas Nuevas (Bogas, Barbos y Carpas) con el siguiente reclamo:

 

                                      “que vendo peces vivos, vivos peces”

 

Juan Santiago Ruiz “el de las sardinas” vendía pescado (sardinas finas de Málaga) por las calles con una capacha.

 

Vendedores de pajarillos. Varios loperanos/as vendían por las calles los pájaros (pajarillos, zorzales) que pillaban con las costillas y perchas. Entre ellos destacó Carmen la de Orgo, Marina Chueco Izquierdo. Otros como “El pitrollo” los rifaba.

 

Vendedores de caracoles y ancas de rana. También había gente que vendía ancas de rana, caracoles del río (Angelita) y la sal de Valenzuela.

 Vendedores de hortalizas y frutas. Una mujer Benita “la durilla” vendía verdura por las calles con un burro, con la particularidad que se la daban de las sobras de la plaza (mujer alicates). Otro que llamaban “el Tronchao” vendía por las calles del pueblo con un borriquillo naranjas valencianas y patatas de riñón. Otro personaje muy entrañable fue “el Belloto” que vendía por las calles madroños y majoletas. Andrés “El Cojillo” vendía por las calles manzanas, patatas de las huertas de Jaén. 

Vendedores de chucherías con canastilla. Paco “el tortolito” vendía chucherías con una canastilla en la puerta del comercio de Julio Merino. Francisco Cruz López “el Valenciano” vendía con una canastilla durante el año avellanas cordobesas. Antonio Rocha Delgado vendía con su canastilla avellanas, pipas y tabaco en la cooperativa “La Loperana”. Antonia Santiago Valenzuela la “Churripa” en la Plaza Vieja, donde vendía también sus típicos “quiquis” de caramelo con formas de gallinita, porrón y martillo, los barquillos de canela y las manzanas de caramelo. Con canasta en mano vendía patatas saladillas o “coscurretas” y barquillos Agustín Rosal Alcalá a perragorda el cartucho y el entrañable “Añelo” vendía pan de higo a “perra chica el trozo” (cociéndose los higos con hinojos y cáscaras de naranja) y las paciencias. Las Hermanas Esperanza y Dolores “Las Jarrias” vendían en una canastilla aeroplanicos, flores de papel, pipas y avellanas. (Carletes). Ángel Sanz “Angelillo” también vendía chucherías con un carrillo.

  Vendedores de castañas.  “La Triga” vendía en las cuatro esquinas y en camino del cementerio castañas asadas en un bidón y una sartén. “la Morena” también vendía castañas asadas. La “Pedrololla” vendía bellotas, castañas y nueces. En la plaza del Ayuntamiento vendía en una canasta  “castañas de la vera” Jerónimo Martos Susi “La priora” con el reclamo de:  

                         “castañas de la vera, que se comen y se pelan” 

Vendedores ambulantes por Navidad de tortas, roscos y magdalenas con reclamos como el siguiente: 

“Tortas, roscos y magdalenas

y que tortillas y magdalenillas

para los chiquillos y las chiquillas”            

Había un hombre que apodaban “Dominguito” que vendía por las calles pan y roscas a lomos de una yegua. Sin olvidar el tío trapero que con una canasta y un borrico recorría las calles de Lopera y cambiaba las gomas de los zapatos y zapatillas por platos, tazas y las típicas galletas alicantinas (alargadas rellenas de coco) con el siguiente reclamo: 

“Si quieres que yo te cante

la copla de la Jacoba

me tienes que sacar antes

unas suelecillas de goma

Y que riquillasque están mi galletillas

por una suela de goma

una galleta alicantina

Y que riquillasque están mi galletillas

si tu suegra te mira de mala gana

darle una galleta por la mañana

y aunque sea más mala

que el propio infierno

acabará diciendo

Viva mi yerno, Viva mi yerno

por una suela de goma

una galleta alicantina”            

Otras ventas ambulantes iban encaminadas a paliar las deficiencias de regalos para los niños, con los reclamos de una muñeca de caramelo que estaba de moda entre la chiquillería y que apodaban “la maría follones” la cual, se vendía junto a caramelos, gallinitas y en otras ocasiones hasta las rifaban entre el vecindario. El reclamo para atraer la atención de los más pequeños era el siguiente: 

“Niños, niñas, acercarseque ha llegado la María follones

la que se mea por los rincones 

Vendedores ambulantes en la feria de los Cristos. Tenía gran aceptación el puesto muy típico en la feria de los higos chumbos de Miguel Ollero Bellido “El Rabio” que los vendía en una canasta a perra gorda la unidad con el siguiente reclamo: 

“Dios te guarde higo chumbo

amigo de mi navaja

te corto cabeza y culo

y en medio te hago una raja

y te mando al otro mundo”           

Otro puesto muy frecuentado en plena feria era el de arrezú procedente de la Verja que regentaba la familia de los “bellotos” que a perrilla te daban tres trozos.  La persona que no comía casi nada se le decía “anda que esa sólo come pan y zanguango”. 

Vendedor de hierbas aromáticas. Un señor de Arjonilla vendía hierbas aromáticas por las calles con un saco con el siguiente reclamo:                                   

“Poleo, hierba buena                                  

Y abrotanomacho                                  

 para el pelo”.                       

 

La epidemia de Peste en Lopera en el Siglo XVI. Lopera implora a San Roque.

La epidemia de Peste en Lopera en el Siglo  XVI. Lopera implora a San Roque.

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Antecedentes. La epidemia de peste del siglo XIV. 

Antes de hacer su aparición en Lopera la epidemia de peste en el último cuarto del Siglo XVI, hemos creído conveniente hacer una pequeña introducción de los efectos devastadores de la epidemia de peste negra en el siglo XIV, considerada como una de las más grandes catástrofes demográficas de la historia de la humanidad. Se calcula que desde el año 1.348 al 1.400 falleció entre un cuarto y la mitad de la población europea a causa de la “muerte negra”. Ahora sabemos que la enfermedad conocida como “muerte negra” era peste bubónica o peste negra, llamada así por las manchas oscuras que anunciaban su presencia.En la Edad Media, la población se defendía de las bacterias a través de su sistema inmunológico. Sin los medicamentos modernos, los anticuerpos eran prácticamente su única defensa contra las enfermedades, porque los medios para aliviarse eran escasos: la alimentación y la higiene personal era muy deficiente. En esa época eran comunes las epidemias, especialmente en los centros de población que comenzaban a convertirse en ciudades.El hacinamiento en las ciudades y su carencia de servicios como el drenaje o la recolección de basura, las hacían verdaderas incubadoras de enfermedades. El exceso de población, la contaminación de los pozos, la falta de organización sanitaria, las calles pobladas de cerdos y ratas, la invasión de pulgas, todo contribuía a extender los casos de tifus, disentería y gripe. Sin embargo, la peor de todas las epidemias fue la de la peste bubónica, una enfermedad contra la que los europeos del siglo XIV carecían completamente de defensas.La epidemia de peste fue efecto del crecimiento económico. Con el desarrollo del comercio europeo, los comerciantes genoveses y venecianos fueron a negociar hasta los confines del mar Negro y allí entraron en contacto con mercaderes de Asia. El germen de la peste llegó a Europa desde Asia, en los parásitos de ratas y pulgas que abundaban en los barcos que comerciaban con aquellas exóticas regiones.La “muerte negra” liquidaba a los pacientes después de uno a tres días de agonía, durante los que escupían sangre, deliraban y se llenaban de ronchas y tumores hasta del tamaño de un huevo. En esta época, los médicos creían tener alguna noción de cómo se contagiaba la enfermedad. Suponían que el aire viciado propagaba el hedor de los muertos y el mal. Por ello aconsejaban quemar hierbas aromáticas en las calles. Pero no sabían que era necesario eliminar a las ratas y la plaga de pulgas que se encontraba asociada con las primeras. La mayoría de los infectados eran pobres, que vivían en precarias condiciones de higiene y alimentación Las capas sociales superiores vivían si no con más limpieza, al menos con menor hacinamiento, fueron quienes menos padecieron.Otro de los graves problemas sanitarios fue el de los muertos. Pronto se acabó la madera para hacer ataúdes; los supervivientes apenas sepultaban a sus muertos, sin envolverlos en un lienzo siquiera, en fosas cavadas de prisa, a flor de tierra o cerca de mantos acuíferos que se contaminaban. Así los mismos cuerpos en descomposición permitían a su vez la proliferación de otros microorganismos, que contribuían a agravar la epidemia de la peste con otras infecciones asociadas.Las dimensiones de la catástrofe crearon la convicción de que la peste era un castigo divino por los pecados de la humanidad. Ante el terror inmenso que provocó este mal desconocido, se buscó la explicación en lo sobrenatural. La peste se consideró un castigo divino por los pecados de los mortales. En plena desesperación, se buscaron culpables y víctimas que calmaran la ira divina. Se dijo que los judíos y los leprosos habían envenenado los pozos y se desencadenó una ola de violencia contra ellos. Durante los años de la peste negra los alimentos escasearon porque en muchos lugares no quedaba quien cultivara los campos.  

La peste  llega a Lopera. 

Aunque de menor dimensión fueron varias las epidemias de peste que asolaron la provincia de Jaén a lo largo de la Edad Moderna, especial virulencia tuvieron las acontecidas en el siglo XVI como las de los años 1.523, 1.559, 1.564, 1.581, 1.582 y 1.583. La población en Lopera en los años de la epidemia de peste se cifraba en torno a los 2.250 habitantes y tras superarse la epidemia a principios del siglo XVII la población bajo a unos 1.600 habitantes[1] con lo cual queda patente que la epidemia de peste hizo estragos en la población. En Lopera la peste sacudió a su población en 1.581-82 causando estragos en la misma, algunos de sus habitantes perdieron la fe y otros imploraron a San Roque como protector divino de la epidemia. Tras unos meses de incesantes muertes, la epidemia fue cesando paulatinamente y con ello disminuyeron los fallecimientos producidos a causa de la peste, gracias a la intercesión del Santo. Llegamos al 25 de julio de 1.582 cuando el Cabildo de Lopera reunido en su Casa Consistorial acordó hacer Voto a San Roque al haber cesado la epidemia de peste que azotaba la villa. Asimismo se acordó celebrar en lo sucesivo este día con gran solemnidad y en este mismo año se constituía en Lopera una cofradía en honor a San Roque. A partir de este momento se puede decir que San Roque se quedó para siempre en los corazones de los loperanos  y se entregaron a su culto y oración con  la edificación de nueva planta de una ermita en su honor. Muchos problemas rodearon el levantamiento de los muros de la ermita en la que colaboró todo el pueblo en general y en la utilización de la misma ya que carecía de Licencia Real y durante un tiempo estuvo cerrada. Tras muchos desvelos por parte de los señores del Concejo de Lopera, el propio Rey Felipe II va a conceder Licencia Real  expedida el 23 de agosto de 1.596 para que el pueblo de Lopera pudiera usar la ermita de San Roque, la cual habían levantado en su honor y como protector de Lopera, al liberar la localidad de la epidemia de peste. Los santos antipeste más invocados eran San Sebastián, San Roque y San Nicasio. La advocación a San Sebastián estaba extendida por toda la Diócesis de Jaén. San Roque tenía su culto al sur de ella, principalmente en las tierras de la Orden de Calatrava (Arjonilla, Lopera, Torredonjimeno) y la comarca de Jaén (Torredelcampo, Jaén Villardompardo), lo mismo que San Nicasio. En Lopera se erigieron sendas ermitas en honor a San Sebastián y San Roque. Había muchas oraciones a San Roque impresas, que tenían al santo como elemento central y que eran recitadas con gran fervor por la población angustiada. Una de ellas se recoge en las siguientes estrofas:              

 "Contra el mundo, con espanto            

tan temprana guerra empiezas,            

que entre ayunos y asperezas,            

eras niño y eras Santo:            

¡Oh que feliz destino            

enseñaste a los mortales!            

líbranos de peste y males            

Roque, Santo peregrino.                      

Pídele a Dios, ya loores,            

 ser en la peste abogado,            

y si Dios te lo ha otorgado,            

 y herido de peste mueres:            

Oh Roque, patrón divino            

 de pueblos universales:            

 Líbranos de peste y males,            

 Roque, Santo peregrino.[2]        



[1] López Cordero, Juan A. (1996): Evolución poblacional de la villa de Lopera. Siglos XVI-XX. Actas VII Jornadas de Historia de Lopera. Cámara Oficial de Comercio e Industria de la provincia de Jaén. Pag. 42

[2] Aponte Marín, A. y López Cordero, Juan A. (2000): El miedo en Jaén. Diputación provincial de Jaén. Novena al glorioso San Roque, abogado contra las enfermedades epidémicas, precedida de un resumen de la vida del Santo, y al fin sus Gozos y unas fervorosas oraciones para implorar, por medio de la Santa cruz, el auxilio divino contra las calamidades de la peste. Madrid 1848. pág. 7-26

Algunas aportaciones para la Historia de la Cofradía de la Virgen de los Dolores de Lopera.

Algunas aportaciones para la Historia de la Cofradía de la Virgen de los Dolores de Lopera.

(Paso de la Virgen de los Dolores por la Calle San Sebastián, hoy Sor Ángela. Años 20)

 

Por José Luis Pantoja Vallejo -Cronista Oficial de la Villa de Lopera.

Desde hace algo más de una década sigo de cerca la gran labor que se está llevando a cabo en nuestro pueblo, por recuperar y dar realce a uno de los pasos de la Semana Santa Loperana, el cual hace su estación de penitencia, el jueves y viernes de la Semana Grande de Pasión, concretamente me refiero al de la Cofradía de la Virgen de los Dolores, que si duda ha ido “in crescendo” año tras año gracias al trabajo de un entusiasta grupo de cofrades.

Por más que he buscado en archivos, tanto locales, provinciales y nacionales, poco he podido rescatar de la historia de esta cofradía loperana, aunque mi ilusión por encontrar algo con que corresponder los desvelos por el tema de mi buen amigo, Cristóbal Merino Castillo, han tenido su fruto y aprovecho para darlos a conocer a través de las páginas de este boletín que afortunadamente edita cada año la Agrupación de Cofradías. Antes de adentrarnos en los mismos, he de hacer una salvedad y es que la Cofradía como tal debió de funcionar como mínimo en el siglo XVIII, pues en el Expediente de la Fundación de Escuadras y Cofradías (1) que se conserva en el Archivo Histórico Municipal de Lopera, aparece como Cofradía de la Soledad y es que en muchas ocasiones se solía nombrar bajo este nombre las cofradías en honor a la dolorosa. Sea como fuere el primer dato que he podido encontrar sobre el tema, está fechado el 7 de marzo de 1798, por el mismo tenemos constancia que la devoción a la Virgen de los Dolores en Lopera, se mantenía gracias a los desvelos de los Hermanos Fernando y Pedro Ruiz de Montilla, los cuales se dedicaban a recoger limosnas para hacerle a la Virgen de los Dolores un Septenario. Al final del documento se hacía constar que no funcionaba la devoción como cofradía o hermandad.

El segundo documento consultado, está fechado en Lopera a 15 de marzo de 1799 y se conserva, al igual que toda la documentación utilizada para este artículo, en los ricos fondos del Archivo Histórico Municipal de Lopera. El mismo, está en relación al anterior y hace referencia a las limosnas que se recogían en la villa de Lopera, con destino al Septenario y Novena de los Dolores de María Santísima, la cual estaba a cargo del presbítero D. Fernando Antonio de Céspedes. Otro dato que también aporta el documento son los bienes y productos que poseía esta devoción en Lopera y que eran los siguientes:


BIENES


  • Primeramente un huerto de nueve celemines de tierra en el sitio de la Silera, linde con otro de D. Rodrigo de Mesa.

  • Unas casas rienda en la Plaza de esta villa, linde con otras de María del Carmen Ruiz.


PRODUCTO


  • Producen estos bienes anualmente por quinquenio rebajados costos la cantidad de 110 reales de vellón.

Continua el documento diciendo que no tienen estos bienes más cargas que invertir su producto, con las limosnas que recogen de los hacendados de esta villa, en costear diez y seis misas cantadas con toda solemnidad en los días del Septenario y Novena a la Virgen de los Dolores y en las respectivas noches diez y seis sermones para beneficio espiritual de los pobres trabajadores y demás vecinos del pueblo. Así como en los Maitines, Vísperas y Procesión a la Virgen de los Dolores y para el consumo de la cera y derechos parroquiales, que se gastarán, incluido el adorno de la imagen unos cincuenta pesos anuales.

Por un tercer documento que hace referencia al auto sobre el “Testamento de Dª Ignacia de Hermosa y Espejo”, fechado en 1807, tenemos constancia que esta señora había dejado en una de las cláusulas de su testamento,” seis arrobas de aceite en especie para alumbrar la imagen de la Virgen de los Dolores que se veneraba en el Convento de Franciscanos Descalzos de Lopera y que esta última voluntad se hiciera cada año para siempre jamás y se entregase la mismas cantidad por los poseedores que fuesen del estacar y plantío de olivas que en este término era de su propiedad sobre el qual perpetuaba dicha memoria” (2). Según se recoge en el auto, desde la muerte de la testamentaria, ocurrida en 1803, no se había cumplido por parte de los herederos de Dª Ignacia de Hermosa, su última voluntad de entregar al Convento de Franciscanos Descalzos, las citadas seis arrobas de aceite para alumbra a la imagen de la Virgen de los Dolores, y por lo tanto ya se llevaban tres años sin hacer efectiva la entrega. Ante esta situación, Dª María de los Ángeles Alcalá, Sindica del Convento de Franciscanos Descalzos, protestó ante la justicia, la cual dictaminó lo siguiente: “que Don José de Lara, Administrador de los bienes de la consabida testamentaria, entregue al citado Convento de Franciscanos Descalzos de esta villa de Lopera las veinte y cuatro arrobas de aceite que debe de los tres últimos años a razón de seis arrobas por año y además pague treinta y siete reales y diez maravedíes que importaron las costas del citado auto” (3).

Como última aportación a este pequeño trabajo he recopilado gracias a la amabilidad y los testimonios orales de las loperanas, Jacinta Coca de la Torre y Manuela Torres Pérez, una oración popular dedicada a la Virgen de los Dolores, que se ha ido transmitiendo de generación en generación, con el fin de que no se pierda y siga formando parte de la historia de la Cofradía de la Virgen de los Dolores de Lopera.



ORACIÓN A LA VIRGEN DE LOS DOLORES


“Te acompaño en la calle de la amargura

Virgen de los Dolores, bendita y pura

no ves mi llanto

yo también madre mía padezco tanto.

He perdido el sosiego, la paz, la calma

en un mal de pesares vive mi alma

nadie se compadece de mis tormentos

sólo tu Virgen mía de lo que siento.

Por eso te suplico que desde el cielo

me prestes amorosa dulce consuelo

pues aunque el mundo tiene criaturas buenas

hay tantas que no entienden lo que son penas.

Mi corazón te llama, te necesita

no lo abandones nunca Virgen bendita.

Para vivir a tu amparo

quiero seguir tus huellas hasta el Calvario

y allí a tus plantas, llore y me aflija

pienso que eres mi madre y yo tu hija.”


NOTAS

(1) Archivo Histórico Municipal de Lopera. Sección Secretaría. Cultura. Expediente de fundación de Cofradías del año 1772. U. I. nº 220

(2) Ibidem. Sección Justicia. Juzgado de Paz. Expedientes y Autos Judiciales. “ Autos sobre el Testamento de Dª Ignacia de Hermosa”. Año 1807 U.I. nº 591

  1. Ibidem.

Censo de liberados de 1950

Censo de liberados de 1950

(Portada original del Censo de Liberados del año 1950) 

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El Cortijo como vivienda en el término municipal de Lopera.

El Cortijo como vivienda en el término municipal de Lopera.

Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de Lopera


De casi un centenar de cortijos y caseríos habitados a principios del siglo XX, con un montante máximo de casi 400 habitantes en 1930, hemos pasado en la actualidad a una decena de ellos habitados, con poco más de una veintena de habitantes. Basta darse un paseo por cualquiera de los caminos y carreteras del término municipal de Lopera, para comprobar que son muchas las construcciones abandonadas y otras de las que sólo quedan algunos restos de su construcción tras ser saqueadas por desaprensivos, un hecho este lamentable, que si nadie lo remedia en poco tiempo todo será un cúmulo de cascotes entre el inmenso mar de olivares. De aquí se desprende, que el cortijo loperano tenga un futuro incierto y tendente a su desaparición, salvo en casos excepcionales. Quizás su salvación para los pocos que aún se mantienen en pie, pase por su reconversión y rehabilitación como reclamo de turismo de interior, si bien en la mayoría de los casos esto es una utopía, dado la situación lamentable en la que se encuentran y se necesitaría una gran inversión para su acondicionamiento.

1.- Emplazamiento y orientación del cortijo loperano.-

No existen unos condicionamientos rígidos sobre su emplazamiento, si bien es habitual que estos se sitúen en los puntos más altos de las lomas (Casería del Cerro Peralta, La Albariza etc.) dominando gran parte de sus tierras. Otro condicionante más importante es el que impone la necesidad de agua, de aquí que casi la totalidad de los caseríos y cortijos loperanos, cuenten con uno o varios pozos de agua en sus inmediaciones (Casería La Sociedad, Cortijo el Morrón etc.). Aunque la posición de la vivienda es algo aleatoria, son muchos los casos donde la vivienda aparece lo más centrada dentro de la finca y en otros se va a desplazar buscando la cercanía de alguna de las vías de comunicación (Granja Santa Teresa, Los Pinos, El Cortijo Almazán etc.). En cuanto a la orientación es variable, generalmente se afirma que deben de mirar hacia el Este para defenderse del frío en invierno y para protegerse de las lluvias que generalmente vienen del Oeste. Si bien, en nuestra Comarca de Andújar los inviernos no son demasiados rigurosos, de tal manera que esto, no influye demasiado a la hora de plantear la construcción de un cortijo.

2.- Organización externa e interna del cortijo loperano.

Externamente se tratan de viviendas de una gran simplicidad arquitectónica, donde predominan los conjuntos austeros con superficies planas y lisas. En el término municipal de Lopera se pueden encontrar caserías o cortijos de una planta (Casería de La Sociedad), con dos plantas (Casería del Confitero) o de tres plantas (Cortijo Borrego o Villa Concepción. En cuanto a las decoraciones, suelen reducirse a un azulejo con la imagen de un santo (San Rafael, San Sebastián etc.) en otros casos aparece reflejado el nombre del cortijo (Villa Concepción, Villa Alvear etc.) y en otros se resalta los zócalos y esquineros de piedra con pintura (Consuegra, Peralta etc.). En todos suele resaltar el blanco continuo de la cal, que viene alegrar la visión, escondiendo a veces la pobreza de algunas de sus construcciones. Un elemento que se repite en las portadas son la abundancia de ventanas, imprescindibles para defenderse del calor y suelen corresponder con la cocina u otros lugares de habitación. En cuanto la estructura interna, son muchos los cortijos en los que el núcleo principal es una casa de patio cerrado más o menos compleja a la que después se le han ido añadiendo una serie de construcciones independientes, destinadas a diversos usos: ganado, cocheras para maquinaria etc. Dentro de las dependencias, el lugar principal de habitación ha sido tradicionalmente la cocina, que era donde se "hacía la vida" por las noches, especialmente durante el invierno, cuando las temperaturas eran bajas y no era posible la estancia en el exterior, las mismas suele aparecer en el cuerpo delantero del cortijo (Borrego, Montaner etc.) teniendo un gran tamaño y de forma rectangular. Junto a la puerta se encontraba la cantarera de obra o de madera, con los recipientes para el agua. A continuación, adosados a todos los muros libres, aparecen poyos corridos para sentarse (también utilizados como improvisadas camas para los trabajadores, cuando el cortijo no disponía de habitaciones), delante de los cuales se colocaban largas mesas de madera para comer. Sobre los asientos a unos dos metros de altura, había clavadas sendas filas de estacas de palo a modo de percheros para colgar enseres de todo tipo. El muro del fondo es el lugar asignado al fogón, siempre bajo la inmensa campana de la chimenea, este era el lugar donde la casera cocinaba, aunque también había costumbre de utilizar paja en hornillos de forma cilíndrica construidos con ladrillo ( Casería El Confitero).
Otra dependencia era la cuadra para el ganado caballar (mulos, burros et.) que se situaban en los cuerpos laterales ( Casería de La Sociedad) o bien en la parte trasera (Caserío El Cambrón) y constituían largas naves corridas o compartimentadas por tabiques de poca altura y con gran cantidad de pesebres, éstos podían estar adosados a los muros y hechos de obra (Casería de La Sociedad) o bien exentos formando largas filas divididas en comedores en forma cuadrada (Casería El Confitero). En cuanto al pajar o granero, éste solía estar junto a las cuadras o bien en segundas plantas o sobre las habitaciones de los animales, a las que se accedía por una escalera en el interior de éstas.
Otras dependencias casi desaparecidas en la actualidad, eran las zahúrdas, donde se criaban uno o varios cerdos para el autoconsumo (Casa Morales) o los gallineros, ya que en todos los cortijos o caserías era normal la cría de gallinas y pavos para abastecer las necesidades de los inquilinos del cortijo (Casería de los Plateros) o el caso de un palomar, donde se criaban multitud de palomos ( Cortijo de Borrego). Otra dependencia que conservan algunos cortijos son los mulares y estercoleros, que eran lugares donde permanecía el estiércol hasta que era esparcido por los campos como abono. Por último una de las dependencias más interesantes que tenían los cortijos eran los molinos de aceite y lagares, los cuales están prácticamente desaparecidos y como testimonio de los mismos todavía se conservan sus esbeltas chimeneas (Hacienda el Saetal, Cortijo El Morrón, Ascobat, etc.)

3.- Materiales y Técnicas utilizadas en su construcción.-

Comenzaremos por los muros, que durante siglos han sido de tapial, realizado amasando y apisonando la tierra con un poco de cal para darle más consistencia. También se utilizaba el adobe procedente de los tejares de Arjonilla y Bailén, que servía para perfeccionar los huecos de las ventanas y puertas. Y por último la piedra procedente de Porcuna y Montoro que se utilizaba para zócalos y esquineros. En cuanto al enlucido de las paredes de ha pasado del yeso, al cemento y arena. Lo que si ha permanecido inalterable ha sido el uso reiterado de la cal, como una herencia de la cultura musulmana y a la adaptación del blanco a los fuertes calores estivales. En cuanto a las cubiertas, suelen ser a dos aguas, con vigas de madera, con una inclinación de 45 grados y recubiertas con teja árabe, el empuje lateral se contrarresta mediante grandes tirantas de hierro, por encima de las vigas lo más corriente era que se colocase una superficie de cañizo, formada por cañas atadas con cuerdas de esparto y compactadas mediante una lechada de yeso. A veces el cañizo quedaba a la vista, pero casi siempre se enlucía con yeso o escayola, quedando sobre todo en las viviendas con un techo raso. La pavimentación, suele ser de ladrillo macizo. En algunas caserías aún se conserva un pasillo central empedrado con chinas pequeñas, que era utilizado para que las bestias pudieran pasar por medio de la casería sin resbalar hasta llegar a la cuadra. También hay pavimentos de cemento y algunos enlosados con terrazo. Las puertas suelen ser de una o dos hojas, según las dimensiones del espacio a cerrar y suelen tener también grandes cerrojos de hierro y aldabones de seguridad en el interior. Por regla general se pintaban de verde.. Finalmente nos haremos eco de otros elementos que conservan algunos cortijos como los molinos de viento (Cortijo Mari Santa, Granja Mª Auxiliadora) y la veleta, tan importante en toda sociedad agraria, además de tener un cierto valor decorativo (Cortijo de San José). Y no podemos olvidarnos de algunas heráldicas que presidían la entrada principal de los cortijos (Hacienda del Saetal) que fueron expoliadas hace unos años por unos desaprensivos.