La epidemia de Peste en Lopera en el Siglo XVI. Lopera implora a San Roque. | José Luis Pantoja Vallejo

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La epidemia de Peste en Lopera en el Siglo XVI. Lopera implora a San Roque.

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Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista Oficial de la Villa de Lopera

Antecedentes. La epidemia de peste del siglo XIV. 

Antes de hacer su aparición en Lopera la epidemia de peste en el último cuarto del Siglo XVI, hemos creído conveniente hacer una pequeña introducción de los efectos devastadores de la epidemia de peste negra en el siglo XIV, considerada como una de las más grandes catástrofes demográficas de la historia de la humanidad. Se calcula que desde el año 1.348 al 1.400 falleció entre un cuarto y la mitad de la población europea a causa de la “muerte negra”. Ahora sabemos que la enfermedad conocida como “muerte negra” era peste bubónica o peste negra, llamada así por las manchas oscuras que anunciaban su presencia.En la Edad Media, la población se defendía de las bacterias a través de su sistema inmunológico. Sin los medicamentos modernos, los anticuerpos eran prácticamente su única defensa contra las enfermedades, porque los medios para aliviarse eran escasos: la alimentación y la higiene personal era muy deficiente. En esa época eran comunes las epidemias, especialmente en los centros de población que comenzaban a convertirse en ciudades.El hacinamiento en las ciudades y su carencia de servicios como el drenaje o la recolección de basura, las hacían verdaderas incubadoras de enfermedades. El exceso de población, la contaminación de los pozos, la falta de organización sanitaria, las calles pobladas de cerdos y ratas, la invasión de pulgas, todo contribuía a extender los casos de tifus, disentería y gripe. Sin embargo, la peor de todas las epidemias fue la de la peste bubónica, una enfermedad contra la que los europeos del siglo XIV carecían completamente de defensas.La epidemia de peste fue efecto del crecimiento económico. Con el desarrollo del comercio europeo, los comerciantes genoveses y venecianos fueron a negociar hasta los confines del mar Negro y allí entraron en contacto con mercaderes de Asia. El germen de la peste llegó a Europa desde Asia, en los parásitos de ratas y pulgas que abundaban en los barcos que comerciaban con aquellas exóticas regiones.La “muerte negra” liquidaba a los pacientes después de uno a tres días de agonía, durante los que escupían sangre, deliraban y se llenaban de ronchas y tumores hasta del tamaño de un huevo. En esta época, los médicos creían tener alguna noción de cómo se contagiaba la enfermedad. Suponían que el aire viciado propagaba el hedor de los muertos y el mal. Por ello aconsejaban quemar hierbas aromáticas en las calles. Pero no sabían que era necesario eliminar a las ratas y la plaga de pulgas que se encontraba asociada con las primeras. La mayoría de los infectados eran pobres, que vivían en precarias condiciones de higiene y alimentación Las capas sociales superiores vivían si no con más limpieza, al menos con menor hacinamiento, fueron quienes menos padecieron.Otro de los graves problemas sanitarios fue el de los muertos. Pronto se acabó la madera para hacer ataúdes; los supervivientes apenas sepultaban a sus muertos, sin envolverlos en un lienzo siquiera, en fosas cavadas de prisa, a flor de tierra o cerca de mantos acuíferos que se contaminaban. Así los mismos cuerpos en descomposición permitían a su vez la proliferación de otros microorganismos, que contribuían a agravar la epidemia de la peste con otras infecciones asociadas.Las dimensiones de la catástrofe crearon la convicción de que la peste era un castigo divino por los pecados de la humanidad. Ante el terror inmenso que provocó este mal desconocido, se buscó la explicación en lo sobrenatural. La peste se consideró un castigo divino por los pecados de los mortales. En plena desesperación, se buscaron culpables y víctimas que calmaran la ira divina. Se dijo que los judíos y los leprosos habían envenenado los pozos y se desencadenó una ola de violencia contra ellos. Durante los años de la peste negra los alimentos escasearon porque en muchos lugares no quedaba quien cultivara los campos.  

La peste  llega a Lopera. 

Aunque de menor dimensión fueron varias las epidemias de peste que asolaron la provincia de Jaén a lo largo de la Edad Moderna, especial virulencia tuvieron las acontecidas en el siglo XVI como las de los años 1.523, 1.559, 1.564, 1.581, 1.582 y 1.583. La población en Lopera en los años de la epidemia de peste se cifraba en torno a los 2.250 habitantes y tras superarse la epidemia a principios del siglo XVII la población bajo a unos 1.600 habitantes[1] con lo cual queda patente que la epidemia de peste hizo estragos en la población. En Lopera la peste sacudió a su población en 1.581-82 causando estragos en la misma, algunos de sus habitantes perdieron la fe y otros imploraron a San Roque como protector divino de la epidemia. Tras unos meses de incesantes muertes, la epidemia fue cesando paulatinamente y con ello disminuyeron los fallecimientos producidos a causa de la peste, gracias a la intercesión del Santo. Llegamos al 25 de julio de 1.582 cuando el Cabildo de Lopera reunido en su Casa Consistorial acordó hacer Voto a San Roque al haber cesado la epidemia de peste que azotaba la villa. Asimismo se acordó celebrar en lo sucesivo este día con gran solemnidad y en este mismo año se constituía en Lopera una cofradía en honor a San Roque. A partir de este momento se puede decir que San Roque se quedó para siempre en los corazones de los loperanos  y se entregaron a su culto y oración con  la edificación de nueva planta de una ermita en su honor. Muchos problemas rodearon el levantamiento de los muros de la ermita en la que colaboró todo el pueblo en general y en la utilización de la misma ya que carecía de Licencia Real y durante un tiempo estuvo cerrada. Tras muchos desvelos por parte de los señores del Concejo de Lopera, el propio Rey Felipe II va a conceder Licencia Real  expedida el 23 de agosto de 1.596 para que el pueblo de Lopera pudiera usar la ermita de San Roque, la cual habían levantado en su honor y como protector de Lopera, al liberar la localidad de la epidemia de peste. Los santos antipeste más invocados eran San Sebastián, San Roque y San Nicasio. La advocación a San Sebastián estaba extendida por toda la Diócesis de Jaén. San Roque tenía su culto al sur de ella, principalmente en las tierras de la Orden de Calatrava (Arjonilla, Lopera, Torredonjimeno) y la comarca de Jaén (Torredelcampo, Jaén Villardompardo), lo mismo que San Nicasio. En Lopera se erigieron sendas ermitas en honor a San Sebastián y San Roque. Había muchas oraciones a San Roque impresas, que tenían al santo como elemento central y que eran recitadas con gran fervor por la población angustiada. Una de ellas se recoge en las siguientes estrofas:              

 "Contra el mundo, con espanto            

tan temprana guerra empiezas,            

que entre ayunos y asperezas,            

eras niño y eras Santo:            

¡Oh que feliz destino            

enseñaste a los mortales!            

líbranos de peste y males            

Roque, Santo peregrino.                      

Pídele a Dios, ya loores,            

 ser en la peste abogado,            

y si Dios te lo ha otorgado,            

 y herido de peste mueres:            

Oh Roque, patrón divino            

 de pueblos universales:            

 Líbranos de peste y males,            

 Roque, Santo peregrino.[2]        



[1] López Cordero, Juan A. (1996): Evolución poblacional de la villa de Lopera. Siglos XVI-XX. Actas VII Jornadas de Historia de Lopera. Cámara Oficial de Comercio e Industria de la provincia de Jaén. Pag. 42

[2] Aponte Marín, A. y López Cordero, Juan A. (2000): El miedo en Jaén. Diputación provincial de Jaén. Novena al glorioso San Roque, abogado contra las enfermedades epidémicas, precedida de un resumen de la vida del Santo, y al fin sus Gozos y unas fervorosas oraciones para implorar, por medio de la Santa cruz, el auxilio divino contra las calamidades de la peste. Madrid 1848. pág. 7-26

Martes, 27 de Febrero de 2007 10:39 Autor: José Luis Pantoja Vallejo. cronistadelopera #Cronista de Lopera. En tiempo pasado




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